"A veces, la ayuda más grande no es un manual de instrucciones, sino el respeto por el proceso del otro."
Qué valiosa es esa frase amiga, es muy fácil resolver la vida de otros, cuando no estás en sus zapatos. Sólo cada quien sabe lo que vive y cómo lo vive y sí, tenemos derecho de tirarnos a llorar las veces que sea necesario, eso nos ayuda a soltar todo lo que llevamos dentro. No existe nada más liberador que darle rienda suelta a lo que sentimos y pues, ya luego recogeremos los pedazos y armaremos lo que quedó, para levantarnos e intentarlo otra vez.
Estoy segura de que tu amiga se preocupa y tiene buenas intenciones, es sólo que a veces, desde afuera, no somos capaces de ver hasta dónde "apoyar" y de qué manera.
Lo que cuentas de la entrevista de trabajo hasta a mí me llenó de esperanza, pienso que aún es una posibilidad, pero entiendo lo que es la espera en estas circunstancias, además de la incertidumbre, que exaspera, porque no es igual esperar con certeza, que esperar por un quizás.
Me alegra que hayas utilizado este espacio para drenar lo que sientes, siempre escribir es una buena terapia para el alma, y de este lado encontrarás quien te acompañe en los momentos difíciles.
A veces, todo lo que alguien necesita es sentirse escuchado, compartir lo que siente y sentir un abrazo.
Desde aquí te envío un abrazo enorme amiga, deseando que todo mejore y sobre todo, que tu paz sea tu fortaleza.
Amiga bella, qué valioso tu comentario. Me ha llegado al alma leerte porque has sabido interpretar exactamente lo que quise expresar. A veces, en el afán de querernos "salvar", las personas cercanas olvidan que lo que más necesitamos es espacio para sentir, para procesar y, como bien dices, para "recoger los pedazos" a nuestro propio ritmo.
Tienes mucha razón con lo de la espera: no es el tiempo lo que agota, sino la incertidumbre del "quizás". Es esa falta de certeza lo que drena la energía. Pero leerte me confirma que escribir aquí es, efectivamente, una terapia poderosa; no solo por el acto de drenar, sino por encontrar ecos tan empáticos como el tuyo.
Gracias por ese abrazo virtual y por entender que, a veces, solo necesitamos ser escuchadas sin juicios ni manuales de instrucciones. Valoro inmensamente tu compañía en este momento difícil.
¡Un abrazo enorme de vuelta y gracias por desearme esa paz!
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