El tío Cleto | Relato

in Catarsis3 months ago (edited)

El coraje no es tener la fuerza para seguir, el coraje ya está actuando cuando no tienes fuerzas y sigues adelante.
Napoleón Bonaparte

Foto familiar editada por eliezerfloyd

Esta historia no comienza como la imaginé, ni termina como hubiera querido; pues la vida nos cambia en un abrir y cerrar de ojos, de manera tal, que no nos da tiempo de asimilar las cosas que nos van ocurriendo, mientras las historias se van entretejiendo en una maraña de acontecimientos.

Está basada en una historia real, cuyo personaje principal me llena de orgullo, por su valentía y coraje ante las adversidades más duras que un hombre pueda vivir. Con mucho aprecio, para Cleiver Oviedo.

✧✧✧

Veinte días después regresó al maizal, donde una tragedia familiar dejó marcada su vida para siempre. Nada volvería a ser igual, y solo esperaba que pasara la cosecha para abandonar definitivamente el cuido de aquella odiada parcela.

Cleto –así lo llamaban sus amigos– era un hombre culto y estudiado, había ocupado puestos gerenciales en distintas empresas importantes; sin embargo, por una secuencia de infortunados acontecimientos, había terminado cuidando una plantación de maíz, junto a su hermano y compadre quien hacía lo propio en la parcela contigua. Así se ganaban el mínimo sustento para sus familias.

Siempre habían sido muy apegados, pero la complicidad del día a día en la soledad de la retirada plantación los había unido mucho más, haciéndolos inseparables.

Todos los días cuando despuntaba el sol, luego de encontrarse en la casa materna y beber el caliente café que la vieja les guardaba, tomaban sus bicicletas y se marchaban rumbo a las respectivas fincas que cuidaban. Llegaban hasta un gran samán donde se bifurcaban las vías y cada uno tomaba su rumbo hasta media mañana cuando se encontraban en el centro de ambas plantaciones, donde había un viejo caney; y allí, entre conversaciones triviales, bromas y confidencias, degustaban las meriendas que les preparaban sus mujeres.

La mañana del 21 de septiembre amaneció lloviendo y Cleto se retardó en su salida. Más que el cuidado de la siembra, había algo que lo inquietaba, pero no lograba saber que era. Tomó su impermeable, se enfundó el machete en la cintura y partió en su bicicleta a casa de su madre; bebió su café con intranquilidad y le extrañó que su hermano no lo hubiera esperado como era su costumbre.

Pasó frente a la casa de él y tampoco estaba ahí. Supuso que debido a la lluvia se había ido hacia su parcela de forma apresurada, así que se encaminó hacia su lugar de trabajo, mirando de tanto en tanto hacia atrás por si lo veía venir.

El alma tiene formas de alertarnos cuando algo no anda bien, y la alarma de Cleto estaba sonando desde el instante en que se levantó de la cama

No había terminado de instalarse en su puesto de guardia, cuando sintió una fuerza inefable, que atrajo su atención hacia el caney que divide ambas parcelas. Lo miró desde lo lejos y comenzó a caminar hacia él con paso cada vez más apresurado. Su corazón latía aceleradamente y su mente estaba aturdida; podía escuchar el fluir de la sangre por sus venas y el palpitar de sus sienes cada vez más fuerte.

Desde la entrada pudo divisar la bicicleta de su hermano tirada entre la maleza, y a una orilla del caney vio los pies inmóviles de su hermano. El tiempo se detuvo en ese instante y percibió –en cámara lenta– como la fría brisa de esa mañana mecía los maizales.

Al salir del letargo, corrió hacia donde estaba el hombre aún consiente, y tratando de mantener la calma le preguntó: “Compadre, qué le pasó”.

- Me duele mucho el pecho y no tengo fuerzas para levantarme. Compadre, dígame si estoy muy pálido, porque si lo estoy, entonces estoy jodido.

Cleto, sin titubear le respondió: “No compa, yo te veo bien. Voy a la carretera a buscar ayuda para sacarte de acá”. Pero, nunca antes lo había visto tan blanco como una hoja de papel. Estaba aterrado de ver la muerte dibujada en el rostro de su hermano.

Corrió alrededor de 800 metros hacia la carretera, pero nadie pasaba; inmediatamente regresaba al caney pensando que en su ausencia su hermano moriría. Al verlo estable, volvía a la carretera a esperar el milagro de ver un transeúnte. Al ver disminuidas sus fuerzas, decide agotar la última energía cargando a cuestas a su carnal; pero en ese instante escucha a lo lejos el motor de una motocicleta, y lanzado gritos de auxilio corre nuevamente a la carretera y logra que el motociclista se detenga y lo auxilie.

Dios había escuchado sus suplicas y ahora su hermano iba camino al pueblo, mientras él regresaba en bicicleta lleno de temor e incertidumbre.

Si bien la tragedia familiar es triste, esta se transforma en agonía en un país, rico en recursos, pero sumergido en la absoluta miseria. Sin gasolina para trasladarse a la ciudad más cercana, con hospitales deteriorados y con recursos humanos limitados, sin insumos ni medicamentos. Solo un milagro podría salvar a los enfermos graves, aunque los familiares costeasen todo lo requerido por los médicos.

Por quince días Cleto no se movió del hospital donde finalmente habían logrado ingresar a su hermano, con diagnóstico de Infarto Agudo al Miocardio, que causó daños en el hígado, riñones y pulmones. Se requería atención en una Unidad de Cuidados Intensivos, pero no había cama disponible en todo el estado, ni en los estados vecinos.

Muchos familiares y amigos estuvieron prestando su apoyo, de una u otra forma; pero la mañana del décimo sexto día, miró a su amada madre como pidiendo que le echara la bendición, luego tomo la mano de su esposa que lo acompañaba, y mientras la apretaba fuertemente, se quedó dormido.

✧✧✧

Mientras un tumulto de gente se aglomera alrededor de la fosa, entre llantos, lamentos y recriminaciones, un hombre guarda distancia y silencio, con sus brazos cruzados y su mirada impávida e inexpresiva; está muriendo por dentro, pero debe mantener la calma y la cordura, como fortaleza y apoyo ante su anciana madre y sus familiares presentes. Es el tío Cleto.

--Texto de mi autoría E.Rivera--

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Un relato que te deja muy bien el suspenso, recetas muy bien la atmósfera @eliezerfloyd, y dejas recaer suavemente sobre el lector las conclusiones de los acontecimientos, hasta darnos un final a cuesta de nuestra imaginación. ¡Saludos!

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