Como la vida misma... (Relato)

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La imagen fue obtenida en Pinterest.com y editada con CANVA.

Nadie podía entender el motivo del cierre del "Aeropuerto Juan del Mar Domínguez", justamente el día en el que se celebraría su aniversario número cincuenta.

Sí bien se trataba de un aeropuerto bastante clásico y tradicional, era un lugar apreciado por todos en la ciudad; pues era de esos que pocas veces visitas, pero que adoras ver al pasar frente a ellos.

Su fachada mezclaba colores y texturas que extrañamente evocaban al océano; no tenía el olor característico de los aeropuertos, pero sí uno que te hacía sentir "en casa".

En él trabajaban solo tres aerolíneas y sus vuelos eran, principalmente, nacionales. Sus hangares contaban con menos de quince aviones y su personal no superaba las veinticinco personas; sin embargo nadie conocía a alguien que trabajara allí.

"Cincuenta años se dicen fáciles, pero en nuestros pasillos y en nuestros aviones han quedado plasmadas miles de historias de tantoa hermosos pasajeros que tuvimos la dicha de llevar y traer a sus destinos.

Por tal motivo, todo el personal del Aeropuerto Juan del Mar Domínguez tiene el deber de informarles que el día veitisiete (27) del presente mes de Diciembre, mismo día que cumpliremos nuestro quincuagésimo (50°) aniversario, cesaremos nuestras funciones.

Agradecemos su confianza y las veces que nos eligieron. Todos sus recuerdos quedarán para siempre en nosotros"

El comunicado que la administración colocó en las puertas del aeropuerto, era, también, radiodifundido por la principal emisora local. Nadie salía de su asombro ante lo que oían y leían.

-¿Cómo es posible que ese aeropuerto vaya a cerrar? -comentó un hombre en la fila del banco al ver el comunicado en uno de los cristales de las taquillas.

-También estoy sorprendida... -le respondió una señora que estaba dos puestos detrás de él.- Cerrar después de tantos años...

-¿Alguno de ustedes había viajado con ellos? -preguntó un tercero en la fila.

Ninguno pudo decir una respuesta afirmativa al respecto. Parecía que el Aeropuerto "Juan del Mar Domínguez" era únicamente conocido por estar en la avenida principal de la ciudad, y no por cumplir con su propósito. A pesar de ello, en la ciudad había una extraña sensación de duelo; una pesada tristeza cubría todo a su paso, aunque se asociaba con ese lugar y su inminente cierre, no se podía comprender la verdadera razón tras la emoción.

El día de Navidad llegó con una gran algarabía que provenía del aeropuerto. Las instalaciones estaban decoradas emulando a un pintoresco pueblo navideño. Muchos, movidos por la curiosidad, acudieron al lugar.

Una vez dentro, la mágica atmósfera del aeropuerto les abrazó. Cada espacio estaba lleno de luz, calidez y algo que generaba felicidad. Aunque buscaron por el lugar, no lograron encontrar a un representante de alguna de las aerolíneas o de la administración; sin embargo nadie se retiró, al contrario, comenzaron a disfrutar de un agradable compartir entre los conocidos y desconocidos allí presentes.

Antes de retirarse, a una hora prudente, pudieran notar unos sobres de cartas en la mesa que se encontraba en la salida. Estaban junto a un cartel donde se podía leer "Por favor, tome uno". Como sí aquello fuera de lo más normal y común, cada quien se llevó "el suyo".

Al abrir el sobre, en él encontraron una muy amable invitación para el acto de clausura del Aeropuerto; hasta esa parte todo era comprensible, pero lo que realmente sorprendió fue quien firmaba la misiva: "Señor Juan del Mar Domínguez". ¿Cómo era posible eso?, ¿acaso existía realmente aquel personaje que daba nombre al conocido aeropuerto?, y lo más importante ¿quién era él?

Los días pasaron con rapidez, llegando el día 27 junto con el inminente cierre del, ahora, emblemático lugar. Muchas más personas de las que tomaron la carta de invitación se presentaron en las puertas del aeropuerto. Las ansias y las expectativas por saber de qué se trataba todo aquello les cubrían con entusiasmo.

