Dos miradas breves sobre Kafka. Un viejo cuadro familiar

in #cervantes2 years ago (edited)
Dos miradas, breves, sobre Kafka y su Castillo.

“Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino a lo desconocido” con esta frase Amalfitano, personaje de Roberto Bolaño en la novela 2666, habla con cierta nostalgia de aquellas novelas gigantescas y laberínticas que nos abren nuevos caminos, abismos, a nuestros pies.
En vida Kafka nunca llego a publicar ninguna de sus novelas, quedando todas inconclusas y póstumamente publicadas. La obra del autor austriaco es torrencial, con diferentes lecturas e interpretaciones psicológicas, filosóficas y metafísicas a los símbolos empleados en sus creaciones. De todas ellas ninguna ha tenido tantas aristas y desencuentros sobre su significado como El Castillo, novela publicada en 1928. El libro tiene una trama confusa, revestida con ese encanto onírico propio de los sueños que tanto sabe recrear Kafka.

El personaje de K es llamado desde el Castillo para cumplir tareas como agrimensor (quien se encarga de medir la tierra). Cuando llega a la aldea después de un largo viaje —nunca especifican qué tan largo ni donde— se ve inmerso en problemas con los funcionarios para intentar aclarar sus atribuciones. Porque si es verdad que lo han contratado, nadie le especifica el trabajo a realizar, la gente de la aldea le muestra una fuerte antipatía y se ven incómodos en su presencia. A pesar de toda esta adversidad, se niega a volver al sitio de donde vino. Durante toda la historia intentará acercarse al Castillo por distintos medios para intentar encontrar respuestas de su situación, siempre viendo cómo se aleja cada vez más.

Un sello indiscutible de su autor son los personajes enrevesados, la atmosfera claustrofóbica que logra impregnar a cada uno de los intentos de K para dar salida en las circunstancias en las que se ve envuelto, así como pasajes de verdadero agobio emocional y encierro. Durante la novela se hace alusión al Castillo, como un sitio muy elevado, donde se realizan tareas arduas complicadas para siquiera plantearse comprenderlas. Es un lugar sagrado donde ningún personaje osa entrar. En un primer momento K es remitido a Klan, un funcionario de bajo orden que en raras ocasiones baja a la aldea. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, ni siquiera a una comunicación directa puede llegar nuestro protagonista, limitándose a establecer contacto a través de un mensajero. Un punto destacado en la novela es la despersonalización de los personajes; todos son aludidos únicamente por su condición: el mensajero, la mesonera, el funcionario. Esto es un recordatorio, sutil, de cómo dentro del Castillo, del sistema, no somos más que un puesto, una pieza del engranaje. En los personajes que cumplen obligaciones en el Castillo subyace la dualidad; mientras en los actos oficiales son arrogantes y rígidos, en los actos no oficiales, se le revelan a K bajo su propio nombre y con un trato más benevolente y amable. Esta cara, más humana, no tendría razón de ser mientras trabajan en el Castillo. K es un reflejo de nosotros mismos, sujetos confusos y desesperados dentro de la gran maquinaria de la civilización. Intentando buscar una solución al problema de nuestra existencia, de nuestras obligaciones, siendo destinados a otras personas, y a otras personas, incansablemente, infinitamente. Un limbo insondable. De alguna manera, todos confiamos en el Castillo para que se resuelva lo más pronto posible.

A pesar de ello, la obra de Kafka no está reservada a una sola mirada. Muchos pasajes de la novela retratan la lucha de un hombre que no sabe de dónde viene (como nosotros), por eso el personaje de K no tiene un origen definido, que cree tener una idea de a dónde se dirige, pero sus intentos, su lucha desesperada, se ve reducida a la decepción bajo el peso de la incomprensión y la soledad. Viendo alejarse, no porque se mueva, sino porque se torna lejano, ese Castillo, esa meta inalcanzable. Viendo como ese sitio añorado, su propia esperanza, da vueltas, encerrándolo en un círculo. Cuando K se cree más seguro, que ha encontrado las leyes ocultas en el fondo, todo se da vuelta y se complica, dejándolo más abandonado, desamparado. Esta imagen de desolación, de incomprensión total, puede ser la lucha, ya no de K, sino de todos los hombres, de buscar ese lugar en donde todo es regido por reglas claras y desesperanzados al reconocer que ese lugar no existe en la realidad. Solo es un producto de nuestra esperanza. Por esta razón las personas de la aldea no desean reconocer las críticas que K hace sobre el Castillo, y aun así, desengañados, creemos ciegamente en él y lo volvemos a intentar. Es la rueda del destino humano.

