Morir en el océano y comer en la playa

in #spanish9 months ago

Vámonos al mar. A ése mar océano frío y turbulento donde se han ahogado tantos pescadores. Intentemos ponernos en la piel salpicada por gotas casi de hielo, pegajosas de salinidad y espesamente húmedas, en la piel de los pescadores que faenan en un mar tan inhóspito como el revuelto océano Atlántico de Terranova, Mar de Labrador, estrecho de Hudson, en la zona alta de Canadá, mirando ya al círculo polar.

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Fotograma de "La Tormenta Perfecta"

Aguas en las que abunda el fletán negro, esa especie de rodaballo que tanto gusta en Asia, y el bacalao, que compra todo el mundo. En esas embravecidas aguas, en ese lugar duro y retador pescan desde siempre barcos gallegos como el Villa de Pitanxo, tocado, hundido y muerto esta semana pasada. A ese mar y a esas pesquerías de barcos españoles en ese culo del mundo nos lleva el eco de la memoria a quienes tenemos los años suficientes para recordar que, a finales de los años de 1990, se inició una crisis diplomática entre Canadá y España por los derechos para pescar el fletán en los denominados "Grandes Bancos", ese trozo de plataforma continental entre Terranova y Labrador de la que hablo, justo donde empieza el océano a ser de todos y de nadie, al otro lado del límite de la zona económica que sí pertenece legalmente a Canadá. Esos grandes bancos son protagonistas también del naufragio del "Andrea Gail" en 1991, un pesquero parecido al ahora tristemente naufragado barco gallego, que tampoco volvió nunca a casa, la que para ellos era el puerto de Gloucester. Aquel barco fue hundido por una ola gigante en pleno temporal. En concreto, la nave debería haber vuelto a Gloucester el día 26 de octubre de 1991, pero la tripulación aplazó la fecha al día 30 por un fallo en el congelador que le hizo perder parte del pez espada que habían capturado. Durante la tormenta el capitán (que en la película que recreó lo sucedido, "La tormenta perfecta", dirigida por Wolfgan Petersen, encarna George Cloney) informó por radio al barco pesquero "Hannah Boden" (del mismo armador y muy parecido al "Andrea Gail") que estaban siendo golpeados por olas enormes, de unos 10 metros, y zarandeados por vientos de 150 km/h. El marino comunicó su posición por última vez, unos 300 kilómetros al noroeste de la ISLA SABLE, en los aledaños de donde pescaba esta semana, también por última vez, el "Villa de Pitanxo". La última comunicación por radio que dio el Andrea Gail, traducida, fue: «ella va a venir muchachos, y va a venir muy fuerte» El capitán se refería seguramente, en plena tormenta y quizá avistando ya aquella montaña de agua, a la ola de 30 metros que los volcó y hundió para siempre, como refleja de forma impresionante la película que desde aquí recomiendo y también su emocionante y eficaz BSO.

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George Clooney y Mark Whalberg en la película

Morir en el océano frío de Terranova. Vivir para morirse en el mar sabiéndolo a diario. Trabajos para sobrevivir duros como el lomo agrisado de los enormes peces que en enormes bancos obligan a darlo todo en el esfuerzo, en ocasiones peleando con el mar lo que del mar se saca con sacrificio legendario, con frío, con la pegajosa salinidad helada en los brazos y en la resistencia mojada de las piernas, con las botas empapadas y el crujido del casco de ese otro pez de madera, fibra e hierro que es el barco donde viven, donde piensan a los suyos, trabajan, se agarran, juran y descansan cuando pueden mientras dura la campaña de pesca soñando con obtener buenas capturas, con soportar la mala mar y, sobre todo, con volver a casa.

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Algunos de los pescadores ahogados en Terranova

Descansen en paz nuestros marineros muertos en los océanos y abrazo y respeto y consideración siempre a sus familias. Ayer comí pescado con mi mujer y mis hijos en un chiringuito junto a la playa del barrio de Pedregalejo, en Málaga. Y no dejé de pensarlo…

(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es