El último trabajo

in Cervantes3 months ago

WhatsApp Image 2021-07-23 at 8.11.01 AM.jpeg
Foto tomada por mi

 

A Diego un ceramista, restaurador ya con muchos años encima, catalogado como el mejor del pueblo en las costas del inmenso mar, recién le habían diagnosticado cáncer en sus huesos, el dolor era a veces muy fuerte, pero este no era motivo para detenerlo en su trabajo diario.

Diego había restaurado grandes obras renacentistas en las principales ciudades de su país cuando era muy joven, y los andamios y la altura no era problema para él, no había estructura ni obra que sus manos no hubiesen tocado. Su ego era tan alto por haber obtenido merecidos premios por tan excelente y dedicado trabajos.

Esa tarde tomando un té y después de una larga conversación con su hija, había decidido (no a gusto) tener que dejar de trabajar, sus manos temblaban, y el dolor atacaba sin avisar, había decidido dejar 50 años de un maravilloso don a un lado para dejarse morir, dejar que una enfermedad le arrancara su exitosa vida llena de lujos, viajes, dinero, pero con la amargura de saberse abandonado por sus padres y por quien le había jurado amor delante de un altar.

Esa mañana el dolor era casi insoportable, pero recogía su taller para cerrarlo, renegando de la vida por lo que le estaba ocurriendo, con su característico mal humor en sus acciones y respuestas.

Cuando sintió la campanita de la puerta del negocio gritó.

-¡Está cerrado¡ ¡así que puede irse por donde vino¡

A lo que una dulce voz le respondió.

-¿Buenos días, es usted Don Diego? -lo que hizo que el gruñón artista levantara la mirada, y viera a una muy muy anciana mujer,

—Si soy yo, pero ya estamos cerrando, ya no acepto trabajos si fue por eso que vino, así que no puedo ayudarle, buenos días.

La anciana igual se acercó y dijo,

-Tengo un trabajo para usted, hace mucho que he querido traerlo pero no es hasta hoy que decidí hacerlo. Necesito me arregle a alguien que ha estado a mi lado desde que nací, decía mi madre, pero el tiempo y un incendio le hizo perder su belleza y quiero me lo arregle.

Colocando la anciana a un pequeño bebe en pañales de cerámica bastante dañado. A lo que Diego respondió con voz alta

–Le he dicho que NO, que estamos cerrados, además he restaurado obras de grandes artistas por todo el mundo, ¿cree usted que haré mi último trabajo a un pedazo de cerámica? -Y volteó a seguir en su trabajo cuando el dolor se afincó más en sus manos y sus piernas.

-Por favor, hágalo, es lo único valioso que tengo, sé que su valor no es físico, pero es quien me acompaña, alivia mis dolores y da luz a mi soledad.

Diego en un salto de rabia, tomó el pequeño bebé de cerámica y lo agarró para demostrarle a la anciana que un pedazo de material no era capaz de aliviarla, en ese momento que quiso tomarlo su peso era tal que no podía levantarlo, a lo que la anciana se acercó y beso al bebe diciendo:

-Ahora debes estar aquí ya vendré cuando estés nuevamente restaurado -y se marchó.

Diego trataba de mover la pequeña pieza de unos 9 centímetros sin conseguir hacerlo siguió recogiendo su taller, cuando la nostalgia conjugada con ira se apoderaba de él, vio al bebe ahí y empezó a hablar con él.

-No sé qué haces aquí, pero si lo que quieres es que te restaure lo haré, y así podrás irte

Diego buscó su maleta con pinceles pequeños, y empezó a limpiar, lijar, con sus manos temblorosas y llenas de mucho dolor, pintaba y mantenía una conversación con él contándole como se sentía, como sus días de niños y adolescente habían sido duros, pero luego la vida le devolvió todo con éxito y una hermosa hija que tuvo que criar solo, a medida que restauraba su rostro y los golpes le dijo.

-Sé que eres una simple figura, pero representas a quien según muchos fue el mayor ser humano sobre la tierra

En ese momento la figura recobró su peso, pudo moverla y cargarla, lo cual lo llenó de asombro con sus manos más calmadas devolvió a esa pequeña pieza maltratada por el pasar de los años un nuevo aire, una nueva cara.

Su cansancio ya estaba al límite, pero aún faltaba colocar el barniz, Diego tomó todo se fue a su habitación y le dijo:

-Has sido mi último trabajo, nunca había tenido que dibujar una sonrisa de niño ni ojos inocentes llenos de seguridad y ternura, nunca creí en nada sobrenatural, pero hoy has venido a casa, tocaste la puerta y te dejé entrar, siempre quise ser arropado y arrullado por mis padres pero hoy lo haré yo para ti.

Diego tomo la pequeña figura aun mojada por el barniz y la coloco en su pecho, justamente cuando en su rostro se dibujó una sonrisa llena de paz y salió su último suspiro