El Viajero Inesperado / Unexpected Traveler

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El Viajero Inesperado

Hildemar dirigió su mirada a la pantalla del sistema de control de trayecto, el indicador le dejó ver que se había desviado de la ruta menos de sesenta centímetros, en los últimos dos mil kilómetros. Nada nuevo, esa misma lectura la había estado percibiendo desde hace dos días, y según la computadora pasaría al menos dos días más viéndola. En su opinión, debía ser sólo un error de del, aún deficiente, sistema posicionamiento del planeta.

Dos días del más frio y monótono paisaje inimaginable, habían garbado ya en su retina un, extrañamente gratificante, fondo casi negro, cual negativo, del infinito blanco que apreciaba al mirar por el cristal de la cabina de su remolcador.

Por momentos tenía la sensación de no estar yendo a ninguna parte, de sólo estar subido en aquella gigantesca máquina, que vibraba bajo sus pies, sin avanzar ni un milímetro; pero al ver cómo, ocasionalmente, una roca se asomaba sobre el blanco suelo, aproximándose, para luego quedar tras él, tras perderse a la derecha o izquierda de su cabina, se hacía olvidar, momentáneamente, la sensación de inamovilidad.

Hacía ya cuatro días, que la noticia de una nave robot de transporte de metales, siniestrada cerca del polo del planeta, había llegado a la Central de Rescate, poniendo en movimiento la maquinaria burocrática de los tasadores y planificadores, que tras conocer los pormenores del navío y su carga, y hacer las cuentas correspondientes, llegaron a la decisión de que era conveniente, poner a un solitario piloto de remolcador, a hacer un viaje de poco más de ocho días, de ida y vuelta, para traer los restos de la nave y su carga a la Central de Rescate.

Desde la proliferación de piratas, en las rutas de transporte de las minas del cuadrante delta del Brazo de Orión, la corporación tomó la decisión de pagar por el rescate de los embarques de paladio e iridio, y dejar como parte de la recompensa a los rescatadores, los restos de las naves y las cargas de otros metales como oro, platino y titanio, que pudieran venir en el navío.

Es así como toda una industria de empresas de rescate se formó, en los planetas deshabitados, próximos a las rutas de carga, los que estaban programados en las naves, para usar como puntos de aterrizaje, en caso de emergencia.

Dependiendo de las condiciones del planeta, y los recursos de la empresa rescatista, el rescate de la nave podía ser asignado a robot, que rápidamente se encargarían de desmantelar las partes aprovechables y cargarlas, junto a los metales que transportaba, en naves de trasbordo, que se encargarían de llevarlas a la central de rescate.

En el caso de GB343, un mundo congelado, en el borde menos transitado de la ruta, no se contaba con tantos recursos, en cambio se disponía de una superficie sólida, casi lisa, que se extendía por la mayor parte del pequeño mundo, lo que permitía a los remolcadores; máquinas transportadas por gigantescas ruedas metálicas, que se desplazaban por el hielo con gran facilidad y a un muy bajo costo, hacer el trabajo de forma eficiente y relativamente rápida.

La tarea de Hildemar, era tan simple como viajar, piloteando el remolcador, durante cuatro días, de ida, a la zona del siniestro, extender una plataforma de carga, bajo la estructura, y remolcarla de regreso a la central de rescate, durante otros cuatro días de trayecto.

Mientras el piloto permanecía en su inacabable contemplación del hielo, a mitad de su segundo día de viaje, los sensores de MATILDA, nombre que Hildemar le había dado a su remolcador, a manera de recuerdo, de una malhumorada y obesa tía suya, registraron la presencia de un objeto metálico incrustado en el hielo a menos de dos kilómetros al oeste de la ruta.

No podía tratarse de la nave, por más que se hubiese desviado de la ruta, no podía haber reducido el tiempo de viaje, además, según lo indicado por MATILDA, sus niveles de metales preciosos no eran tan grandes como para tratarse de una nave de transporte.

Hildemar, consultó a la central y le indicaron que no había ningún otro objeto reportado en su ruta, así que si era algo no reportado y se podía rescatar, lo haría también, a fin de cuentas, cualquier cantidad de Iridio o paladio, que no sea reclamada por el consorcio minero, era una buena ganancia, sobre todo porque como MATILDA era de su propiedad, el rescate sería personal, así que no tendría que compartir la ganancia con la central y sólo debería pagar la multa por el retraso que le ocasionaría en su trabajo principal.

