Don Pedro The Ghost [Children's story] / Don Pedro el Fantasma [Historia infantil]

in Literatos25 days ago

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Ilustración original


          odo el mundo sabe que en todos los edificios de apartamentos tiene que haber al menos un fantasma. El edificio donde yo vivo había sido construido hacía ya una década y aún no tenía ninguno, así que de pronto a este fantasma lo asignaron aquí, en un apartamento del piso 5.

          Simplemente un día apareció, y todos en el edificio nos dimos cuenta que nuestro fantasma era un señor mayor, porque usaba anteojos –de doble aumento−, leía el periódico –especialmente la sección de noticias locales−, tomaba café –¡Varias veces al día!− y olvidaba cosas, como por ejemplo cuál de las sábanas blancas era para arroparse al dormir, y cuál de ellas era el uniforme para poder asustar.

          Así, todos los vecinos fuimos conociendo de poco en poco a Don Pedro el fantasma.

          Un día, después de terminar sus agotadoras labores fantasmales, Don Pedro sintió la necesidad de salir un rato de casa, a tomar aire fresco, comprar víveres, y llevar las sábanas blancas a la tintorería.

          Don Pedro cogió sus llaves de atravesar paredes, sus cupones de descuento en los abastos del más allá, sus botas de levitar impermeables –porque había tiempo de lluvia−, y salió del apartamento muy decidido.

          Lo que Don Pedro no sabía hasta ese momento era que lo habían asignado a un apartamento de un quinto piso, por lo que se dio cuenta de súbito que no podía simplemente abrir la puerta y cruzar la calle, sino que primero tenía que lograr llegar hasta la planta baja. Aun así, esto no iba a desanimar a Don Pedro el fantasma; caminó determinado hacia el ascensor y presionó el botón para hacer que viniera.

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Hecho por: Macrovector - freepik

          Como el edificio de apartamentos tenía tantos pisos –yo vivo en el piso diez, por ejemplo−, el ascensor demoró largo tiempo en llegar al piso 5, y fue durante ese lapso de tiempo cuando Don Pedro el Fantasma recordó algo muy importante: ¡Él le tiene fobia a los ascensores!

          A Don Pedro no le gustan los lugares estrechos, ni las puertas automáticas, ni mucho menos los espejos bien pulidos –porque en esos no se refleja nunca, ni siquiera en las selfies−; por lo tanto, todo lo que era parte del ascensor, resultaba para Don Pedro simplemente terrorífico.

          Así pues, cuando el ascensor por fin se abrió frente a sus alérgicas narices, ¡él pensó en todo esto y se congeló del miedo! Las piernas se le volvieron de gelatina –sin sabor, por supuesto−, los brazos se le erizaron como piel de gallina, y sus cabellos blancos corrieron despavoridos a esconderse bajo las axilas, dejando su cabeza perlada y lampiña.

          Mientras este soponcio ocurría debido a los miedos irracionales de Don Pedro, las puertas del ascensor volvieron a cerrarse y se marchó para subir o bajar a otro de los muchos pisos del edificio. Don Pedro se fijó en su error y volvió en sí, intentando pensar una alternativa para poder llegar a la planta baja.

          Existían las escaleras, por supuesto, pero al igual que todos los señores mayores, Don Pedro el fantasma ya tenía un poco dañadas las rodillas, por lo tanto, bajar más de una docena de escalones no era una opción viable para él.

          Aun así, Don Pedro realmente quería salir un rato del edificio, aunque sea para alimentar a las aves de la plaza y llevar un poco de sol –ya que últimamente estaba muy pálido−, así que debía concentrarse en su meta y ser valiente; debía llamar al ascensor, mantenerse firme, y cuando se abrieran las puertas frente a él, debía entrar y conservar la calma hasta llegar a la planta baja.

          Realmente no parecía algo tan difícil. Don Pedro reunió voluntad y llamó al ascensor una vez más.

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          Pero la cosa tampoco funcionó esta vez. ¿Recuerdan que les dije que Don Pedro olvidaba ciertas cosas? Pues, una vez que volvió a llamar al ascensor, se distrajo examinando el extintor contra incendios del pasillo –creemos que Don Pedro alguna vez, cuando era de carne y hueso como tú y yo, fue un gran bombero−, y entonces, se le olvidaron los motivos por los cuales debía entrar en el ascensor valientemente y a toda costa, y una vez más se quedó congelado −como fotografía polaroid− apenas se abrieron las puertas.

