La palabra más larga de mi infancia (Relato corto)

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La palabra más larga de mi infancia

No sé en qué momento tuve conciencia de las cosas, pero mi vida empieza con los recuerdos de algunos momentos que me han acompañado desde que nací. Recuerdo que cuando era apenas una niña, mi mamá llegó llorando a la casa y se dirigió al cuarto. Detrás de ella, venía un señor con la cabeza metida, caminando despacio. Yo estaba sentadita dibujando en la alfombra de la sala. En la habitación duraron toda una vida. Cuando salieron, aquel señor se fue y más nunca regresó. Aquel señor era mi papá.

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Luego de aquello, madre y yo volvimos a la casa de la abuela. Aunque mamá lloraba mucho los primeros meses, poco a poco, como una lluvia que va pasando y solo garúa, fue dejando de llorar. No sé cómo mi madre tomó lo que quedaba de ella y lo volvió a ensamblar para salir adelante. Eso que quedó de ella, era callado, ausente, gris. Salía a trabajar diariamente, de sol a sol, y mi abuela se quedaba en casa cuidándome, jugando conmigo, ayudándome con las tareas. En esa época le pedía a Dios ver a mi madre antes de dormirme.

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Un día, estaba yo haciendo la tarea y mi madre volvió a entrar a la habitación llorando y ahora era mi abuela la que iba detrás de ella. Tuve un deyavú. Al igual que en el pasado, madre y abuela pasaron siglos en la habitación. Abuela salió, pero madre más nunca lo hizo. Madre estaba enferma y más nunca volvió a pararse de la cama. Éramos nosotras, abuela y yo, las que entrábamos a verla. Aunque veía a mi mamá cada noche, sentía que cada día ella menos me veía. Hasta que tuve la certeza: madre cerró los ojos definitivamente.

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Ese pasaje de mi vida fue duro, pero tenía a mi abuela. Abuela se convirtió en todo lo que me faltaba y quería. Un día la encontré llorando frente a una de mis tías y mis ojos de niña, acostumbrados a las despedidas, lo entendieron todo. Al igual que en las oportunidades anteriores, no tuve oportunidad de decirle a la abuela que se quedara, pero tampoco de decirle “adiós”.

HASTA UNA NUEVA OPORTUNIDAD, AMIGOS

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Hermoso y conmovedor relato sobre el profundo sentimiento de la pérdida de los seres queridos cimientos de nuestra vida. La madre y la gran madre, como traduce la palabra en inglés para nombrar a la abuela, nunca podrán dejar de ser las sentidas referencias del refugio vital. Gracias y saludos, @nancybriti.

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Creo que si hay una experiencia que marca es la de la pérdida de los seres queridos. Como decía Vallejo: son golpes como de la mano de Dios! Saludos y gracias por el apoyo, @josemalavem