Se desvió al oeste y recorrió los cortos dos kilómetros que lo separaban de lo que parecía en el radar, una nave de extraña apariencia, de la cual apenas una pequeña sección de la cola sobresalía del hielo.

Cuando estuvo a escasos diez metros del artefacto, se puso el traje hermético y salió del remolcador, se aproximó al objeto y se percato de que el hielo era más liso y resbaloso en aquella región, tal vez se trataba de una región bajo una onda cálida, lo que había ocasionado un leve deshielo, lo que expuso una nave sepultada por varios cientos de años.

Sin embargo, aquella ruta sólo tenía un par de cientos de años, así que no debía tener tanto tiempo aquí, pero la profundidad a la que estaba y el ritmo al que crece la capa de hielo, indicaba que debió estar sepultada por al menos unos novecientos años.

Hildemar decidió ignorar esto, y ponerse a trabajar, desplego una plataforma de transporte y usando el emisor de infrarrojos, excavó el hielo alrededor de la nave, que no era particularmente grande, inserto la plataforma por debajo de la capa de hielo y la enganchó a MATILDA.

Con un corto, pero ruidoso tirón, la gigantesca y malhumorada MATILDA, extrajo la congelada nave de su tumba helada, arrastrándola hasta que toda su longitud estuvo en posición horizontal sobre la capa de hielo.

Hildemar bajó nuevamente de MATILDA y se aproximó a la nave, cuya forma no reconocía en absoluto, —¿se tratará de alguna extraña nave alienígena? —preguntó para sus adentros. Su experiencia en el ejercito le enseño a reconocer algunas naves, tanto aliadas como hostiles, y aquella no parecía ninguna de ellas.

La cosa parecía una especie de cacahuate gigante, con un lóbulo más grande y ahusado que el otro, y con lo que a él le parecieron dos pequeñas alas delta, que sobresalían del lóbulo mayor, lo que indicaba que, a pesar de parecer una tecnología muy moderna, debía requerir de controles aerodinámicos, para moverse dentro de un medio fluido como una atmósfera.

La verdad era que, a Hildemar, la extraña nave, le parecía el proyecto escolar de un mal estudiante, que intentaba construir una especie de insecto mutante.

La curiosidad resultó demasiada y en lugar de retomar la ruta y averiguar después de que se trataba aquella cosa, decidió usar el emisor de infrarrojos y descongelarla para observarla mejor.

Después de varios minutos enfocándose sobre el lóbulo menor, el cual se le antojaba como la cabina de la nave, pudo asomarse a través de lo que parecía una gran claraboya de cristal azul, que sobresalía en lo que supuso era su parte superior.

En el interior se podía ver una especie de cabina con instrumentos, y en medio de la misma una suerte de capsula del tamaño de una pequeña cama, espacio suficiente para alojar al piloto de la nave.

Su cabeza se llenó de dudas, aquella cosa con su extraña apariencia en el exterior, se le antojaba demasiado humana en el interior, observó que la claraboya tenía un tirador en uno de sus costados con una reconocible señal de emergencia, grabada a su lado, así que haciéndose a un lado y agachando su cabeza, estiró su brazo y tiró de la palanca, sin emitir casi ningún sonido y como si fuese impulsada por un simple resorte, la claraboya apenas se levantó por un costado, dejando salir parte de la atmosfera interior del objeto que obviamente estaba a una mayor presión que la del planeta.

Hildemar levantó la claraboya y se deslizó al interior de la nave, pudo ver que era lo suficientemente espacioso como para que un humano se moviera cómodamente y al mirar la cabina, notó la presencia de un asiento frente a los instrumentos, como el que podía haber en cualquier nave humana, no había duda, de todas las formas de vida alienígenas inteligentes que él conocía, ninguna era humanoide, aquella debía ser una nave humana o de una especie desconocida.

Se aproximó a la cápsula, su superficie estaba totalmente cerrada, sin ningún tipo de ventana o abertura, que permitiera asomarse a su interior, en su superficie sólo había un panel con dos botones, de los cuales uno era claramente el de apertura.

Nuevamente, impulsado sólo por su curiosidad y no por su buen juicio, el cual parecía estar desactivado, oprimió el botón de apertura y dio un salto atrás. La capsula se abrió como si se tratase de un sarcófago, en su interior se encontraba un individuo enjuto, de piel amarillenta, calvo y completamente desnudo.

