“Alanís” (2017) de Anahí Bernerí: Poner de frente la prostitución.

in #cervantes4 years ago (edited)

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Hacer una lectura a las primeras sobre la obra cinematográfica de Anahí Bernerí, “Alanís” y caer en el discurso monótono de perseguir o descalificar la prostitución como oficio, me parece contribuir al problema. La séptima película de la argentina, no escatima en dejar al descubierto el problema de la prostitución como un asunto de estado, a sabiendas, que pisaba terrenos no fáciles de entender ni quiera para el movimiento feminista. Porque si, ciertamente nos cuesta abarcar este tema y tratar de reflexionar sobre él, de asumir de lo que estamos haciendo y que somos incapaces de observar más allá de nuestras narices. Hay una diferencia entre la trata de mujeres y la prostitución y, en el caso de Bernerí, prefirió hablar sobre la vida de una mamá prostituta –Alanís- que decide sobre su cuerpo: cuándo, dónde y con quien o no estar, a pesar de ser tachada por el estado e, inclusive, algunas de sus colegas. Aquí el tema es claro y lo manifestó la directora del filme en una de sus entrevistas: “Llevar la dignidad como bandera”. De hacerse y mantenerse en el mismo mundo que conoces y elegiste. La polémica de crear un personaje que vende su cuerpo para subsistir y que además, vemos amamantar a su hijo de un año y medio que, al parecer, se convirtió en la única excusa que se conoce y que estamos cansados de decir: prostituirse por su hijo y para su hijo. ¿Será esto cierto?

El oficio de la prostitución muchas veces se elige, ya sea por necesidad o por gusto. Anahí Bernerí quiso dejar claro que no hacía un filme sobre la trata de mujeres, pero que, sin embargo, las autoridades son quienes insisten en perseguir, descalificar y tachar a las mujeres que tienen como oficio la venta de su cuerpo, buscando siempre un culpable en la trata de mujeres. Así conocemos a Alanís, personaje encarnado por Sofía Gala Castiglioni, una madre prostituta que vive alquilada en un apartamento junto a su amiga y colega, Gisela, quién, al mismo tiempo, cuida de Dante, el hijo de un año y medio de Alanís. Ambas trabajan desde casa e imponen sus propias medidas, pero cuando las autoridades llegan haciéndose pasar por clientes, Alanís debe pelear por su posición dentro del oficio, llevando su dignidad a cuestas y haciendo lo que mejor sabe hacer: vender su cuerpo. Luchar contra el estado que la persigue, ayudar a su compañera, quien ha sido injustamente acusada de trata de mujeres y mantener a su hijo. Todo esto bajo los prejuicios sociales y las reglas para quienes ejercen la prostitución en las calles.

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Sofía Gala Castiglioni junto a su hijo, Dante Della Paolera.

El filme de Bernerí, no muestra a un personaje que no es solamente víctima del estado. Aquí la realidad es bastante clara y se pone en debate lo que nos muestra en su metraje. La prostitución no es una profesión legal en Argentina, pero aunque no se esté hablando de una trata de mujeres, no deja de ser una persecución por parte del gobierno. Existe siempre el miedo social de ser juzgada o que te quiten a tu hijo. Es por ello que Alanís representa a una prostituta que se juega para mantenerse en su mismo terreno y seguir criando a su bebé. No se trata de tema sino de personaje, pues todos hemos conocido a una María Esposito, -alias Alanís- que es madre y trabaja como prostituta. La película, incluso, ha sido capaz de hacer alarde a la tipita ofensa que hacen al calificar de “hijito de puta” entre familiares y conocidos. Así lo vemos en la escena donde Alanís declara ante la policía y no piensa más allá de los prejuicios sociales cuando se trata de comer y pagar deudas.

Policía: ¿Y cuándo vos trabajás, quién te cuida al nene?
Alanís: ¿Vos tenés hijos? ¿Le pagas a una niñera o los cuida tu mujer? Pagás el alquiler, ¿No? Con tu trabajo. Bueno, ¡Imagínate! Yo también.

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Escena de la declaración de Alanís en la fiscalía. En el fotograma de arriba observamos que el plano se filmó detrás del vidrio templado que visualizamos en el fotograma de abajo.

La mirada intimista, casi a modo de documental, nos brinda ese toque realista que solemos apreciar en el cine de ficción latinoamericano, y que muchas veces nos identifica y conmueve. Los planos fijos y la composición de los mismos han sido pensados con mucha cautela. Los escenarios que nos da la sensación de ser espacios pequeños (como es el caso de la tienda de ropa de Andrea), nos aleja del personaje en un juego donde espiamos a través del cerrojo. Empero, no es más que la elección de planos abiertos, cuya distancia focal entre el objetivo y el personaje nos hacen entrar en su universo, donde por momentos sólo vemos una parte del cuerpo de los personajes, una vez que se desplazan dentro del cuadro.