          La situación volvió a ocurrir una vez tras otra. Don Pedro el fantasma se convencía a sí mismo para enfrentarse a sus miedos y bajar en el ascensor, y después, mientras lo esperaba, se distraía y se le olvidaba.

          Así fue como Don Pedro se quedó atorado –¡tal vez para siempre!− en el quinto piso, frente a la puerta del ascensor.

          Todos los días, a toda hora, el ascensor suele dirigirse hasta el piso cinco, abrir las puertas, y luego volver a cerrarlas, sin que nadie entre o salga del ascensor en ese piso. Pero todos sabemos que es por culpa de Don Pedro, que aún no se decide a trasladarse hacia la planta baja en un sitio estrecho, con puertas automáticas y espejos pulidos.

          Desde aquel día Don Pedro dejó de ser un simple fantasma del piso cinco para convertirse en nuestro irremplazable fantasma del ascensor. Todos los vecinos nos lo encontramos y lo saludamos a diario, y por ello lo hemos ido conociendo y le hemos agarrado cariño.

          Hace algunos días me lo encontré cuando yo iba de camino a mi apartamento. Como de costumbre, a pesar de ir yo sola en el ascensor, y de sólo haber marcado el botón del piso diez, el artefacto se detuvo antes, en el piso cinco por supuesto. Las puertas se abrieron y yo saludé a Don Pedro, le di los buenos días e intercambié con él algunas quejas sobre el clima, la política y el fútbol. ¡Lo de siempre! Y luego de ello las puertas se cerraron una vez más y el ascensor completó su recorrido.

          A veces me siento triste por mi fantasma. ¿Se habrá dado cuenta de que se ha quedado atascado en esa situación, o debería yo tener la bondad de hacérselo saber?

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          En muchas oportunidades me ha parecido que se da cuenta y que lo disfruta, ya que aparenta entretenerse al vernos subir y bajar, a veces apurados, a veces con las compras del mercado, y a veces haciéndonos pis, y en vez de dejar cerrar la puerta, comienza a preguntarnos cómo está la familia, cómo nos va en la escuela y cómo se llaman nuestras mascotas. El perro chihuahua de la señora del piso 12 siempre le ladra, y Don Pedro no hace más que responderle: “¡Cuando yo estaba vivo yo también era un amargado!”. Entonces me da la impresión de que saca provecho de su cualidad de fantasma, y por tener tiempo infinito, se lo ha tomado todo como un juego. ¿Pero y si no es así? ¿Y si Don Pedro sólo habla con nosotros para evitar ponerse triste?

          Muy a menudo me pongo a pensar cual sería la mejor opción para ayudarle. Quizás podría yo enviar un correo electrónico a la oficina de asignaciones del más allá, y solicitarles que por favor trasladen a Don Pedro a una casa embrujada de las que están al ras del suelo –porque las hay voladoras también−, o al menos a un conjunto residencial de esos pomposos que cuentan con escaleras mecánicas.

          Pero entonces pienso en cuánto afecto le tengo a mi fantasma y me da tristeza que me lo reemplacen por alguno que no me caiga bien, que no hable con los animales y que no haya sido bombero. ¡Yo extrañaría demasiado a Don Pedro!

          La única opción que encuentro, para que Don Pedro pueda salir del edificio sin tener que marcharse para siempre, es que alguien sea tan amable de ofrecerle a Don Pedro su compañía en el ascensor, desde el quinto piso hasta la planta baja, e ir conversando con él sobre el ajedrez, y sobre la contaminación ambiental, para que se distraiga y no se ponga nervioso.

          El asunto es que Don Pedro no confía tanto en nosotros como para sentirse a gusto y entrar al ascensor. Todavía ninguno de los vecinos ha logrado convencerlo de que es seguro unirse al trayecto.

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          Pero yo no me voy a dar por vencida. Cada día conozco más a Don Pedro, y cuando ya seamos grandes amigos, seguramente aceptará bajar conmigo a comprar el pan, y más adelante puede que hasta acepte una invitación para subir al piso diez y compartir un café –sin azúcar, como le gusta− sentados frente al televisor de mi sala.

          Si eso no funciona, entonces quizás hace falta que se mude al edificio la persona indicada para hacer amistad con Don Pedro, alguien con quién se sienta identificado, que también use anteojos y tenga botas para la lluvia, y que también tenga alguna fobia extraña y le guste esconderse bajo las sábanas.

          Y entonces, ¡sólo entonces! Don Pedro el fantasma se dará cuenta de que no hay nada que temer, y subirá al ascensor en compañía de ese amigo valiente, y podrá ir de la plaza a la tintorería, del abasto al quiosco de los periódicos, y conversar sobre el clima con una persona nueva todos los días, antes de volver a las importantes labores fantasmales en su quinto piso.


