
Después de visitar el templo de Karnak, parecía que cualquier otro templo iba a parecer demasiado pobre y... llegamos al templo de Lúxor. No es que fuera más bonito ni más impresionante que el primero, que es prácticamente imposible, pero desde luego no nos defraudó.
Mucho más pequeñito y menos ostentoso, el templo de Lúxor fue construido entre los años 1400 y 1000 aC por los faraones Amenhotep III y Ramsés II, y se dedicó a Amón, conocido como el dios del viento.
Como os expliqué ayer, el templo de Karnak estaba escoltado por numerosas estatuas de león con cabeza de carnero. Pues resulta que, este templo y el templo de Lúxor estaban conectados, pese a estar separados por más de tres kilómetros de distancia, por una espectacular avenida, conocida como la Avenida de las Esfinges, un increíble pasillo que en su día estuvo escoltado por más de 600 esfinges que hacían de este corredor uno de los lugares más impresionantes del antiguo Egipto.
En la entrada del templo, justo en los muros de la fachada, podemos encontrar seis estatuas de Ramses II y un obelisco que se levanta en medio de esta fachada. En un principio, debía haber dos, pero Mehmet Alí regaló el segundo a Francia a mediados del siglo XIX, con lo que, en la actualidad, este está situado en la Plaza de la Concordia de París. Un regalo que no tiene precio y que fue compensado con el regalo de una torre con un reloj que... nunca llegó a funcionar.




















