Hesnor Rivera, Mas allá de los tiempos eternos

in GEMS24 days ago


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El parnaso venezolano tiene en Hesnor uno de sus mejores exponentes, la cadencia de sus versos nos embriagan en esa policromía lírica donde el espacio se hace un trozo de vida que desprende sensaciones y emociones que trascienden las huellas de su creador.

Nació Hesnor Rivera el 12 de julio de 1928 en "Maracaibo - la ciudad era un bosque/ con alas y tejidos de mariposa múltiple./ Un bosque echado sobre su propio vientre/ para beber salsas de rones / en los arcos alucinantes del lago." así la describió en un poema, pero vivió la nostalgia del mundo con la misma pasión que fue sinónimo de su locuacidad escrita, con la misma fiebre de una juventud eterna a la que le fue legando su sensibilidad eterna, su visión metafórica de una realidad enigmática pero certera.

Cuando no llegaba a los treinta se graduó en Letras en la universidad del Zulia, dicen sus viejos amigos que Chile fue la tierra de sus primeras inspiraciones y nostalgias, cuando entre 1949 y 1951 permaneció allá.

Siempre la desfachatez de la imaginación pobló ese submundo donde corría como chico en pleno parque, donde se sentía el mortal mas inmortal de todos y donde dejó a un lado esa obligación de cruzar umbrales que la edad, a medida que transcurre, obliga.

"No siempre el tiempo siempre rueda
conmigo hacia un pasado nuevo.
No siempre va donde lo llevo,
no siempre esta donde se queda.!

Viajero es que, al partir, remeda
un gran retorno en el que pruebo
la pasión de ir donde no debo
y estar muriendo en donde pueda.

No siempre el tiempo siempre crece
de espaldas a su propia imagen.
Siempre no siempre permanece

cambiando en mi lo que no quiero,
para que por mis penas viajen
sus goces de inmortal viajero.

Toda una imagen autobiografica de ese tiempo que nunca dejó transcurrir aunque al final fue inclemente y terminó por traerle la vejez sin darse cuenta.

El periodismo fue su modus vivendis y lo llevó a recorrer algunos países del mundo como corresponsal, así llegó a España, Francia, Alemania y Costa Rica, periplo que coronó en 1972 cuando fue nombrado Director del Diario Panorama, a quien le entregó años de esfuerzo y trabajo.

La familia siempre fue un camino donde descansar de las vicisitudes de un mundo al que le faltaban medidas para completar las rimas de sus sonetos o las descripciones precisas de sus ideas.

Fue uno de los fundadores del Grupo Apocalipsis, quizás el menos bohemio de todos los que lo conformaron pero sin dudas el que más proyección en el tiempo logró.

Incansable alquimista, su pluma nunca cesó de recrear espacios tan profundamente clavados en sus improntas de juventud, memorias de un soñador cuyos pasos cubrían la universalidad de la palabra con frases y expresiones tan cotidianas en cualquier lugar del orbe.

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Tienen algunas de sus composiciones la fuerza de una protesta que embarga sus raíces cósmicas. "Lámparas sentimentales empañan/ esta zona detrás de cuyos limites/ todas las voces se parecen -todos/ los nombres son uno solo apenas / cautivo en un espejo de inflexiones/ variables con el tiempo y sus hábitos."

Otras toda la magia del romance capaz de verse en una dimensión diferente. "Las mujeres que me amaron/ de seguro han muerto./ Ellas pertenecían a un araza distinta./ La atmósfera de llama necesaria a sus cuerpos/ desapareció una noche con los astros./ Y solo pueden ahora reposar sus cabelleras/ sobre la ilusión de resplandor sagrado/ que es la lejanía."

Sin olvidar también esas nostalgias que le invadieron: "Mientras tanto el sol en nuestra casa/ desorganiza lo que queda / de la muerte de los cuartos./ Abre de una puñalada la penumbra/ donde los seres íntimos cuentan en voz baja/ las maravillas de sus vagas edades."

Vió morir a entrañables amigos como ocurrió entre noviembre del 2001 y febrero del 2002, cuando tres de ellos, fundadores de Apocalipsis lo hicieron trágicamente, Miyó Vestrini, Atilio Storey y Cesar David Rincón, se fueron sin despedirse pero le dejaron momentos inolvidables.

En publico declaró: "Tengan la certeza de que yo saldré a la calle con los fantasmas de mis tres amigos a bebernos unos tragos tras las puertas del desaparecido Piel Roja aquí en la Plaza Bolívar, o en la Plaza del Buen Maestro, mientras discutimos la posibilidad de lograr algún poema que sea como la llave maestra para arreglar los mecanismos dementes y los engranajes ebrios de este mundo nuestro y, posiblemente, los de otros mundos".

Siempre estuvo ubicado Hesnor en el lugar que le deparó el destino, en esa dualidad existencial-imaginaria donde navegó teniendo como remo su pluma.

En 1965 y 1968 fue galardonado con el Premio de Poesía por la Universidad del Zulia, en 1979 recibió el Premio Nacional de Poesía del Conac, y en 1992 con el Premio Regional de Poesía.

Su obra no sufrió los deslices de la adulancia y continuó siendo esencial piel que trasmitió los calores creadores de su amo.

Su legado pedagógico al frente de la cátedra de Literatura Española, quedó en las aulas de la Universidad del Zulia.


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Su memoria insoluble dejó plasmada escenas de su vida como estas líneas que conforman el poema "La memoria en casa" dedicado a sus hijas Celalba y Martica, "Desde aquel día en que en la tierra/ hubo dos cielos frágiles/ como dos pajaritos/ -como dos arroyuelos de agua en llamas/ para que el patio fuera el paraíso/ y para que en los árboles/ los frutos cantarán himnos/ de color por los ojos del brillo./ Desde aquel entonces la memoria/ se salió de su cauce/ por la compuerta azul de los sentidos."

El 18 de diciembre de 1992 tras recibir el Premio regional de Literatura del Estado Zulia, Hesnor comentó "Los poetas somos siempre unos locos y unos borrachos, sobre todo si tenemos que soportar los embates de una sociedad en crisis, de un mundo de poder sumergido hasta el cuello en la mas espesa corrupción, en el mas delirante despilfarro y en los vericuetos de una audacia siniestra capaz de invertir los valores de la vida en común".

Otto Rincón escribió en el prologo de "El acoso de las cosas": "Hesnor aceptó desde niño sus hambres y tristezas como integrantes inevitables de ese contrapunteo, aún sabiendo que a veces les cuesta la vida a quienes llevan la peor parte"

Pero el poeta salvó las distancias de una existencia inmortal que revive cada vez que algún labio pronuncia ese elixir misterioso que moja sus versos.

Renació muchas veces demostrando un estoicismo sobrenatural, haciéndose cómplice de los verdugos que soñaban verlo descabelladamente amargado, tomó para si la pócima del arte capaz de transfigurar las situaciones en historias con rimas y ritmo.

Ahora solo un cuerpo duerme el sueño eterno porque el alma sigue dando su resplandor, infectada de espejismos y de la tentación de existir mucho mas allá de los tiempos eternos.

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