El perro infernal

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Cuando yo tenía como unos 12 años aproximadamente, papá me regañaba mucho porque yo era muy curioso, tanto así que me encantaba asomarme por la ventana a altas horas de la noche, así que un día quiso advertirme.

-Hasta que no te asusten, no se te va a quitar la mala costumbre de mirar por la ventana.

El hecho es que mi papá ese día no pudo meter su carro en el garaje de nuestra casa, tuvo que dejarlo a la salida de la calle; por razones obvias, esa noche se asomaba a cada rato porque quería echarle un ojito al carro y luego regresaba a su cuarto, por lo que yo también me desvelé.

Me acuerdo perfectamente que justo a las 3:00 de la madrugada mi papá que se volvía asomar a vigilar se queda como petrificado y mamá al ver que no se movía le pregunta.

-¿Amor, que te pasa?—No reaccionaba, entonces ella insistió, hasta que totalmente aterrado y con un semblante que yo nunca antes había visto exclamó.

-¡Acabo de ver algo muy insólito; un enorme perro negro, con ojos rojos y colmillos brillantes, era muy feo, sobre todo sus garras curvas y afiladas. Tenía puesta una cadena muy gruesa.—Calló por unos segundos tratando de buscar las palabras.

-¿Y eso qué tiene de raro?-_¡Los eslabones eran muy antiguos, pero lo más extraño de todo es que la cadena estaba suspendida, como si alguien lo tuviera agarrado!

-¿En serio?

-Si, como si una mano invisible lo guiara hacia mí. Además estaba acompañado por un gato con aspecto igual de diabólico

Mamá no alcanzó a ver el perro ni al gato, ni yo tampoco, pero mientras él nos contaba todo con lujo de detalles, afuera se escuchaba un aullido tenebroso, fuera de lo común, como si se tratase de un perro diabólico. ¿Por qué estaba allí?, ¿qué quería?, ¿alguien lo enviaba?, ¿venía por alguien?, ¿nunca lo supo?

Aquella noche no pudo dormir, su semblante era tan pálido que jamás olvidaré, estaba tan aterrado como si hubiese visto algo del inframundo para lo que no estaba preparado.

Ese mismo día decidió no asomarse nunca más por las ventanas, ni siquiera le importó si le robaban el carro, no estaba dispuesto a volver a mirar aquel espantoso perro infernal.

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Yo tampoco me asomaría por nada del mundo, jajajaja. Muy bueno ese relato amigo. ¡Felicidades!

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