El mago

in GEMS4 months ago


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El desván es un espacio para sentarse a leer mis historias, poemas, reflexiones y otras manifestaciones literarias, donde la realidad y la ficción se entrelazan dándole a la vida esa magia de lo indecible. Un lugar para soñar, reír, llorar, transportarnos a mundos, cercanos y lejanos, embarcados en la nave más rápida que se haya inventado: la imaginación.

El mago


 

-Una vez de tantas en las que incursioné en diversos negocios, un amigo muy ligado al gobierno me propuso que formáramos una empresa de suministros médicos, aprovechando que poseía buenos contactos en los departamentos de salud gubernamentales y que por lo tanto tendríamos al mejor cliente, aunque he sido algo alérgico a ligar la política con mis inversiones el reto me resultó interesante y no solo lo acepté sino que asumí las riendas de la dirección del mismo.

Todo resultó tal como estaba pautado, pero consciente de que los negocios sobreviven a los cambios de gobierno solo si no dependen del mismo, no me conformé, a pesar que este nos absorbía material, tiempo y dinero casi totalmente, a quedarme allí, sino que comencé a ofrecer nuestros productos a centros asistenciales y de salud privados, logrando en poco tiempo un buen porcentaje de ganancias y de posesionarnos del grueso del mercado.

Nuestra fortaleza, gracias a que muchos de estos insumos son importados, estaba en la celeridad con la cual lográbamos colocar los productos a circular, ya que nuestros contactos en el gobierno nos ahorraban un buen número de pasos protocolares que imponen las leyes aduaneras.

Hace una pausa para tomar aire y beb un sorbo de alguna infusión de color ocre que no pregunto que es.

Cuando la pausa se hace larga intento hablar pero con una señal me detiene.

Continúa su relato.

-En todos los centros de salud de la ciudad éramos los proveedores principales menos en uno, un hospital de mediano tamaño, cuyas necesidades tal vez eran pequeñas en relación a otros pero que ante la negativa de aceptar buena parte de nuestros productos se trasformó para mí en un reto.

Fui hasta allá y pauté una reunión con el director, quien gustosamente aceptó y para hacer menos formal esta lo invité a hablar del tema en un conocido café de la ciudad.

Hablamos de muchas cosas antes de ir directamente a lo que me interesaba que lo dejé para el final. Llegado el momento le expliqué de las ventajas, calidad, facilidad incluso en los pagos y celeridad con la cual trabajábamos.

Hace una nueva pausa buscando rescatar de su memoria el hecho.

-Supongo que lo convenció.

-Me contó la historia desde la fundación de la institución, de la cual era artífice, desde que era un pequeño consultorio médico hasta ahora, sin hacerme ningún comentario sobre lo propuesto, por lo que insistí y para mi sorpresa se negó a aceptar, las razones esgrimidas me parecieron absurdas aunque hoy no lo veo así.

Tuve la curiosidad de preguntar pero ya comenzaba a conocerlo y sabía que no lo dejaría allí, por lo que esperé.

-Su proveedor era un pequeño comerciante, que incluso en ocasiones nos compraba a nosotros, raramente le proporcionaba créditos pero eran clientes del mismo desde mucho antes de la fundación del consultorio, ya que tuvo contacto con el posterior director desde que este laboraba como médico en otro lugar, en ese entonces era visitador médico. Por esos azares del destino el hombre se independizó y se reencontró con su antiguo cliente y desde ese momento reiniciaron su relación comercial, pero mas allá de la fidelidad estaba la eficiencia con la cual este realizaba su labor, estaba presto para cualquier contingencia y siempre lograba conseguir lo que se necesitaba, lo que le ganó que le colocaran un sobrenombre, el mago.

En todos los años sirviéndole como proveedor al Instituto nunca en su vocabulario estuvo la palabra No puedo, muchos menos No tengo, se las ingeniaba, incluso en épocas de escasez o crisis para tener lo que le pedían y eso para ellos, era más importante que todo lo que yo le ofrecía.

Logré sin embargo para no castigar mi ego, proveerle algunas cosas pero nunca mientras estuve en la empresa, que al final vendí a mi socio cuando otros retos comerciales me incentivaron, logré desplazar o llegar cerca al viejo proveedor, a quien incluso en un ataque de impotencia, ofrecí comprarle su empresa y de forma elegante me respondió.

-Usted puede tener todas las empresas que desee, posee el dinero para ello, pero esto que hago no es solo mi trabajo sino también mi razón de vida, porque lo amo.

Sin imaginárselo, aquel sencillo hombre me enseñó con su actitud muchas cosas que me sirvieron para crecer como empresario y como ser humano.

  Extracto del Capítulo VIII de mi novela “El ingrediente”

Reseñado por @joseph1956 para



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