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Original Illustration


          veryone knows that in every apartment building there has to be at least one ghost. The building where I live had been built a decade ago and didn't have one yet, so suddenly this ghost was assigned here, in an apartment on the 5th floor.

          He just showed up one day, and everyone in the building realized that our ghost was an old man, because he wore glasses -double magnifying glasses-, read the newspaper -especially the local news section-, drank coffee -several times a day- and forgot things, like which of the white sheets was to be tucked in when sleeping, and which of them was the uniform to scare.

          In this way, all of us neighbors got to know Don Pedro the ghost little by little.

          One day, after finishing his exhausting ghostly chores, Don Pedro felt the need to leave the house for a while, to get some fresh air, buy groceries, and take the white sheets to the laundry.

          Don Pedro took his keys for going through walls, his discount coupons in the grocery stores of the afterlife, his waterproof levitating boots -because there was rainy weather-, and left the apartment very determined.

          What Don Pedro did not know until that moment was that he had been assigned to a fifth floor apartment, so he suddenly realized that he could not simply open the door and cross the street, but first had to make his way to the ground floor. Still, this was not going to discourage Don Pedro the ghost; he walked determinedly to the elevator and pressed the button to make it come.

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          Because the apartment building had so many floors -I live on the tenth floor, for example- it took a long time for the elevator to reach the fifth floor, and it was during that time that Don Pedro the Ghost remembered something very important: He has a phobia of elevators!

          Don Pedro does not like narrow places, nor automatic doors, much less well-polished mirrors -because in those he never reflects himself, not even in selfies-; therefore, everything that was part of the elevator was simply terrifying for Don Pedro.

          So, when the elevator finally opened in front of his allergic nose, he considered all this and froze with fear! His legs turned to jelly -tasteless, of course- his arms bristled like goose bumps, and his white hair ran aghast to hide under his armpits, leaving his head pearly and shaved.

          While this stupor was occurring due to Don Pedro's irrational fears, the elevator doors closed again and it left to go up or down to another of the building's many floors. Don Pedro noticed his mistake and regained his senses, trying to think of an alternative way to get to the ground floor.

          There were stairs, of course, but like all the older folks, Don Pedro the ghost already had a bit of damage to his knees, so walking down more than a dozen steps was not a viable option for him.

          Still, Don Pedro really wanted to get out of the building for a while, if only to feed the birds in the plaza and get some sunshine -for he was looking very pale lately- so he had to concentrate on his goal and be brave; he had to call the elevator, stand his ground, and when the doors opened in front of him, he had to get in and keep calm until it reached the ground floor.

          It really didn't seem so difficult. Don Pedro gathered his will and called the elevator one more time.

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          But it didn't work this time either. Remember I told you that Don Pedro forgot certain things? Well, once he called the elevator again, he got distracted examining the fire extinguisher in the hallway -we believe that Don Pedro once, when he was flesh and blood like you and me, was a great fireman-, and then, he forgot the reasons why he should enter the elevator bravely and at all costs, and once again he froze -as a polaroid photograph- as soon as the doors opened.

          The situation happened again and again. Don Pedro the ghost would convince himself to face his fears and go down in the elevator, and then, while waiting for it, he would get distracted and forget about it.

          That is how Don Pedro got stuck -perhaps forever- on the fifth floor, in front of the elevator door.

          Every day, at all hours, the elevator usually goes to the fifth floor, opens the doors, and then closes them again, with no one getting in or out of the elevator on that floor. But we all know that it is Don Pedro's fault, that he has not yet decided to move to the ground floor in a narrow place, with automatic doors and polished mirrors.

          Since that day Don Pedro stopped being a simple ghost of the fifth floor to become our irreplaceable elevator ghost. All of us neighbors meet and greet him every day, and as a result we have gotten to know him and grown fond of him.

          A few days ago I met him when I was on my way to my apartment. As usual, despite the fact that I was alone in the elevator, and that I had only pressed the button for the tenth floor, the elevator stopped sooner, on the fifth floor of course. The doors opened and I greeted Don Pedro, said good morning and exchanged with him some complaints about the weather, politics and soccer. The usual! And after that the doors closed once more and the elevator completed its journey.

          Sometimes I feel sad for my ghost. Does he realize that he is stuck in this situation, or should I be so kind as to let him know?

