Apresúrate Jone/ relato

in CELF Magazine2 months ago

Estoy en problemas. Si ese ruido fue la cerradura de una puerta significa que hay guardias en la casa. Si, es un hombre porque le oí silbar, adiós tranquilidad. Saco mi cuchillo y me escondo en un armario, dejando sólo una pequeña abertura para observar. Sólo tengo una oportunidad si el hombre viene desarmado y soy ágil y golpeo primero, debería ser suficiente para salir vivo de este aprieto.


De repente unos pasos acercándose a mí me hacen echar atrás, y contengo la respiración para no ser descubierto, abro bien los ojos, vuelvo a aproximar la cara hacia la rendija en busca de mi enemigo o de algún movimiento que me indique quien y donde está el que me acecha. Pero por más que lo intento no veo nada. Entonces, mi miedo se acrecienta con cada crujido de las pisadas sobre la madera, acompañado del chirrido de otras puertas. No puede ser, ¿hay más de uno aquí? si es así ¡soy hombre muerto!


De pronto, una serie de ruidos comenzaron a sonar en diferentes partes de la casa, me sentí perdido, tal vez era un grupo de 20 hombres armados hasta los dientes, que venían a custodiar la pieza por la que vine y que ya tenia en mi bolsillo. Sé que aún no se percataban del robo, porque de ser así el revuelo ya sería tremendo. Era más que evidente que mi suerte se iba a pique o mejor dicho a la mismísima mierda.


Cuando creí que mi fe se esfumaba recordé una entrada secreta que había descubierto en el pasillo, posiblemente si llegaba a ella quizá tendría una oportunidad, deduciendo que llegaría al sótano y allí podría escapar por la ventana que vi cuando exploré los planos de la propiedad. ¡Maldita sea! Espero que mi plan funcione, eso si no muero antes de un infarto.


Milagrosamente todo salió bien, logré salir de la casa y corrí por un terreno lleno de maleza, después de recorrer varios kilómetros casi con el corazón en la boca pude encontrar una carretera, juro que vi mi salvación cuando pisé el oscuro asfalto. Comencé a caminar un poco tranquilo hacia el este y noté que un gran camión se acercaba a mí, inmediatamente me quité la camisa y empecé a moverla haciendo señas para que me viera a tiempo y se detuviera, pero el conductor aceleró. Es lógico que lo hiciera la mala fama de esta zona lo obligaba actuar de esa forma, ya que muchos conductores han sido víctimas de atracos por grupos guerrilleros, por lo que muchos tienen miedo y prefieren evitar hacer paradas.


Cuando llegué al extremo de un puente vi un muro y me senté. Mientras descansaba me quité una de mis botas y qué alivio sentí, tenía la uña enterrada en la carne y el dedo parecía que iba a explotar de lo inflamado que estaba, pero no pude relajarme por mucho tiempo, porque mi preocupación volvió a aumentar cuando escuché ladridos, eran perros de búsqueda olfateando mi rastro. ¡Oh mierda!...


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Fuente

Corrí al costado izquierdo y me adentré entre los arbustos, empecé a cojear un poco, ni siquiera me dio tiempo para atarme los cordones y caí. Empecé a bajar y bajar, dando vueltas, golpeando mi cuerpo contra pequeñas piedras y todo el terreno accidentado, cuando por fin logré detenerme casi no podía levantarme, pero las ganas de sobrevivir y no permitir que me atraparan me hicieron sacar fuerzas y continuar. Más tarde sentí mi pierna un poco rara, y noté que estaba sangrando, me había hecho un gran corte y lo único que se me ocurrió fue hacer un torniquete con el cinturón.


Pasó aproximadamente 1 hora, el sol inclemente y los perros pellizcando mis talones me tenían agotado, no podía más, no sé cómo aún tenía fuerzas para dar pequeños pasos, de repente volví a la carretera y para mi sorpresa se acercaba un coche, crucé y me puse en medio esperando que esta vez ese conductor se apiadara de mí y en cuestión de segundos, me desvanecí. Recuerdo que dos hombres me cargaron y me metieron en el auto, estaba muy mareado y todo se volvió borroso, cuando volví en sí estaba en una pequeña sala de enfermería esposado a la camilla.


Para mi buena suerte sobreviví a mis enemigos, si me hubieran alcanzado estoy seguro de que me habrían abierto el estómago, depositado allí mi cabeza y lo habrían cosido. Pero para mí mala suerte, el auto que se detuvo era una patrulla con dos agentes, cuando encontraron mi cartera, se dieron cuenta de que yo era nada más y nada menos que Jone Vasco, más conocido como manos de seda, un astuto ladrón buscado en más de 6 países por robar millonarios, museos de arte y mafiosos.


Actualmente cumplo una condena de 45 años de prisión y esta pequeña historia es la última de mis aventuras por ahí, a partir de hoy mi vida se resume en estas páginas.

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Tú narrativa es de alta tensión, mostrando con detalles la situación hasta desvelar magistralmente el meollo de la trama. Me atrapó bastante, incluso lamenté que no fuera más largo.

¡Saludos @aremontilla!

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