El campo de arroz - The rice field

in #hive-161155last month (edited)

Por @latino.romano

  Contemplaba sentado en una roca, con la mirada triste y sintiendo arcadas en su estómago, los pájaros que se posaban en el pantano y picoteaban la maleza. Una lágrima se esbozaba lentamente por su mejilla mientras pensaba que aquellas aves al menos tenían algo para comer.

El hambre era una constante en esos días, algunas veces se veía desde las lomas lejanas descender con la brisa temprana a personas cargando sacos de víveres para dárselos a los pobres. Pero desde hace muchos días que nadie venía en su auxilio. La comarca lentamente dejaba ver un semblante de abandono y miseria que se percibía en las espaldas huesudas de los niños y los viejos. Parecían cadáveres que se levantaron de sus tumbas para hurgar desechos entre los vivos.

Con su cabeza entre las rodillas, aquel hombre lloroso comenzó a implorar por una salida. Se negaba ante la idea de volverse un delincuente y robar las pertenencias de alguien más; de todas formas ¿A quién robaría? Todos compartían la misma desdicha.

Un bufido cercano le hizo levantar la cabeza y notó que un toro negro lo miraba fijamente.

—¿Qué quieres bestia? Déjame en paz —le dijo con desdén al toro.

—Solo quiero hablar contigo —dijo el toro con seriedad.

El hombre dio un salto y tropezó con unas ramas secas. Asustado se golpeaba la cara así mismo creyendo que estaba volviéndose loco.

—¿Puedes hablar en verdad? —preguntó con temor.

—Puedo hacerlo —dijo el animal acercándose más a él.

El hombre, fiel creyente de muchas supersticiones, pensó que estaba ante una revelación de los dioses.

—¿Te han enviado los dioses? —inquirió poniéndose de pie y hablando en voz baja.

—No, no me han enviado tus dioses. He venido por mi propia cuenta porque escuché tus lamentos.

El hombre estaba impresionado. Comenzó a reír y a mirar a todos lados procurando descubrir si había algún truco detrás de todo esto. Se puso justo al lado del toro y le pidió que le diera una prueba de que no se trataba de una visión, de que todo era real.

El toro agitó la cola y le dio un latigazo en la espalda. El hombre cayó al suelo sobándose por el dolor.

—¿Te parece real? —preguntó el toro.

El hombre se levantó asintiendo con la cabeza. El animal entonces le dijo que tenía la solución a su problema de alimentación.

—Podría ganar mucho dinero si te presento en el circo en la capital del país. La gente rica pagaría mucho por ver a un toro que habla —dijo emocionado el hombre.

—Pero no es esa la solución que voy a revelarte, se trata de otra cosa, una en la que no has pensado aún y resulta ser la más efectiva de todas.

El hombre se quedó pensando en las palabras del toro mientras esperaba escuchar la solución a su problema.

La escena parecía sacada de un cuento. El sujeto de pie frente al animal, esperando recibir una lección importante como si de un sabio se tratara. El toro miraba al hombre y no entendía como una criatura con tantas posibilidades y recursos podía haber caído en tan lamentable estado.

—¿Qué ves detrás de mí? —preguntó el toro.

El hombre dio un vistazo y respondió: —un gancho de arado.

—¿Y detrás de ti, que ves?

—Un campo de arroz —señaló el hombre.

—¿Entiendes lo que debes hacer?

El hombre miró de nuevo y respondió con inseguridad: —¿Debo sembrar arroz?

—¡Exacto! —dijo el toro.

—¡Pero ese campo es gigantesco, no podría hacerlo yo solo! Por esa razón siempre esperamos que vengan los que donan comida y nos ayuden.

—Ese es tu problema, esperas que otros resuelvan tu situación cuando está en tus propias manos la salida. No tienes que sembrar todo el campo tu solo, yo puedo ayudarte si quieres, soy un toro y puedes aprovechar mi fuerza y hacer algo útil con tu inteligencia.

El hombre quedó impresionado con la solución del toro, sabía que el animal tenía razón, que no era sabio esperar a que otros le dieran de comer; que tenía que conseguir su alimento él mismo en lugar de sentarse a llorar.

Percibió dentro de sí un sentimiento renovado de esperanza, llenó de aire sus pulmones y, mirando al toro, decidió poner manos a la obra. Se acercó para dar las gracias al animal, pero este ya no hablaba, solo era un bovino común y corriente.

