Un molesto dolor del pie derecho, me acompaña en el tramo final del mes, soy víctima de la excesiva confianza en las marcas de zapatillas deportivas y mi factor de recuperación que no han funcionado en este caso, una semana después, sigo sin poder andar medianamente en condiciones.
Los ojos, sobre todo el derecho, no para de darme problemas de visión,es duro trabajar en estas condiciones en las que necesitas un sonido constante de fondo para evitar los acufenos y un goteo constante de suero fisiológico en los ojos para tener una visión medio decente.
He arreglado al menos en apariencia el atoro del fregadero. Me ha exigido una capacidad de concentración para lidiar con el olor,el agua desbordante y el limo putrefacto que residía en la tubería, cuyo diseño y fin sigo preguntándome hoy en día. Después de varios botes de bicarbonato, un par de botellas de vinagre, y un chupón para hacer efecto succión en la tubería, no me ha quedado más remedio que desenroscar tramos de la misma y vaciar su nauseabundo contenido a mano. Esta claro que debo hacer un mantenimiento con cierta regularidad para evitar estos momentos tan desagradables.
Ayer fui a recoger las últimas facturas del trimestre, el último día. A pesar del dolor del pie, hice el camino bien, hacia calor y la ciudad luce después de soltarse el yugo del enésimo evento. En el escalón que hace la separación de un escaparate de una afamada tienda de música, comía plácidamente su almuerzo un tipo extranjero con un aspecto que no podemos decir normativo pero que no desentonaba en nada con lo que se ve hoy en día.
La encargada o responsable de dicha tienda, con grandes voces y aspavientos intentaba desalojar con el escobón como quien desaloja a una rata o una paloma al inesperado visitante. El hombre, en cuestión se encogía de hombros, y le mostraba la comida con claros gestos de que sólo quería comer. La susodicha,seguía amenazándole con el escobón en una escena lamentable de lo chusca, seguí mi camino pensando en lo asqueroso del género humano.
Mi cliente, en el tono dicharachero de la pausa del mediodía, me habla de cómo perdió los dedos de la mano y el dineral en abogados para conseguir reconocida su minusvalía y como los buitres de la mutua emitieron en su día un informe de "franca mejoría" de una mano con falanges amputadas y sin posibilidad de cierre ni bloqueo. El asco profundo hacia los abogados de la mutua y el poco celo a la hora de defender del famosísimo laboralista, que se embolsó más de cinco mil euros por nada, hizo que se me revolvieran las tripas hacia un colectivo al cual, francamente, no le tengo ningún aprecio.
El pensamiento residente en mi cabeza a la vuelta, fue que nunca sería como ellos. En veinte años de profesión, he podido hacer cosas mejor o peor, pero nunca ir sacando y sacando dinero en una mala praxis que no conduce a nada. Eso sólo me augura no salir de pobre, pero tengo claro que el camino a la solvencia económica, no pasa por destripar familias.

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Este escrito deja una muy buena reflexión, ojalá muchas personas tomaran conciencia.
Me encantó la manera en como fuiste describiendo todo ya que pude imaginarme el escenario completo.
Saludos.
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