That which is in our hands / Aquello que está en nuestras manos (eng-esp)

Hello, friends of @holos-lotus.

There are things that depend on us and things that don't. It seems obvious, and yet, we often torment ourselves with things whose solution is beyond our control. Hence this reflection.


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There is a clear and radical dividing line between two territories. On one side is what is in my hands. On the other, everything else. This is the most important difference I can learn. What I control are my thoughts, my decisions, and my actions. Period. What I can't control is absolutely everything else: what people think, the results of my efforts, the past, the weather, or pure luck.


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It seems simple, but it isn't. My mind constantly crosses that line. I lie awake wondering what a colleague might have said about me, whether a project will be as successful as I hope, or if it will rain tomorrow for an important event. That's the perfect recipe for anxiety. Anxiety is nothing more than the price I pay for trying to master a realm that isn't mine. It's when I surrender my inner peace, my energy, and my time to forces over which I will never have any authority. It's a bad deal. It's like trying to order the ocean with your bare hands: it's impossible, and I only end up drowning in the attempt.


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That's why I need to learn to let go. It has been very difficult, but I have managed to let go, to release everything that doesn't benefit me or that I can't resolve.

That is a conscious decision I have made.

When I realize that I'm dwelling on something I can't solve, I tell myself: "This is out of my hands." And I let it go. It doesn't mean I don't care. It means I accept my lack of control over it. Ceasing to tilt at windmills frees up enormous energy. That energy isn't lost; it's redirected.


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Because that freed-up energy is for the other part, the important part: fighting relentlessly where I can actually do something. If I have a problem that depends on my actions, there's no excuse for mediocrity. If my health is in my hands, I eat well and exercise. If a report depends on my work, I sit down and do it with maximum concentration and effort. If a relationship requires me to apologize for a mistake I made, I swallow my pride and do it. Here, in this territory of the controllable, is where I must be relentless. Here is where the struggle has meaning. Here is where my will is law.


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Life becomes simpler, though not easier, when I live by this rule. I no longer waste energy on the unchangeable and invest it all in what I can shape. In the end, my quality of life is not determined by what happens to me, which is usually beyond my control, but by how I respond to what happens to me, which is the only thing that truly belongs to me.


Versión en español


Hola, amigos de @holos-lotus.

Hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no. Parece algo obvio y sin embargo, muchas veces nos atormentamos con las cosas cuya solución no está en nuestras manos. De ahí que realice esta reflexión.


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Existe una línea divisoria, clara y radical, entre dos territorios. De un lado está lo que está en mis manos. Del otro, todo lo demás. Esta es la diferencia más importante que puedo aprender. Lo que controlo son mis pensamientos, mis decisiones y mis acciones. Punto. Lo que no controlo es absolutamente todo lo demás: lo que opina la gente, los resultados de mis esfuerzos, el pasado, el clima o la pura suerte.


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Parece sencillo, pero no lo es. Mi mente insiste en cruzar esa línea constantemente. Me desvelo pensando en lo que un compañero habrá dicho de mí, en si un proyecto tendrá el éxito que espero, o en si mañana lloverá para un evento importante. Esa es la receta exacta para la ansiedad. La ansiedad no es más que el peaje que pago por intentar dominar un reino que no es el mío. Es cuando entrego mi paz interior, mi energía y mi tiempo a fuerzas sobre las que jamás tendré autoridad. Es un mal negocio. Es como intentar ordenar el océano con las manos: es imposible y solo consigo ahogarme en el intento.


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Por eso, necesito aprender a dejar ir. Me ha costado mucho, pero heconseguido dejar ir, soltar todo lo que no me beneficia o no puedo darle solución.
Esa es una decisión consciente que he tomado.

Cuando me doy cuenta de que estoy dándole vueltas a algo que no puedo resolver, me digo a mí mismo: "Esto no está en mis manos". Y lo dejo ir. No significa que no me importe. Significa que acepto mi falta de control sobre ello. Dejar de luchar contra molinos de viento me libera una energía enorme. Esa energía no se pierde; se redirige.


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Porque esa energía liberada es para la otra parte, la importante: luchar sin cuartel donde sí puedo hacer algo. Si tengo un problema que depende de mis actos, no hay excusa para la mediocridad. Si mi salud está en mis manos, me alimento bien y hago ejercicio. Si un informe depende de mi trabajo, me siento y lo hago con la máxima concentración y esfuerzo. Si una relación necesita que pida disculpas por un error mío, trago mi orgullo y lo hago. Aquí, en este territorio de lo controlable, es donde debo ser implacable. Aquí es donde la lucha tiene sentido. Aquí es donde mi voluntad es la ley.


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La vida se vuelve más simple, aunque no más fácil, cuando vivo bajo esta regla. Ya no malgasto fuerzas en lo inalterable y las invierto todas en lo que sí puedo moldear. Al final, mi calidad de vida no la determina lo que me pasa, que suele estar fuera de mi control, sino cómo respondo a lo que me pasa, que es lo único que realmente me pertenece.

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muy buenas palabras, buen post


very good words, good post