Observó por un momento al pequeño individuo y notó las branquias que se asomaban por su costillas, claramente era un humano, pero debía provenir de algún mundo acuático, tenía un rostro que se le antojo, casi gracioso, con una gran nariz y una boca diminuta coronada con un pequeño y raro bigote, sus ojos estaban cerrados, pero parecían estar apretados, como quien fruncia el seño y su calva cabeza se veía horriblemente decorada por dos grande orejas, casi puntiagudas.

Mientras lo observaba con atención, el individuo empezó a agitarse, abrió dos grandes ojos de un profundo color azul y empezó a toser violentamente y agarrarse la garganta, como haciéndole alguna incomprensible señal a Hildemar.

Fue entonces cuando se percato de la situación, el hombrecito se estaba asfixiando, rápidamente estiró el brazo y cerró nuevamente la claraboya, buscó en su cinto y estiró lo que parecía una bolsa unida a su traje hermético por una manguera, y la puso sobre la cabeza del hombrecillo, esperaba que asumiendo que era un hombre, su propia mezcla de gases no le resultara tóxica.

El individuo empezó a respirar más lentamente tomando grandes bocanadas de aire, poco después se puso de pie, y le indicó a Hildemar que caminaran hasta los controles, Hildemar lo siguió tan de lejos, como la manguera que los unía se lo permitió, vio que el individuo manipuló algo en el tablero y una vibración se extendió por la nave, como si volviese a la vida.

El pequeño individuo le hizo una seña levantando las palmas de sus manos, como pidiéndole que aguardara y luego de uno o dos minutos de silencio, se retiró la bolsa de la cabeza y se la extendió a Hildemar, quien la tomó con cara de asombro y la volvió a colocar en su cinto.

—Hola —dijo con una graciosa voz nasal que hacía juego con su extraña apariencia —. Mi nombre es Efraín Horodez, ¿Qué año es éste?

—Es el año ciento treinta tres, del septuagésimo milenio —dijo Hildemar incrédulo.

—Y según los instrumentos tengo mil doscientos años en este lugar —dijo, mientras manipulaba los controles —. Es decir que me transporte al sexagésimo milenio.

—¿Cómo que se transportó al sexagésimo milenio? —dijo Hildemar alarmado —. De donde vine usted.

—Lo único que le puedo decir mi arcaico amigo, es, saludos desde el año doscientos dos del nonagésimo milenio —dijo el hombrecillo inclinándose, como haciendo una reverencia —. Ahora si me permite, ¿puede salir de mi nave?, para poder cubrir mi desnudez.

Tras decir esto, y manipular algo en la consola, una portezuela se abrió en un lateral de la cabina y una escalinata se proyectó, hasta el helado suelo del exterior, el pequeño Efraín hizo un gesto indicando la salida a Hildemar, y luego pareció apurarlo a abandonar la nave, tocando su espalda, como si lo empujara.

Hildemar, boquiabierto por lo que acababa de presenciar, salió de la nave y se detuvo frente a ella a observar como la escalinata se retraía y la portezuela se cerraba. La nave vibró y pareció sacudirse el hielo restante, luego ante la impávida mirada de piloto de remolcador, se iluminó, se elevó lentamente unos veinte metros en el aire y tras una especie de chasquido metálico, desapareció, dejando sólo un extraño resplandor en el aire, parecido a una pequeña aurora, que desapareció a los pocos segundos.

Hildemar permaneció de pie viendo el cielo, en la dirección donde había desaparecido la nave, como esperando que algo más sucediera, pero tras unos minutos de incrédula observación decidió volver a abordar a MATILDA, de aquella extraña experiencia sólo le había quedad una historia que nadie le creería y una multa, por el retraso que le había causado su aventura, en el trabajo que se le había encomendado.

Texto de @amart29, Barcelona, Venezuela, julio de 2022

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Unexpected Traveler

Hildemar turned his gaze to the route control system screen, the indicator showed him that he had deviated from the route less than sixty centimeters, in the last two thousand kilometers. Nothing new, he had been getting that same reading for two days, and according to the computer he would spend at least two more days seeing it. In his opinion, it must be just an error of the still deficient positioning system of the planet.

Two days of the coldest and most monotonous landscape unimaginable, had already stitched in his retina a, strangely gratifying, almost black background, as a negative, of the infinite white that he appreciated when looking through the glass of the cabin of his tugboat.

