Les cuento que hace cerca de cuatro años, mi vecino tenía perros, llegó a tener en total siete, todos grandes y bien alimentados. Eso sí, no se podía pasar por el frente de su casa sin taparnos las narices, ya que el pobre hombre no tenía tiempo para limpiar la profundamente. Un buen día, los perros comenzaron a morir, uno tras otro, los vecinos comentaban que se trataba de una peste, porque también fallecieron otros perros de calles aledañas a la nuestra en ese mismo tiempo.
El vecino se deprimió demasiado, no encontraba qué hacer con tantos perros muertos, porque para colmo, el servicio de recoger desechos sólidos tenía tiempo sin pasar, entonces uno a uno los cargó en unos sacos y se los echó al hombro, nadie lo quería montar en su carro, ni siquiera los autobuses, y tuvo que caminar varios kilómetros hasta que encontró un terreno abandonado y allí los dejó.
De los siete perros sobrevivió uno, el más dócil de todos, entonces mi vecino, como buen amante de los animales, vio un día a una gatita en la calle y la adoptó, al poco tiempo adoptó otra y otra, hasta llegar a un número indeterminado de gatos:


Debido a la gran cantidad de gatos que tiene el vecino, muchos habitantes de la urbanización se han enemistado con él, porque le exigen que tenga a sus gatos en su casa, pero esto es "Misión imposible", ya que no es fácil mantener a los gatos encerrados.
En mi caso, opté por buscar una salida al problema, que no me causara enemistad con el vecino: Adopté un perro.
Yo tenía años sin tener mascotas, pero como mi vivienda es de diseño abierto, porque soy claustrofóbica; los gatos estiraban la pata sin mucho esfuerzo y ya estaban en mi casa, no solo viendo qué conseguían en la cocina, sino durmiendo y lo peor de todo: Tomaron el jardín de mi casa como baño particular, y resulta que un día llamé a un amigo para que revisara la lavadora, que estaba presentando una falla con la parta de exprimir, y mi amigo me dijo que no podía trabajar por el olor a caca y a orine de gato que había en la casa.
La verdad es que yo no sentía esos olores, probablemente, ya me había acostumbrado a ellos. Así que sin pensarlo dos veces, como dice la canción de Guillermo Dávila, adopté a una perra callejera, cuya madre detesta a los gatos. Así que dije para mis adentros: "Ojalá que se parezca a su madre".
Bueno, el asunto es que mi perra superó a su madre. Creció mucho y detesta a los gatos. Al punto que los persigue hasta por los techos:

Nota: Esta es la primera vez que publico en esta comunidad. Espero que este post sea válido. Saludos a todos. Todas las fotos son de mi propiedad, tomadas con mi teléfono Redmi A3.
Sending you some Ecency curation votes!
Thank you.