Vivimos en una sociedad que ha divinizado el poder (lo que en su inicio era tan solo la administración de la sociedad) en su deseo de ser idolatrados también. Aún se cree que esos personajes en lo alto del Castillo son superiores a nosotros, algún tipo de dioses que nosotros mismos hemos glorificado. Nunca como K, nos preguntamos porque ha de ser así las cosas, que tanto hacen esos grandes funcionarios que no pueden hablar con la aldea, sino a través de mensajes de terceros. Solo cruzando miradas de reproche, despectivas, como concediéndonos un favor.

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Fuente: https://pixabay.com/es/illustrations/viejo-castillo-vintage-antigua-4801328/

Un viejo cuadro familiar:

Frente a la mesa del comedor de la casa de mi tío reposa una pintura sobre un viejo marco de madera; un paisaje natural; abedules gigantescos cercando un camino de piedra hasta una gran casa al fondo de una laguna. Es un cuadro muy antiguo. En todas las visitas que he hecho a su hogar siempre lo he visto allí, claveteado cerca de la ventana. Cuando mi madre enfermo visitaba con frecuencia a mi tío, y mi mirada, de manera involuntaria, se fijaba en el oscuro bosque rodeando la casa del cuadro. No lo hacía de manera consciente, me parecía que por el camino empedrado se oían los pasos silenciosos y tambaleantes de mi madre durante el insomnio, andando de puntillas, hasta llegar a un sitio tranquilo y calmado, cerca del agua. Durante las comidas en la mesa del comedor, mientras los comensales y mi familia conversaban, me sumergía en la imagen. Respiraba el olor dulzón de la podredumbre de las hojas marchitas, y me parecía ver, en una ventana de la casa, una figura esbelta. La serena paz del cuadro y mi vagar por su bosque se convirtieron en un refugio para huir de la voz exangüe de mi madre, ronca y agrietada, pidiendo ayuda apresada por el dolor de las migrañas. Buscaba extraviarme como los ludópatas en el torbellino del juego, como los desorientados que andan hasta olvidar sus pasos por las calles. Detrás de la mirada de mi pobre madre afligida en una cama, yo podía ver… como si hubiera una fina gasa entre nos, una figura sonriente, que me invitaba… desde lo alto de la casa del cuadro

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Fuente: https://pixabay.com/es/photos/oto%C3%B1o-casa-de-campo-casa-caba%C3%B1a-2021154/

PD: Tenía tiempo sin escribir. El semestre me tenía muy cargado, y ahora, por fin, tengo tiempo libre. En este post publico un ensayo, extendido, ya que había trazado unas ideas antes en alguno de mis post anteriores, y un escrito corto. Últimamente he estado viendo muchas películas y leyendo, tengo planeado hacer entradas con anotaciones o ideas que me hayan gustado de los largometrajes y lecturas que haya podido hacer. En cuanto al escrito corto, suelo garabatear una historia que a veces no da para más, y en otras ocasiones termina siendo un capullo de algo mucho más grande que utilizo en el futuro. La idea también es que se vea esa erosión y modificación constante del proceso creativo y dejar constancia de ello. Muchas gracias por sus virtuales lecturas.

Sort:  

Muchas gracias por su apoyo en mis publicaciones :)

El ensayo sobre El Castillo de Kafka, además de estar muy bien escrito, presenta un conjunto de reflexiones de mucha calidad y propiedad. Concuerdo con su interpretación acerca de la compleja relación con el poder y la indefensión del individuo frente a él.
Su relato, que creo haber leído en post pasado, es de una gran belleza y delicadeza, una mirada de aguda humanidad. Saludos, @poesiaemprica.

PD: Aunque sabemos que cuando Kafka nace, Praga forma parte del imperio austrohúngaro, me parece más adecuado considerarlo como escritor checo.

Muchas gracias, amigo. Si, sin embargo, siento que me falta alguna que otra lectura nueva; las obras literarias son muy complejas y albergan gran significado solo por el hecho de ser creadas por otro ser humano. El relato, si, es viejo pero lo he reeditado y dado un nuevo énfasis.
Gracias por el aporte de la nacionalidad de Kafka, y por estar atento siempre a mis escritos. Saludos, colega

Welcome back! Te leería pero me estoy acostando a dormir. Me alegra que volvieras. Mañana te leo, respóndeme para tener una notificación que me lo recuerde :)

Gracias, amiga, por la bienvenida. Espero la lectura. Un gusto

Traté de leer, pero después de tres párrafos me di cuenta de que no capto el tema. ¿Es como un review general de los trabajos de Kafka? Escribes de una forma bastante densa que me hace tener que leer todo cinco veces y aún así quedo perdida x)

Si, es un ensayo sobre el Castillo de Kafka. En la ultima parte del post hay una relato si quieres leerlo

Buen texto sobre esa gran novela de Kafka, saludos.