Saludos y costumbres alteradas

in GEMS3 years ago (edited)



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Parece mentira que el mundo se haya replanteado sus costumbres tras una pandemia que ya va camino de infectar a medio millón de personas en todo el mundo y que ha dejado desde diciembre hasta ahora cerca de 20.000 muertos. Costumbres básicas como la de saludar, besar, mantener una conversación y tras una visita de un servidor a un supermercado incluso vi que se ha cambiado la costumbre de mirar a las personas a los ojos, miedo a levantar la mirada como si pudieras infectarlos con la mirada. Por desgracia los efectos devastadores de las enfermedades a escala mundial cambian al ser humano en función a ellas simplemente por el instinto de supervivencia.

Unos de los grandes beneficiados de esta pandemia son nuestros grandes olvidados, los codos, antes de la pandemia sólo sabíamos de la existencia de nuestros codos para decir que es la única parte del cuerpo que no puedes llevarte a la boca o esa parte del cuerpo que apoyada en una superficie ayuda a que tu brazo sostenga la cabeza, pero con la entrada de la pandemia a nuestras vidas los codos son los sustitutos de las manos en todo aquello que podemos, he visto usarlo para abrir puertas, para marcar los botones del ascensor o encender y apagar luces tocando con ellos los interruptores, para estornudar o toser sobre ellos para proteger al ser humano que se encontrara cerca y sobre todo para saludar o como muestra de cariño, si antes un apretón de manos era compromiso suficiente para sellar un acuerdo ahora por prevención chocamos los nuestros codos con el prójimo, lo usamos como muestra de amistad con nuestros compañeros de trabajo, o como muestra de cariño por miedo a dar un abrazo que contagie a quien más quieres, todos estos comportamientos sólo en unas semanas de pandemia ¿imagináis cuantas costumbres variaremos si esto se extiende mucho más en el tiempo?



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Algo que se ha hecho cotidiano y que por pura protección personal se ha ido haciendo viral ha hecho que sea noticia cuando un día el propio presidente de los EEUU daba un apretón de manos en directo devuelto por respeto por su contrario aunque reprochado por algún periodista asistente y al día siguiente el apretón de manos se convertía en un cruce de codos en un claro apunte del encargado de proteger la imagen del propio presidente. Pero no es sentido común, es sentido de conservación salvo en casos contados como el de Trump que necesita que se lo recomienden.

Lo que no podré entender es cómo el ser humano tarda en entender ciertas medidas y no hablo sólo de los que no tenemos capacidad de decisión sobre las grandes masas sino en general, China ha sido un gran ejemplo que no ha sorprendido a nadie por su cultura algo cerrada y acostumbrada a un régimen autoritario donde una recomendación suena a orden que no se toma como tal y salva vidas, Europa en cambio con meses de ventaja sobre el gigante asiático no ha previsto nada, no ha tomado precauciones ni siquiera para proveer a sus sanitarios de medios básicos para una preventiva lucha contra esa enfermedad que obligó en China a cerrar ciudades de mas de trece millones de habitantes, se conocían los síntomas y los medios necesarios para la protección de los profesionales y los medios necesarios para atender a los pacientes, en China se construyeron hospitales nuevos en tiempo récord a los que se dotaban de camas, respiradores, mascarillas, guantes, trajes especiales, medicamentos y zonas de aislamiento, pero si entramos un poco más a analizar errores denuncio que se ha dejado a los más frágiles abandonados en centros de mayores de la tercera edad que tampoco fueron previsores y aquí incluyo a los propios familiares en el caso de los que los tienen.

Muchos países orientales fueron los primeros en recibir casos de China como Corea del Sur pero a pesar de unos primeros días muy complicados supieron superar los picos de contagios y de muertes con medidas lógicas sin un total confinamiento, las medidas simples consistían a parte usar guantes en usar la mano contraria a la útil para las cosas cotidianas con el fin de evitar los típicos tics de tocarse la cara con la útil y que esta hubiera tocado picaportes u otras zonas posiblemente contaminadas, evitar concentraciones de personas, mantener medidas de espacio vital entre humanos o el ya comentado estornudo o tos sobre nuestros codos como protección del que pudiera estar cerca. Así pues tampoco se recomendaron en Europa estas medidas allí puestas en marcha con éxito y añadidas al resto de circunstancias ya sabidas llegó la enfermedad a nuestro continente por la zona norte de Italia, brote que no puso en alerta a nadie ni en el propio país transalpino mas allá de las localidades afectadas ni posteriormente una vez desbocado a los países cercanos que obviaron la que se les venía encima.

