CLEOPATRA VII

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CLEOPATRA VII



     Esta Cleopatra (por mejores señas Cleopatra Filopatro Nea Thea), era una seductora de para qué te cuento. Primero le tumbó todas las empalizadas a Julio César y después a Marco Antonio volviéndolos loquitos de amor por ella. Y no negará usted que para arrodillar a dos emperadores romanos había que tener un gran encanto.

     Se habla mucho de su belleza física; pero eso han tratado de desmentirlo algunos envidiosos que, por ser feos, seguramente, le niegan tales encantos a la famosa reina de Egipto. Aunque Plutarco, que era un ensayista, historiador de la época, biógrafo de Julio César del cual echa los chismes completicos, asevera en sus escritos que Cleopatra no era hermosa nada, sino bien arregladita. Pero no niega que fue una mujer muy inteligente e instruida, lectora en la biblioteca de Alejandría, y que tenía una exquisita personalidad, una voz encantadora y un discurso diáfano que podía pronunciar en varios idiomas, porque, además del griego y el egipcio, la jovencita se comunicaba perfectamente también en hebreo, en árabe, en etíope, en latín y hasta en pahlavi, que, como usted bien sabe, era el idioma que se hablaba en el Imperio parto. Y no llegó a hablar inglés porque para eso requería vivir hasta el siglo V de nuestra era y ella vivió solamente desde el año 69 hasta el 30 a. C.

     El cuento de esta dama es curioso desde el primer momento. Cuando tenía once años de edad se fue a Roma con su padre Ptolomeo XII que era rey de Egipto. Salieron huyendo porque su hermanita Berenice IV, que quería ser reina costara lo que costara, le dijo al rey usted se me va de aquí si no quiere que le tumbe la cabeza de un machetazo. Y en esa locura mató a su marido y de paso mató a su propia madre.

     Después el rey destronado volvió a Egipto y le dio su tatequieta a la hija. Ahí fue cuando Cleopatra se dio cuenta de que aquello era un nido de escorpiones y que no se podía confiar de nadie.

     Cuando en el año 51 a. C. muere el rey, la joven Cleopatra asume el trono de Egipto a la edad de dieciocho años; pero había un “pero”. Conforme a la ley tuvo que casarse con su hermano Ptolomeo XIII, que tenía diez años de edad. Y entonces el muchachito dijo que el rey era él y Cleopatra tuvo que poner pies en polvorosa nuevamente y se fue a Siria para salvar el pellejo.

     Circunstancialmente, Julio César llegó a Egipto siguiéndole los pasos a su enemigo. Y Cleopatra, dice Plutarco, ideó un plan genial. Oculta en un saco donde se carga la ropa de cama, con ayuda de una sirvienta y de Apolodoro, entró inadvertida al aposento de Julio César y aquí estoy si no me has visto, papacito.

     Ah, pues, Julio César que era un gato viejo de 52 años de edad se dijo que bienvenido ese ratoncito tierno. Él la restituyó en su trono. Y ella le parió un hijo que llamaron Cesarión, es decir, pequeño César, lo cual puso a los romanos como sapo llevando sol, porque ¿cómo es eso?, se preguntaban; Julio César no tiene otros hijos varones, está casado con Calpurnia y corrían el riesgo de que Cesarión, que era un egipcio, pudiera, de repente, gobernar a Roma, porque el tal Julio César hasta una estatua de Cleopatra revestida de oro puso en el templo de la diosa de la vida Venus Genetrix.

     Para entonces César era el hombre más poderoso de Roma y hacía lo que le venía en gana. Y una cosa con otra generó la tragedia. En marzo del año 44 a. C. un grupo se senadores, entre los que destacaban Cayo Casio y Marco Bruto, le propinaron veintitrés puñaladas (sin contar la que entraron por el mismo hueco). Cleopatra, viendo que su vida corría peligro agarró a su hijo y patitas para qué las quiero. Se fue de Roma.

     Y entonces apareció en su vida el cónsul Marco Antonio, que era un militar romano, bien parecido, muy donjuán él; sobrino, por cierto, de Julio César.

          Marco Antonio andaba todo enrollado en una guerra contra Octavio Augusto allá en Egipto y obtuvo el apoyo de la reina Cleopatra. Se enfrentaron en la batalla naval y llevó duro, pero logró huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría donde estuvo trece años botando la baba por ella, tiempo durante el cual tuvieron tres hijos.

     Su enemigo Octavio había estado calladito esperándolo en la bajadita. Y en el año 32 a. C. Marco Antonio le pide el divorcio a su esposa Octavia, hermana de Octavio, para casarse con Cleopatra. Y esa fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de su enemigo y ¡cataplún! fue a enfrentarlo en Grecia, en una nueva batalla naval, donde lo volvió a derrotar.

     Encerrado en Alejandría, Marco Antonio pensó volver a la pelea; pero le llegó una noticia falsa diciendo que a Cleopatra la habían matado durante el asedio que le puso Octavio a la ciudad. Entonces el hombre, ciego de dolor, sacó su espada, la puso en el suelo con la punta hacia arriba y se le tiró encima; pero no murió en el acto. Ahí se enteró de que la noticia era falsa y algunos amigos lo llevaron hasta donde estaba Cleopatra vivita y coleando y llegó respirando para morir en sus brazos.

     Cleopatra estaba casi sin alternativa; pensó que tal vez podría seducir a Octavio; pero nanay, este hombre la odiaba. Así que, sin pensarlo mucho, le escribió una carta a Octavio rogándole que la enterraron junto a Marco Antonio y seguidamente se quitó la vida.

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Dibujo y texto de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas

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Enhorabuena. Has recibido apoyo The Creative Coin Fund.

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Selección manual de @jesuspsoto

Entretenido post , ajajaja ese toque de narración que le das es muy bueno y le da un toque gracioso ajaja.


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Gracias por tu lectura.

Agradecido por tus lecturas, Francisco.