
De nuestro lado de la ciudad, el sol estaba resplandeciendo con fuerza, radiante y hermoso. Y hacia allá, hacia nuestro Cerro Ávila, llovía copiosamente. Sabíamos que la lluvia pronto nos alcanzaría.

Nubes cargadas, cielos completamente encapotados, el sol seguramente debía estar echando una siesta. A veces creo que hasta a él mismo siente que le quema su propio resplandor.

Y de pronto, la lluvia nos alcanzó. Poco a poco fue creciendo hasta parecerse a un árbol inmenso creciendo sobre los demás árboles. Vientos soplando de forma vertiginosa. Se nos venía acercando la noche triste y lluviosa, fría y sombría.

Ya retornando a casa, veíamos como los árboles eran batuqueados sin piedad de un lado a otro. Ellos, fuertemente enraizados, parecían esperar con resignación su suerte, tanto como los ancianos esperan la muerte. Sensaciones completamente vacías, carentes de emoción.
Y la lluvia crecía, crecía sin poder parar.
A lo lejos, un sendero de oscuridad, de inmensa soledad iba apareciendo ante nuestros ojos. Era como un camino perdido en lo infinito. Habíamos perdido la noción del tiempo; sin embargo, parecía no importarnos, era como si el mismo mundo hubiese detenido su marcha.


Todas las fotografías son de mi propiedad,
tomadas con la cámara de mi
celular Samsung Galaxy S8 Plus,
para ser utilizadas solamente en
la plataforma #Hive
Me cautivo tu relato, pude sentir el movimiento de los árboles. Bellas fotos.
Muchísimas gracias!!! 🥰 Me alegra que te haya gustado! Gracias de verdad!
Eso en mi tierra se llama un palonon de agua.
Jajajaja!!! Más o menos así fue!
Gracias mi bella!
😘😘😘
Me encanto, la lluvia lo cambia todo, hermosas fotografías, saludos