- ¿A qué hora indican que empezará el evento?-preguntó una joven sin tarjeta a alguien que tenía una en sus manos.

-Dice "A once minutos después de las once" -Respondió después de leerlo.

-Es una hora extraña... aún falta casi veinticinco minutos...

Aunque las personas estaban conversando entre ellos con amabilidad y cordialidad, nadie hablaba sobre el motivo por el que se encontraban ahí; debido a eso, no notaron los impresionantes y hermosos cambios que experimentaba a cada segundo la encantadora fachada del aeropuerto; sólo los niños apreciaban el mágico espectáculo, riendo y aplaudiendo, ajenos del mundo adulto que, distraído de todo, les rodeaba.

De pronto, cuando las luces y formas de la pared frontal del aeropuerto quedaron en blanco, sus puertas de cristal se abrieron lentamente. La multitud comenzó a ingresar al lugar en medio de un silencio pesado y extraño.

Para su asombro, las instalaciones se encontraban completamente vacías. No había ninguna cosa ni rastro de vida en todo el espacio, sin embargo las personas fueron ubicándose, instintivamente, en diferentes ambientes del salón central. El silencio continuaba envolviéndolo todo, mientras la confusión y la incertidumbre comenzaban a presentarse. Los murmullos iniciaron de buena manera para luego convertirse en un gran bullicio ininteligible y molesto.

Se encontraban tan absortos en el escándalo tratando de hacerse entender entre ellos, que no notaron al enigmático hombre de sonrisa pacífica que les observaba desde lo alto del balcón interno del segundo piso del aeropuerto. Sólo una pequeña niña de cabellos castaño reparó en él, pero ante el gesto de silencio y complicidad que éste le hizo, lo imitó riendo alegremente por sentirse parte de algo que nadie más vio.

-El tiempo pasa, los siglos cambian, los escenario se transforman, y siempre encuentro cierto encanto en el hecho de que la humanidad llega a un punto donde intentan comunicarse sin éxito y su solución es... gritar. ¡Fascinante!

Aunque no elevó la voz ni un poco, y a pesar de la algarabía, sus palabras fueron escuchadas con total claridad por todos los presentes en el salón central, atrapando por completo su atención. El hombre les sonrió ampliamente, parecía estar realmente dichoso por ellos. Abrió sus brazos como un gran anfitrión y la pequeña niña comenzó a aplaudir con alegría. Sus aplausos retumbaban por todos los rincones del salón, éstos parecían rebotar contra las paredes y chocar con los allí reunidos.

- ¡Muchas gracias amiguita! -dijo el hombre mientras bajaba las escaleras hasta pararse en frente de la multitud- ¡Bienvenidos sean todos! Yo soy... quien soy y he sido el responsable de la invitación, porque los responsables de que estén aquí han sido ustedes mismos. -les observó unos instantes sonriendo antes de continuar con sus palabras- Quizás haya sido la curiosidad o el deseo de "estar" lo que les ha traído hasta aquí el día de hoy, no lo sé; sin embargo, les puedo asegurar que me hace muy feliz la presencia de todos en este momento tan importante. Por esa razón, les pido, por favor, tomen asiento donde gusten, así estarán más cómodos.

Para confusión de sus visitantes, a sus espaldas se encontraban un gran número de sillas dispuestas como en un auditorio. Todos asegurarían que no había nada allí instantes antes; no obstante, luego del asombro inicial, cada uno se fue sentando en orden y en silencio. El misterioso hombre les observaba con una sonrisa en su rostro y en sus ojos podía verse un destello de diversión.

