La mentira

in Cervantes6 months ago


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Emigré con un amigo y esté al poco tiempo murió en un accidente automovilístico, no tenía valor para decírselo a su mujer y me hacía pasar por él escribiéndole desde el celular,

Un decidí regresar.

Llegué a mi país sintiéndome libre de caminar por las calles, sin pensar en que me pudieran deportar en cualquier momento, pues la pesadilla americana ya había terminado. Mis padres me abrazaron muy contentos, al llegar a casa.

-¡Gracias a Dios que ya llegaste, hijo. Bienvenido!

-¡Muchas gracias!

En la tarde, fui a visitar a la mujer de mi amigo, decidido a decirle la verdad, y así liberarme de ese cargo de conciencia. Sin embargo, al llegar a su casa, semejante sorpresa me llevé al verla con otro hombre.

-¡Amalia!

-¡Salvador, eres tú!

-Sí Amalia ¿Y ahora por qué estás tan nerviosa?

-¿Vino mi marido contigo?

-No, Amalia. Él se quedó allá.

-No le vayas a decir nada a Juan, yo le diré la verdad.

-¿De cuál verdad hablas?

-Cómo puedes ver, me junté con otro hombre durante su ausencia, y a él lo dejé de querer.

-¿Y tus hijos estuvieron de acuerdo?

-Por supuesto. Estos mis hijos, adolescentes ya, me dijeron que puedo hacer de mi vida lo que quiera; ellos no mostrarían ninguna inconformidad.

-Amalia, Juan ya no volverá. Te voy a decir la verdad, porque ya no puedo más.

-¿Qué pasa, Salvador? ¡Me asustas! Pasa, siéntate y cuéntamelo todo.

Después de decirle la verdad, Amalia enfureció, y con justa razón.

-¿Y por qué me lo ocultaste tanto tiempo? Hubiese querido ver su cuerpo para llorarle. ¡Darle sepultura aquí en su tierra!

-Él así me lo pidió.

El hombre que estaba con Amalia, la abrazó tratando de calmar su enojo.

-¡Amalia, tranquila mi amor! ¿Sabes lo que esto significa? Que ya no nos vamos a preocupar por decirle la verdad, sobre nuestro amor.

-Tienes razón, Adolfo, pero lo que más me duele es la mentira.

-Fue su última voluntad, mujer. Además, él ya no seguirá sufriendo la pérdida de sus padres, porque ya está con ellos.

-Y ya no va a sufrir la pérdida de su mujer, porque ya está con otro querer. Te amo, Adolfo.

-Y yo a ti, mi ¡Además ya hasta nos podemos casar! Y ya no viviremos solo en unión libre; la muerte de tu marido nos facilitó las cosas.

-¿Sí, verdad?

Me retiré confundido, pensando hasta dónde puede llegar una mujer infiel. Mi amigo Juan ya no está, y su ausencia es motivo de dicha para este par, que quiere casarse.

Saqué de mi bolsillo el celular de Juan, y lo tiré en el primer depósito de basura que hallé en la calle.

-Ya todo terminó, amigo Juan. Ahora estarás retorciéndote de coraje al saber que tu esposa, a quien tú no querías que sufriera tu muerte, no le importó hacerte sufrir al estar con otro hombre, y hasta cínicamente, planeaba cómo decirte la verdad. Y al enterarse de que te fuiste, pareció alegrarse, porque ya no le serás un estorbo para que viva feliz con él.

Un joven recogió el celular de la basura y se lo metió discretamente en su bolsillo, mientras yo me reprochaba a mí mismo.

-Y yo enviándole dinero haciéndome pasar por Juan, ¿por qué no pensé en mi futuro, ahorrando dinero para mí? O bien pude darle ese dinero a mis padres. ¡Qué torpe fui! Mira que prácticamente, me hice cargo de una familia que no era mía, partiéndome el lomo, mientras ella estaba con su nuevo amor.