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Made by: Macrovector - Freepik

          On many occasions it has seemed to me that he notices and enjoys it, since he seems to be amused when he sees us going up and down, sometimes in a hurry, sometimes with the groceries, and sometimes with the urge to pee, and instead of letting the door close, he starts asking us how the family is doing, how we are doing at school and what our pets are called. The Chihuahua dog of the lady on the 12th floor always barks at him, and Don Pedro does nothing but reply: "When I was alive I was bitter too!". So I get the impression that he takes advantage of his ghost quality, and because he has infinite time, he has taken it all as a game. But what if that's not the case? What if Don Pedro only talks to us to avoid being sad?

          I often think about what would be the best option to help him. Perhaps I could send an e-mail to the office of assignments from the afterlife, and ask them to please move Don Pedro to one of those haunted houses that are at ground level -because there are flying ones too-, or at least to one of those pompous residential complexes that have escalators.

          But then I think of how fond I am of my ghost and I find it sad to see him replaced by someone I don't like, who doesn't talk to animals and wasn't a firefighter. I would miss Don Pedro too much!

          The only option I can find, so that Don Pedro can leave the building without having to leave forever, is for someone to be so kind as to offer Don Pedro their company in the elevator, from the fifth floor to the ground floor, and talk to him about chess, and about environmental pollution, so that he is distracted and does not get nervous.

          The thing is, Don Pedro doesn't trust us enough to feel comfortable enough to get on the elevator. None of the neighbors have yet been able to convince him that it is safe to join the ride.

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Made by: Pikisuperstar - Freepik

          But I am not going to give up. Every day I get to know Don Pedro better, and when we become great friends, he will surely agree to go downstairs with me to buy bread, and later on he may even accept an invitation to go up to the tenth floor and share a coffee -without sugar, as he likes it- sitting in front of the TV in my living room.

          If that doesn't work, then maybe it is necessary for the right person to move into the building to befriend Don Pedro, someone with whom he feels identified, who also wears glasses and has rain boots, and who also has some strange phobia and likes to hide under the sheets.

          And then, only then! Don Pedro the ghost will realize that there is nothing to be afraid of, and he will go up the elevator in the company of that brave friend, and he will be able to go from the town square to the laundry, from the grocery store to the newsstand, and talk about the weather with a new person every day, before returning to the important ghostly work on his fifth floor.


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Créditos - Credits

Edición de la portada / Cover editing: Adobe photoshop
Escobita voladora / Flying broom - Vector de Dibujos animados creado por brgfx - www.freepik.es
Sombrero con cuaderno / Witch hat with book - Vector de Libro creado por brgfx - www.freepik.es
Castillo volador de firma / Signature flying castle - Imagen de my best in collections - see and press 👍🔖 en Pixabay
Traducción al inglés / English translation: DeepL versión gratuita

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¡Muchas gracias, querida Tribu creativa! 😍❤️

Un relato muy gracioso, narrador en primera persona, con una mezcla muy creativa entre ficción y realidad. Me gusta la atmósfera que creas entorno a don Pedro y su irónico miedo de bajar por un ascensor; una maravilla de relato que por estar bien narrador nos hace identificarnos con las emociones del fantasma y de la narradora.

¡Qué comentario tan precioso, Jesús! Me has calentado el corazoncito en este día lluvioso. ¡Muchisísimas gracias! Me pone muy feliz tener un feedback tan genial de quien considero un experto en historias para peques ❤️✨

Un abrazo grandotote para ti!!

Tu relato es una de mis opciones para releer cuando quiera entrar al mundo de lo fantástico; también lo propuse para el informe semanal de The Creative Coin Fund Curation Weekly, si no me aprueban lo segundo, cuenta con lo primero.

Que cuenta tan poderoso de verdad, es animado y comico, pero contiene un poder especial al leerlo, un tanto reflexivo, sobre todo referente al tiempo infinito del atasco del fantasma Don Pedro. Los elementos de narracion estan muy bien engranados.

Lo mas atractivo del cuento es su originalidad, nunca habia leido un cuento donde el fantasma sufriera los mismos males de vivo, eso lo hace divertido y rico en su contenido.

Saludos amiga.

¡Qué bonito comentario, Ricardo! 😍 En esto se nota la sensibilidad que tienes al leer!

Siempre digo que el valor de la literatura va más allá de lo que se lee, está más bien en las interpretaciones que uno hace de la lectura, y tú sin duda has hecho una excelente interpretación de mi historia. ¡Muchas gracias por tomarte el tiempo de dejarme estas palabras!

Un grandísimo abrazo para ti ❤️

¡Muy bueno tu cuento! Me encantó la frescura con que está relatado. ¡Saludos!