Un silbo apacible y delicado

in #cervantes2 years ago

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A veces suelo reprocharme mucho por mis errores, se me olvida que la vida está llena de equivocaciones, fracasos, dirán algunos. ¿Por qué lamentarse tanto por aquello que ya no se puede alterar? Puede ser un empeño en anhelar un curso distinto a lo que el futuro me dibuja. Se me olvida que sigo siendo libre hoy a esta hora, al igual que ayer, y esa libertad incluye la capacidad de pensar algo distinto.

Puede que una de las situaciones más terribles sean esas en las que se les permite a otros penetrar en nuestra mente y dejar que logren el propósito de herir de gravedad lo más interno. El corazón no es tonto, puede ser como un niño que corre a esconderse y grita “no me pegues”, y hasta es posible que en medio de esos gritos diga “te quiero” en un arranque desesperado por suscitar compasión.

El corazón es como un niño que no sabe defenderse y queda vulnerable, expuesto, entre el deseo de amor y la necesidad de protegerse.

Ámame cuando menos lo merezca ¿En qué momento deje de merecerlo? podría preguntar desde el fondo del abismo. ¿Hay alguien que no merezca amor? Solemos pensar que sí, que hay muchos que no lo merecen y solemos actuar en consecuencia. Las heridas claman por venganza, claman por ser reconocidas, quieren ser vistas, necesitan que sepan que están ahí, vivas, frescas… y mientras son escondidas se hacen más profundas.

Hay heridas de muerte que consumen lo interno, necesitan ser sanadas, no escondidas.

En el fondo del abismo no hay poder humano que cure lo que fue destruido y desechado como muerto. Solo queda una promesa, una que no puedes tocar o mirar, se origina en la misma voz que te dio origen, que permitió que tus ojos vieran esa primera luz. Son testigos los mares, los montes, y todos los colores del cielo, la belleza, ese poder que provoca el palpitar de la vida.

No importa cuántas veces uno se caiga, el amor de verdad dará otra oportunidad, te acogerá en sus brazos y te sostendrá, nunca cerrará su puerta cada vez que toques a ella… él siempre estará, siempre y siempre, hasta el fin de los días… Con una promesa así para qué voy a temer, es una promesa de amor real, y es a ese amor a quien quiero ser fiel, pues él no falla, no se agota ni se cansa, no hay oscuridad en él...

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“Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.” (1 Reyes 19:11-12)

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