El hombre se dio un par de palmadas en el rostro, pues le parecía ahora que todo había sido un sueño, una alucinación producto del hambre que sentía. Pero eso no lo detuvo de poner en practica la idea de sembrar el campo de arroz.

Los días siguientes, la gente del pueblo miraba confundida a aquel hombre que guiaba el arado tirado por el animal. No entendían por qué se esforzaba tanto. Pero cuando terminó la temporada, finalmente el hombre pudo cosechar mucho arroz, suficiente para comer muchos meses. Desde entonces, siempre procura sembrar su propio campo de arroz.

Este es mi escrito de cinco minutos para el freewrite de @mariannewest. Es un ejercicio genial para disfrutar de la escritura creativa.

Gheyzer J. Villegas (@latino.romano) es un escritor hispano de relatos y poemas, miembro del mundialmente reconocido grupo Freewrite House para quien escribe estos textos inéditos…

English version

By @latino.romano

He watched, sitting on a rock, with a sad look on his face and feeling gagging in his stomach, the birds that landed on the swamp and pecked at the undergrowth. A tear was slowly rolling down his cheek as he thought those birds at least had something to eat.

Hunger was a constant in those days, sometimes seen from the distant hills descending in the early breeze to people carrying sacks of food to give to the poor. But for many days no one had come to their aid. The region slowly gave way to a look of abandonment and misery that could be seen on the bony backs of children and old people. They looked like corpses rising from their graves to scavenge from the living.

With his head between his knees, the weeping man began to beg for a way out. He refused at the thought of becoming a criminal and stealing someone else's belongings; who would he steal from anyway? They all shared the same misery.

A snort nearby made him raise his head and he noticed a black bull staring at him.

-What do you want, beast? Leave me alone," he said with disdain to the bull.

-I only want to talk to you," said the bull seriously.

The man jumped up and stumbled over some dry branches. Frightened, he hit his face, thinking he was going mad.

-Can you really talk? -he asked fearfully.

-I can," said the animal as it moved closer to him.

The man, a faithful believer in many superstitions, thought that he was before a revelation from the Gods.

-Have the gods sent you? -he asked, standing up and speaking softly.

-No, I have not been sent by your gods. I have come of my own accord because I heard your laments.

The man was impressed. He began to laugh and look around, trying to find out if there was some trick behind all this. He stood right next to the bull and asked him to give him proof that it was not a vision, that it was all real.

The bull waved his tail and whipped his back. The man fell to the ground rubbing himself in pain.

-Does it seem real to you? -asked the bull.

The man stood up with a nod. The animal then told him that he had the solution to his feeding problem.

-I could make a lot of money if I introduced you to the circus in the capital of the country. Rich people would pay a lot to see a talking bull," the man said excitedly.

-But that is not the solution I am going to reveal to you, it is something else, one which you have not yet thought of and which happens to be the most effective of all.

The man thought of the bull's words as he waited to hear the solution to his problem.

The scene seemed to be taken from a story. The subject was standing in front of the animal, waiting to receive an important lesson as if from a wise man. The bull looked at the man and did not understand how a creature with so many possibilities and resources could have fallen into such a pitiful state.

-What do you see behind me? -asked the bull.

The man looked up and said, "A plow hook.

-And behind you, what do you see?

-A rice field," said the man.

-Do you understand what you must do?

The man looked again and answered with uncertainty: "Should I sow rice?

-Exactly! -said the bull.

-But that field is gigantic, I couldn't do it alone! That is why we always expect those who donate food to come and help us.

-That's your problem, you expect others to solve your situation when it's in your own hands to get out. You don't have to sow the whole field by yourself, I can help you if you want, I am a bull and you can take advantage of my strength and do something useful with your intelligence.

The man was impressed with the bull's solution, he knew that the animal was right, that it was not wise to wait for others to feed him; that he had to get his food himself instead of sitting down to cry.

He perceived within himself a renewed feeling of hope, filled his lungs with air and, looking at the bull, decided to get to work. He went over to thank the animal, but it no longer spoke, it was just an ordinary bovine.

The man clapped his face a couple of times, for it seemed to him now that it had all been a dream, a hallucination resulting from the hunger he felt. But that did not stop him from putting into practice the idea of sowing the rice field.

In the days that followed, the villagers looked on in confusion at the man who was guiding the animal-drawn plow. They did not understand why he was trying so hard. But at the end of that season, the man was finally able to harvest a lot of rice, enough to eat for many months. From then on, he always tried to sow his own rice field.

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