At times he had the sensation of not going anywhere, of just being on that gigantic machine, which vibrated under his feet, without advancing even a millimeter; but seeing how, occasionally, a rock appeared on the white ground, approaching, and then remaining behind him, after getting lost to the right or left of his cabin, he momentarily forgot the sensation of immobility.

It had been four days since the news of a metal transport robot ship wrecked near the planet's pole had reached the Rescue Central, setting in motion the bureaucratic machinery of the appraisers and planners, who after knowing the details of the ship and its cargo, and doing the corresponding accounts, reached the decision that it was convenient to put a lone tug pilot to make a trip of just over eight days, round trip, to bring the remains of the ship and its cargo to the Rescue Central.

Since the proliferation of pirates on the transport routes of the mines in the delta quadrant of the Orion Arm, the corporation made the decision to pay for the salvage of shipments of palladium and iridium, and to leave as part of the reward to the rescuers, the wreckage of the ships and the cargoes of other metals such as gold, platinum and titanium, which might come on the vessel.

This is how a whole industry of salvage companies was formed on uninhabited planets near the cargo routes, which were programmed in the ships to be used as landing points in case of emergency.

Depending on the conditions of the planet and the resources of the salvage company, the rescue of the ship could be assigned to robots, which would quickly dismantle the usable parts and load them, together with the metals they were carrying, into transshipment ships, which would take them to the salvage center.

In the case of GB343, a frozen world, on the less traveled edge of the route, there were not so many resources, instead there was a solid, almost smooth surface, which extended over most of the small world, allowing the tugs; machines carried by giant metal wheels, which moved across the ice with great ease and at a very low cost, to do the job efficiently and relatively quickly.

Hildemar's task was as simple as piloting the tug for four days one way to the wreck site, extending a loading platform under the structure and towing it back to the rescue station for another four days.

While the pilot remained in his endless contemplation of the ice, halfway through his second day's journey, the sensors of MATILDA, the name Hildemar had given his tugboat in memory of a grumpy and obese aunt of his, registered the presence of a metallic object embedded in the ice less than two kilometers west of the route.

It could not be the ship, no matter how much it had deviated from the route, it could not have reduced the travel time, besides, as indicated by MATILDA, its levels of precious metals were not so great as to be a transport ship.

Hildemar, consulted the headquarters and they indicated that there was no other reported object on his route, so if it was something unreported and could be salvaged, he would do it too, after all, any amount of Iridium or palladium, not claimed by the mining consortium, was a good profit, especially since as MATILDA was his property, the salvage would be personal, so he would not have to share the profit with the headquarters and he should only pay the fine for the delay it would cause him in his main job.

He swerved west and traveled the short two kilometers that separated him from what appeared on radar to be a strange looking craft, of which barely a small section of the tail was sticking out of the ice.

When he was barely ten meters from the artifact, he put on his watertight suit and got out of the tugboat, approached the object and noticed that the ice was smoother and more slippery in that region, perhaps it was a region under a warm wave, which had caused a slight thaw, which exposed a ship buried for several hundred years.

However, that route was only a couple of hundred years old, so it shouldn't have been here that long, but the depth it was at and the rate at which the ice sheet was growing indicated that it must have been buried for at least nine hundred years.

Hildemar decided to ignore this, and get to work, deployed a transport platform and using the infrared emitter, dug out the ice around the ship, which was not particularly large, inserted the platform underneath the ice sheet and hooked it up to MATILDA.

With a short, but noisy tug, the giant, grumpy MATILDA extracted the frozen ship from its icy grave, dragging it until its entire length was horizontal on the ice sheet.

Hildemar climbed down again from MATILDA and approached the ship, the shape of which he did not recognize at all, - is it some strange alien craft? -he asked himself. His experience in the army had taught him to recognize some ships, both allied and hostile, and that one didn't look like any of them.

The thing looked like some kind of giant peanut, with one lobe larger and tapered than the other, and with what seemed to him to be two small delta wings, protruding from the larger lobe, indicating that, despite looking like a very modern technology, it must have required aerodynamic controls, to move within a fluid medium such as an atmosphere.

The truth was that, to Hildemar, the strange craft looked like the school project of a bad student trying to build some kind of mutant insect.

The curiosity proved too much and instead of resuming the route and find out later what that thing was about, he decided to use the infrared emitter and defrost it to observe it better.

