Hello, friends of @holos-lotus.
Both philosophy and psychology tell us that we shouldn't suffer over things beyond our control, and so on. But what do they mean by "suffering"? In philosophy and practices like Buddhism, suffering stems from wanting reality to be different from what it is.

To understand it better, I looked up the definition from the Royal Spanish Academy (RAE). The RAE defines suffering as pain, pain, or sorrow. It's a correct definition, but it falls short. In my experience, suffering isn't just the initial pain caused by an event. It's the prolonged suffering that I choose by refusing to accept that event. It's pain for the sake of pain itself. In other words, this pain isn't always physical; it can be psychological.
Suffering doesn't stem directly from what happens to you, but from how you interpret it. Let's take a clear example: if you lose a job, the fact itself is that your employment contract ends. The suffering begins when your mind refuses to accept it and gets caught in a loop of complaints: "It's unfair," "It shouldn't have happened to me," "My life is ruined."
And all of this may be true, but what do you accomplish with it? Nothing. Nothing, if you don't take action with a cool and calm mind.

Not accepting what happens to you and suffering because of it is real suffering. The alternative isn't to avoid feeling disappointment, but to accept the fact calmly once the initial shock has passed and ask yourself, "Now what do I do?" The energy you spend complaining about what has already happened is the same energy you could use to update your resume, contact former colleagues, or train in something new. Sometimes, the real problem isn't losing your job, but honestly analyzing why you lost it, so you don't repeat those mistakes.
Here, it's crucial to understand a key difference. Accepting a fact is not the same as resigning yourself to it. Resignation is passive and bitter; it's giving up and saying, "There's nothing I can do." Acceptance, on the other hand, is active and liberating. It means looking reality in the eye and saying, "This is what it is."

That is the foundation of your freedom, because only when you accept where you are can you devise a realistic plan to get where you want. What happens may be beyond your control, but your reaction—whether you wallow in complaint or move forward with what you have—is entirely yours.
I have identified the true enemy. It is not the situation that afflicts me. The true enemy is the inner voice that insists, "This shouldn't be happening." That voice is what generates the resistance, frustration, and suffering that paralyzes me. Only when I silence that voice and stop fighting against what is already a fact do I regain control. I cease to be a slave to my frustrated expectations and become the architect of my response.

You can't always change a twist of fate, but you can stop banging your head against the wall of reality. Don't waste energy fighting what's already happened. That battle is lost before it even begins. Focus all your energy on working, right here in the present, to build the future you want. Use the resources you have now, however limited they may be.

And when you do this, you've already won the first battle.
Versión en español
Hola, amigos de @holos-lotus.
Tanto en la filosofía, como en la sicología nos dicen que no debemos sufrir por aquellos que no está a nuestro alcance y demás. Pero ¿a qué se refieren con el “sufrimiento”? En la filosofía y prácticas como el budismo, el sufrimiento proviene de querer que la realidad sea diferente a lo que es.

Para entenderlo mejor, busqué la definición de la Real Academia Española. La RAE define el sufrimiento como padecimiento, dolor o pena. Es una definición correcta, pero se queda corta. En mi experiencia, el sufrimiento no es solo el dolor inicial por un hecho. Es el padecimiento prolongado que yo mismo elijo al negarme a aceptar ese hecho. Es el dolor por el dolor mismo. O sea, no siempre ese dolor es algo físico, sino sicológico.
El sufrimiento no proviene directamente de lo que te sucede, sino de la interpretación que le das. Pongamos un ejemplo claro: si pierdes un trabajo, el hecho en sí es que tu contrato laboral termina. El sufrimiento comienza cuando tu mente se niega a aceptarlo y se lanza a un bucle de quejas: "Es injusto", "No debería haberme pasado a mí", "Mi vida se arruina".
Y todo esto puede ser cierto, pero, ¿qué resuelves con eso? Nada. Nada, si no pasas a la acción con una mente fría y serena.

No aceptar lo que te sucede y sufrir por eso, es el sufrimiento real. La alternativa no es no sentir decepción, sino aceptar el hecho fríamente una vez pasado el impacto inicial y preguntarte: "¿Y ahora qué hago?". La energía que gastas en quejarte de lo que ya ocurrió es la misma energía que podrías usar para actualizar tu currículum, contactar antiguos colegas o formarte en algo nuevo. A veces, el problema real no es perder el trabajo, sino analizar honestamente por qué lo perdiste, para no repetir esos errores.
Aquí es crucial entender una diferencia clave. Aceptar un hecho no es lo mismo que resignarse. La resignación es pasiva y amarga; es rendirse y decir "no hay nada que hacer". La aceptación, en cambio, es activa y liberadora. Significa mirar la realidad a los ojos y decir "esto es lo que hay".

Esa es la base de tu libertad, porque solo cuando aceptas dónde estás, puedes trazar un plan realista para llegar a donde quieres. Lo que sucede puede estar fuera de tu control, pero tu reacción (si te hundes en la queja o si avanzas con lo que tienes) es completamente tuya.
He identificado al verdadero enemigo. No es la situación que me aflige. El verdadero enemigo es la voz interna que insiste: "Esto no debería estar pasando". Esa voz es la que genera la resistencia, la frustración y el sufrimiento que me paraliza. Solo cuando silencio esa voz y dejo de luchar contra lo que ya es un hecho, recupero el control. Dejo de ser un esclavo de mis expectativas frustradas y me convierto en el arquitecto de mi respuesta.

No siempre puedes cambiar un golpe del destino, pero sí puedes dejar de pegarte contra la pared de la realidad. No gastes fuerzas en luchar contra lo que ya sucedió. Esa batalla está perdida de antemano. Enfoca toda tu energía en trabajar, desde tu presente exacto, para construir el futuro que deseas. Usa los materiales que tienes ahora, por escasos que sean.

Y cuando haces esto, ya has ganado la primera batalla.
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