-¿No encuentran realmente enigmáticos a los aeropuertos? -comenzó a decir el hombre. Aunque no había dicho su nombre, todos asumieron de buena manera que se trataba del "señor Juan del Mar Domínguez". Aquel personaje hablaba con pausas, esperando que algún efecto se manifestara en los oyentes.- Hay algo de incertidumbre y expectativas en todo su ambiente... nervios, correr, llegar a tiempo, no llegar... nuestros compañeros de viajes, con quienes emprendemos cada destino así como los que conocemos en la sala de espera o en el avión... conexiones eternas, temporales o efímeras... conexiones que impregnan el alma y el espíritu... encuentros y despedidas... dar la bienvenida y decir adiós... todo va junto, de la mano, y en este lugar donde nos encontramos puede suceder miles de veces y en el mismo instante... -sonrió con cierto pesar- como la vida misma...

Todos en la sala fueron arropados por la sensación de haber entendido una gran verdad en la que no habían reparado antes. Miraron a su alrededor como sí se tratara de un lugar nuevo para ellos, desconocido hasta ahora; solo los niños contemplaban su entorno con una sonrisa en sus caritas.

-Dejamos pasar tantos momentos, sólo por estar absortos en nuestras propias mentes y percepciones. -continuó el hombre- encerrados en extraños e irreales conceptos que nos alejan de la esencia del ser humano... -guardó un pesado y triste silencio un instante- no existen espacios vacíos en la vida, existen distracciones, malentendidos, confusiones y descontentos...

-¿Eso quiere decir que nuestros pesares y malos momentos son culpa de nosotros mismos? -gritó alguien dentro de la multitud. Era evidente el reproche en su voz- La vida no es un cuento idealista donde todo es perfecto, donde se resuelven los contratiempos con palabras bonitas y buena voluntad... hay aviones que caen, personas mueren, hay injusticia, maldad y crueldad... no, la vida no es un aeropuerto, por lo menos no el que usted quiere mostrar...

-Lamento lo que hayas tenido que vivir. -respondió fraternalmente- pero sí bien en la vida hay luces, hay sombras también, así como existe verdad en la responsabilidad de las decisiones que tomamos, y también en el impacto de las consecuencias de las decisiones de otros en todos los demás... lo que indica el gran nivel de conexión que existe en la humanidad.

-¿Qué quiere decir con eso? -preguntó confundida una joven sentada al frente.

-Una decisión trae consecuencias positivas o negativas y éstas van afectando a todos los que estén enlazados a la fuente de la decisión. Las conexiones que existen entre los seres humanos llegan a ser insospechadas, y a veces insólitas... -el silencio que le siguió se hizo expectante; el hombre bajó la mirada y movió entre sus dedos un bolígrafo plateado que había sacado instantes antes de un bolsillo de su chaqueta.- Aunque, también, hay casos donde los actos son tan inesperados que reciben el nombre de "accidentes"...

-¿Sabe qué pienso? -un hombre joven se había levantado de su silla con violencia; por razones desconocidas sentía una profunda rabia hacia ese hombre de traje azul marino.- ¡Que somos unos juguetes en las manos de un dios infantil! -habló entre dientes, parecía escupir cada palabras.

-No... -contestó el otro con serenidad- Dios nunca subestimaría a sus seres más amados; los valora tanto que les da la libertad de elegir, amar, vivir y aprender... todo tiene su propósito... incluso el que Susan ya no esté lo tiene y lo tuvo...

-¿Cómo usted puede saber sobre eso? -los músculos del joven se tensaron y sus manos se cerraron en unos sólidos puños.

-Aquel triste día en el cementerio, juraste decirme unas palabras cuando estuvieras frente a mí... -el joven frunció el ceño con enojo, e instante siguiente su rostro se relajó dando la impresión de entender algo. Sus ojos se abrieron sorprendido.- Aquí estoy... -el joven no pudo decir ninguna palabra- Lo que nunca supiste fue que jamás te quedaste solo... el hombre del taxi que te trajo de regreso a casa, el anciano del quiosco por el que pasabas cada día, el niño que ayudaste a pintar la cerca en verano, la anciana con la que compartiste tu pan y chocolate en otoño pasado en el parque... -unas lágrimas silenciosas bajaban por el rostro del joven, sus puños se soltaron rindiéndose- incluso en el desconocido con el que hiciste amistad al llegar... -como por reflejo miró a su derecha para encontrarse una silla vacia. Luego miró al hombre al frente quien le sonreía paternalmente.- Susan está bien y quiere que tú también lo esté...