After several minutes focusing on the minor lobe, which seemed to him to be the cockpit of the ship, he was able to peek through what looked like a large blue glass skylight, which protruded from what he assumed was its upper part.

Inside he could see a sort of cockpit with instruments, and in the middle of it a sort of capsule the size of a small bed, enough space to accommodate the ship's pilot.

His head was filled with doubts, that thing with its strange appearance on the outside, seemed too human inside, he noticed that the skylight had a handle on one of its sides with a recognizable emergency sign, engraved on its side, so stepping aside and ducking his head, he stretched out his arm and pulled the lever, emitting almost no sound and as if driven by a simple spring, the skylight barely lifted on one side, letting out some of the inner atmosphere of the object that was obviously at a higher pressure than that of the planet.

Hildemar lifted the skylight and slid into the interior of the ship, he could see that it was spacious enough for a human to move comfortably and when he looked at the cabin, he noticed the presence of a seat in front of the instruments, like the one that could be in any human ship, there was no doubt, of all the intelligent alien life forms that he knew, none was humanoid, that one had to be a human ship or of an unknown species.

He approached the capsule, its surface was totally closed, without any kind of window or opening that would allow him to peek inside, on its surface there was only a panel with two buttons, one of which was clearly the opening button.

Again, driven only by his curiosity and not by his good judgment, which seemed to be deactivated, he pressed the open button and jumped back. The capsule opened as if it were a sarcophagus, inside was a wiry, yellowish-skinned, bald and completely naked individual.

He observed the small individual for a moment and noticed the gills that showed through his ribs, he was clearly a human, but he must have come from some aquatic world, he had a face that he thought was almost funny, with a big nose and a tiny mouth crowned with a small and strange mustache, his eyes were closed, but they seemed to be tight, as if he was frowning and his bald head was horribly decorated by two big ears, almost pointed.

As he watched him closely, the individual began to stir, opened two large eyes of a deep blue color and began to cough violently and clutch his throat, as if making some incomprehensible signal to Hildemar.

It was then that he became aware of the situation, the little man was suffocating, he quickly reached out and closed the skylight again, he reached into his belt and stretched out what looked like a bag attached to his airtight suit by a hose, and placed it over the little man's head, he hoped that assuming he was a man, his own mixture of gases would not prove toxic to him.

The individual began to breathe more slowly taking in large gulps of air, shortly after he stood up, and indicated to Hildemar that they walk to the controls, Hildemar followed him as far away, as the hose linking them together would allow, he saw the individual manipulate something on the dashboard and a vibration spread through the ship, as if coming back to life.

The small individual signaled him by raising the palms of his hands, as if asking him to wait and after a minute or two of silence, he removed the bag from his head and extended it to Hildemar, who took it with an astonished face and put it back on his belt.

-Hello," he said in a funny nasal voice that matched his strange appearance, "My name is Ephraim Horodez, what year is this?

-It is the year one hundred and thirty-three, of the seventieth millennium," said Hildemar incredulously.

-And according to the instruments I am twelve hundred years old in this place," he said, while manipulating the controls. That means that I was transported to the sixtieth millennium.

-What do you mean, you were transported to the sixtieth millennium? -Hildemar said in alarm, "Where did you come from?

-All I can tell you, my archaic friend, is, greetings from the year two hundred and two of the ninetieth millennium," said the little man bowing, as if bowing. Now if I may, can you get out of my ship, so I can cover my nakedness.

After saying this, and manipulating something on the console, a hatch opened on the side of the cabin and a staircase was projected, to the icy ground outside, the little Ephraim made a gesture indicating the exit to Hildemar, and then seemed to hurry him to leave the ship, touching his back, as if pushing him.

Hildemar, dumbfounded by what he had just witnessed, stepped out of the ship and stopped in front of it to watch as the stairway retracted and the hatch closed. The ship vibrated and seemed to shake off the remaining ice, then before the undaunted gaze of the tug pilot, it lit up, slowly rose some twenty meters in the air and after a sort of metallic click, disappeared, leaving only a strange glow in the air, resembling a small aurora, which disappeared after a few seconds.

Hildemar remained standing watching the sky, in the direction where the ship had disappeared, as if waiting for something else to happen, but after a few minutes of incredulous observation he decided to return to MATILDA, from that strange experience he had only a story that no one would believe and a fine, for the delay that his adventure had caused him, in the work he had been entrusted with.

Text of @amart29, Barcelona, Venezuela, July 2022


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