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Las costumbres están tan arraigadas en nuestras vidas que salvo que veas el miedo frente a ti no reaccionas y dejas de dar un beso, un abrazo o refuerzas tu sanidad con todo lo necesario, no prohíbes el deporte de élite que agrupa masas, no prohíbes los desplazamientos a zonas contaminadas, sigues tosiéndole al de al lado o respirando sobre un abuelo en el autobús o el tren que no deja de cubrir las rutas pese al peligro que supone llenarlo al máximo. Era más importante manifestarse en masa para celebrar un día a favor de la mujer, el hombre o el niño que mantener cautela por algunos brotes en ciertas zonas muy delimitadas que tras esas concentraciones se desmadraron al resto de provincias, no se pusieron en marcha el cierre de ciudades, interrupción de los transportes públicos ni de los sectores no esenciales.

Las costumbres nos hacen estúpidos por naturaleza, les cuento que en mi trabajo donde ya estamos inmersos después de un par de semanas en un expediente de regulación de empleo temporal para confinarnos en casa, algunos compañeros se ha decidido que deben quedarse como retén porque aunque los aeropuertos no tendrán vuelos pueden darse casos de aviones cargueros con suministros, aviones medicalizados, aviones de estado o urgencias que lo obligan a mantener abierto además de una base aérea que no cerrará en tiempos de alerta, pues bien a lo que iba, el 90% de la plantilla se confinará en casa y un 10% deberá quedarse y en una encuesta a los compañeros todos querían quedarse a trabajar ¿saben por qué? pues porque no ha habido ningún caso de contagio por coronavirus durante este periodo de pandemia donde hemos procedido a la repatriación de extranjeros a sus países y compatriotas a casa, tampoco ningún muerto en lo que parece un milagro, nadie tiene miedo en el entorno laboral y esa costumbre de mantener su puesto de trabajo está por encima del instinto de supervivencia porque el miedo no está frente a ti, en el supuesto de quedarse de reten durante el tiempo que la alerta sanitaria dure la empresa para evitar enfrentamientos ha decidido que los más antiguos puedan elegir quedarse haciendo uso de ese beneficio, ¿saben que habría ocurrido si se hubieran confirmado varios casos de contagios o alguna muerte cercana? pues sí, que nadie habría querido mantener la costumbre de mantener sus puestos de trabajo y hubiera primado el instinto de supervivencia dejando a los menos afortunados la obligación de ocupar esos puestos que nadie habría querido, el ser humano es un animal de costumbres y en las malas un ser despreciable.

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Otra costumbre ante una noticia estremecedora o preocupante es hacer colas durante horas para vaciar las estanterías de los supermercados por miedo a quedarse sin víveres, es España vaciaron las estanterías de alcohol, guantes, mascarillas y material de primeros auxilios, papel higiénico y agua durante las primeras horas tras el anuncio del estado de alarma, lo curioso es que eso fue lo primero que hicieron los ciudadanos antes de llamar a sus padres, recoger a sus abuelos de las residencias para confinarlos junto a ellos en casa o preocuparse de si alguien necesitaba realmente de su ayuda antes de ir a por papel higiénico al supermercado.

Hay vecinos que no levantan la cabeza para no contagiarse de nuestras contagiadas miradas, nadie se fía de nadie y no querría estar en una situación de necesidad por la que una mano me fuese imprescindible para la vida.

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Por contra y para dar una muestra opuesta a todos esos comportamientos hay costumbres que tampoco cambian en algunos sujetos, los seres humanos que dedican su vida a los demás son aún más solidarios, médicos, enfermeras, policías, vecinos que tienen una mano a los abuelos, crías que se ofrecen a sacar a tus perros o a cuidar de tus hijos si no puedes faltar al trabajo por ser esencial, amigos o familiares que te hacen la compra, empresarios que te pagan así no trabajes y te mantienen tu puesto hasta que pase la tormenta, dueños de hoteles que los ceden para que se usen como hospitales, hoteles que ceden para alojar personal esencial de primera línea de batalla, personas que te condonan el pago de los alquileres al quedarte sin trabajo, personajes que donan millones, que organizan búsquedas de material médico por todo el mundo y que en definitiva en estos casos no cambian afortunadamente su costumbre innata de ayudar en las peores.

By @jvb71

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