El joven se dejó caer en su silla y un silencio solemne cubrió el lugar, mismo que fue interrumpido por la voz del anfitrión.

-El dolor es inevitable, pero siempre está cerca el consuelo, porque el amor se expresa de mil maneras, solo deben estar dispuestos a recibirlo. No comprendo la razón por la que han dejado de amar. El amor puede hacerlos sentir frágiles y vulnerables, pero les otorga, a su vez, la mayor fuerza que lograrán obtener... la vida no se trata de buscar oportunidades para aprovecharlas sin más; las oportunidades son dadas para que se unan a su lado más humano, con la empatía, la paciencia, la solidaridad, la misericordia, el reconocimiento del valor e importancia del otro... cada oportunidad recibida se convierte en aprendizaje que sumado se transforma en experiencia... la vida se trata de entender las oportunidades... las de vivir el presente, el ahora... el instante eterno...

De pronto, toda la sala se llenó de una intensa y profunda luz azul celeste, que los obligó a ponerse de pie y cubrir sus ojos. Momentos después sintieron que la potencia había disminuido, descubrieron sus ojos y sin imaginarlo, tuvieron una inmensa sorpresa; sí bien seguían en el aeropuerto, se encontraban en medio de un gran ajetreo de pasajeros, por los altavoces se escuchaban destinos, llegadas y despegues. Miraron confundidos a su alrededor, ya no estaban las sillas detrás de ellos.

Como quien se despierta repentinamente de un sueño, comenzaron a caminar, aturdidos y con cierta lentitud o torpeza, en dirección a la puerta principal.

Pero antes de dejar el lugar, vieron una gran pantalla donde podía leerse:

"La directiva del Aeropuerto Juan del Mar Domínguez, se complace en darles la bienvenida en su reinauguración."

De pronto el mensaje cambió para dar paso a otro:

"La vida se basa en un constante viaje... Viajes que nos permiten obtener oportunidades... Oportunidades que deben ser entendidas realmente..."

La pantalla volvió a cambiar:

"Se puede aprender a vivir una vida diferente... No se trata de correr riesgos... Se trata de enfrentar los miedos.. Se puede estar toda una vida bajo la sombra del miedo, pero jamás se vivirá realmente de ese modo..."

La pantalla mostró unas imágenes marinas junto a otro mensaje:

"La vida se enfrenta y se acepta... En la vida no hay certidumbre... Pero, mientras haya esperanza, amor y fortaleza para construir algo bueno, entonces la determinación y la unión, obrará milagros..."

Ese parecía ser el último mensaje, a pesar de ello, volvieron a leerlos un par de veces más, para luego, con profundos suspiros, salir del aeropuerto.

Una multitud salía, una multitud entraba... nadie era ya el mismo... y podían escuchar la voz de aquel hombre decir:

"Nervios... correr... llegar a tiempo... no llegar... compañeros de viaje... conexiones eternas, temporales, efímeras... conexiones... el alma y el espíritu... encuentros y despedidas... dar la bienvenida y decir adiós..."

-Como la vida misma... - susurró el joven que había levantado e increpado al hombre. Una sonrisa de paz le siguió a un suspiro, mientras bajaba las escaleras hacia la calle junto a los demás.

Aunque cada quien siguió su camino, estarían unidos por esa experiencia única e indescriptible vivida en el misterioso Aeropuerto Juan del Mar Domínguez, con su fachada de océano y su olor a hogar...


Especial agradecimiento a mi amigo Alexander Pulido por darme las tres palabras que sirvieron de inspiración a este relato: aeropuerto, mar y aniversario

Sort:  

Tu historia es muy linda y conmovedora.

Te recomiendo que la escribas tambien en inglés. Agrega su traducción mas abajo.

Mil gracias, amigo.

Lo haré. 🤗


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