Sor Juana Inés: mujer y poeta en el siglo XVII

Con anterioridad, en esta plataforma, realicé un acercamiento a la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, donde abordo las características formales del libro de Octavio Paz Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe y prometo un acercamiento más minucioso a los planteamientos de orden psicológico que utiliza el autor -también otros analistas, según propio Paz- para intentar comprender la capacidad intelectual de Sor Juana Inés de la Cruz.

Si están interesados, pueden leer la introducción que hice sobre el propósito de revisar el texto mencionado.

Había adelantado que Octavio Paz trata de analizar desde variadas perspectivas la producción de la religiosa, intentando explicar su grandeza literaria, abordando el análisis de la obra de la poetisa desde la perspectiva histórica, desde el análisis formal literario y desde una perspectiva psicológica.

En la historia mexicana hay un lapso de tres siglos en el cual al territorio se le llamó Nueva España. A partir de ese tiempo la comprensión del ser mexicano considera la incorporación en mayor o menor grado de una cultura de impacto que rompe con las relaciones del mundo precolombino.


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Nueva España se fundamentó en un régimen de carácter patriarcal que, en su articulación específica, entrañó rivalidades entre diferentes poderes –económicos, políticos, religiosos-.
Estas porfías ocurrían entre los representantes de los diversos poderes y también sucedían a lo interno de cada uno de ellos.

En ese escenario nace Sor Juana Inés de la Cruz el 12 de noviembre de 1648.
Obviamente, en la representación de la figura de la mujer que se manejaba en la época estaban vedados para ellas la inteligencia femenina, el deseo de cultivarse y el derecho a manifestar las propias opiniones. Era así, sin otra consideración, para las mujeres en general, cuya única aspiración y función social debía ser la del matrimonio y la crianza de los hijos.

Sor Juana creció en ese ambiente (los analistas hacen mucho énfasis en la ausencia de su padre), pero no pudo reprimir sus ansias de conocimientos a pesar de la organización de su cultura. Los impedimentos sociales fueron su principal enemigo. Fue así para aprender a leer, para lo cual se valió de una treta, y para permanecer produciendo en el mundo de las letras, hasta que tomó la decisión de abandonarlas.

El reclamo que se le hizo a Sor Juana insistentemente y que la llevan a abandonar prematuramente la producción literaria se desprenden de su condición de mujer y de monja a finales del XVII. Así se lo hizo saber públicamente el obispo de Puebla. Después de que Sor Juana criticara de, manera privada, un sermón del reconocido predicador jesuita Antonio Vieira. El obispo de Puebla, Manuel fernandez de la Cruz, hizo publicar la crítica, bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz. En el prólogo de la pieza que se conoce como Carta atenogórica, el obispo le realiza una exhortación a la religiosa a abandonar las humanas letras.

La respuesta a esta exhortación es una extensa carta de la monja, conocida como Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Podemos, gracias a esa pieza, encontrar algo de información directa sobre su infancia. Se trata de una defensa que pretende demostrar que su presencia en las artes no es un capricho, sino un imperativo de vida y reclama, en ella, el derecho de educación para las mujeres.

El siguiente extracto nos enseña una escena de esa parte de su vida.

Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro, porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación las letras, que ni ajenas reprensiones que he tenido muchas--, ni propias reflejas—que he hecho no poca--, han bastado a que deje de segur este natural impulso que Dios puso en mí…

En esta imagen Sor Juana se nos presenta como una persona de gran entereza anímica que encontró la manera de realizar su impulso: Engañó a una instructora diciéndole que la mandaba su madre a que le diera lecciones. Aprendió, en el susto de ser sorprendida y de recibir por ello azotes, de manera muy rápida, acicateada por la consecución del conocimiento. Su estrategia fue privarse de los gustos infantiles y desechar la importancia de los atributos de lo femenino.

Empecé a desprender gramática, en que no creo que llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres -y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos midiendo hasta donde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer no sabía tal o cual cosa que me había propuesto desprender, en tanto que crecía me lo había de volver a cortar en pena de dureza. (…que no me parecía razón que estuviera vestida de cabellos cabeza tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno).

De este deseo del conocimiento surge, como una vía para permanecer en él, la posterior decisión de vestir los hábitos de religiosa. Para la época, las únicas opciones que tenía una joven instruida eran la permanencia en la corte, el matrimonio o el convento.
Por un tiempo de su adolescencia y temprana juventud, Sor Juana deslumbró con sus conocimientos, su capacidad creativa y su inteligencia a la corte del virreinato de Nueva España. Este período en la vida de la poeta merece un acercamiento más detenido que el que podemos darle ahora. Pero diremos que Sor Juana optó por el convento:

Entréme religiosa, porque, aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales) muchas repugnantes a mi genio con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y los más decente que podía elegir en materia de la seguridad de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros.

De estas justificaciones, que utiliza Sor Juana en su Respuesta a Sor Filotea, han tomado diversos autores los elementos para iniciar un análisis psicológico de ella. A mi juicio, llevados por la idea de que lo que aconteció en la en la infancia de Sor Juana, su amor por la verdad, su sed de conocimiento, su increíble capacidad para asimilar y recordar, solo podía explicarse por una causalidad que hubiese obstruido, perturbado, su condición femenina, masculinizándola, provocando de esta manera su aversión al matrimonio y su toma de posición en el mundo, Privilegio, preservado, por la cultura, en esa época, solo a los hombres.
Tal vez en otra oportunidad podamos seguir hablando de esta figura excepcional en la historia de la literatura que fue Sor Juana Inés de la Cruz.
Mientras tanto les dejo este poema que resume parte de lo expresado aquí.

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿en qué te ofendo cuando solo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
Ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades

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Gracias por su lectura

@gracielaacevedo

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Aprecio tu trabajo sobre Sor Juana, @gracielaacevedo. Dejando a un lado su obra poética, la conocida como Repuesta a Sor Filotea de la Cruz es toda una pieza de su rico pensamiento y de retórica barroca; de esa pieza uno de los aspectos que más me atrae es su contundente ironía. Un abrazo.

Gracias por tu comentario, @josemalavem. Ciertamente es fascinante el aspecto que anotas en la lectura la Respuesta a Sor filotea. Allí no queda más remedio que rendirse a su sorprendente inteligencia, a su conocimiento tan profundo del castellano, a su adornada elegancia y a la valentía de sus palabras .

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Es fascinante la vida y el mensaje de Sor Juana Inés De La Cruz. Me gustó mucho tu publicación. Yo tuve la oportunidad de ver la serie que habla de su vida en 7 capítulos y me pareció muy buena aunque fue criticada por un sector del llamado sorjuanismo. Son reacciones lógicas no todos opinan igual y una serie tiene siempre un enfoque comercial.

Gracias, mi querida @evagavilan, por tu sensible opinión. Creo que la figura de Sor Juana es tan compleja en su humanidad que agarró de sorpresa a los de su tiempo y a los del nuestro.
No he visto esa serie de la que hablas, pero ese es el sello de Sor Juana: hacer su vida lo mejor que pudo (y pudo mucho) sin dejarse inhibir por criterios ajenos. Parecía haber recibido de Dios esa gracia, como ella misma lo escribe.