Bernerí decide utilizar el recurso del espejo en casi todas las escenas, inclusive, se atreve a que el personaje se observe a sí misma, en la única escena del filme donde la vemos tener relaciones sexuales con un cliente. En esta parte del filme, no sólo descubrimos –gracias a sus expresiones corporales- que no disfruta del sexo, sino también la manera en que es degradada sólo por ofrecer sus servicios. Ciertamente, Alanís prefiere prostituirse a limpiar baños por 20 pesos, es capaz de decidir sobre su cuerpo y ser totalmente consciente de ello, y es que, lamentablemente, cuando buscas en el diccionario los sinónimos del verbo prostituir te aparecen palabras como: degradar, rebajar, humillar, deshonrar, desacreditar, algo que nos han hecho creer toda la vida, incluso para quienes pagan por sexo y no dudan en denigrar a las mujeres que ejercen a la prostitución. Si, las mujeres que ejercen la prostitución, porque, irónicamente, nos cuesta decir la palabra prostituta.

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En el fotograma de arriba vemos como el espejo de la entrada nos permite ver a Alanís, quien le abre la puerta a dos hombres que se hacen pasar por clientes. En el fotograma de abajo apreciamos desde un plano más abierto como entran a la fuerza para clausurar el lugar.

Alanís, es un filme que nos muestra los lados amargos y felices de las prostitutas. Nos habla de compañerismo, dignidad, violencia y, sobre todo, nos replantea los valores de la sociedad desde la ética y la moral.

La última vez que vi Alanís, fue con mamá, por supuesto este tipo de películas no es de su agrado, pues indudablemente preferiría ver un filme donde el príncipe rescata a la prostituta como en Pretty Woman. Para mi madre la vida de Alanís es una vida muy triste y desdichada. En la escena donde Alanís regresa a la tienda de su tía, luego de estar con un cliente y ser físicamente agredida por sus “colegas” de la calle, vemos al personaje de Sofía Gala, entregarle el dinero que le debe a Andrea, quien se encuentra jugando con Dante, y le dice que lo guarde para una pieza, mientras ella cuida del niño. De inmediato, Alanís le exige a su tía (Andrea) que le entregue a su hijo, ésta no duda en calificarla de “hija de puta” y en negarse a entregarle a Dante. Por supuesto, Alanís se acerca a Andrea hasta quitarle a la criatura. Esta escena es una representación más de la creencia errónea que cualquier otra persona puede criar mejor a un niño que una madre prostituta. Prueba de ello lo obtuve al escuchar el comentario de mi madre: “¿Por qué no deja que la tía cuide al bebé, si se ha portado bien con ella y el niño? Incluso le puede dar una mejor vida.”. Por un momento creí que no habíamos visto la misma película, porque la única lectura que pude hacer sobre esa escena era la de “rescatar” al bebé de ser un hijo de puta y, por supuesto, de una mujer que creía ser mejor y más apta para la crianza de un niño.

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La elección de las locaciones permitió jugar con un único plano abierto de manera que podamos apreciar todo el espacio fílmico. En el fotograma de arriba, vemos a Alanís en uno de sus lugares de trabajo (limpiando baños). En el fotograma de abajo la vemos en la tienda de ropa de su tía, donde se observa claramente el espacio donde duerme Alanís (izquierda) y Andrea (hacia el lado derecho del cuadro)

Al final del film, Alanís logra conseguir un lugar donde puede vivir y trabajar de lo que sabe hacer. No se trata de la “resignación” de una mujer, sino de todo lo que tuvo que pasar y lo que decidió por sí misma y para su hijo. Sin remordimientos, sin pensar, si quiera, si se trata de algo que está bien o mal. Simplemente hace las cosas porque tiene que hacerlas y trabaja como lo haría el verdulero de la esquina, el médico, la señora de limpieza o el juez. Lo que deberíamos replantearnos con un film como Alanís, es si realmente lo bajo, denigrante y humillante del oficio es ser prostituta o estafar y violentar a un individuo desde otra profesión ¿Quién agrede a quién?

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En estos tres fotogramas no sólo vemos el uso (muy inteligente) de dos espejos, sino que se trata de la única escena donde la vemos tener relaciones sexuales y donde, además, se ve a sí misma.

La obra maestra de Bernerí, fue el filme más premiado en el Festival de San Sebastián, al recibir tres galardones: la Concha de Plata a la mejor dirección, mejor actriz (Sofía Gala Castiglioni) y el Premio a la Cooperación Española. Esta película es una de las pocas donde no se emite un juicio de valor, a pesar de centralizar el problema desde la mirada social. En ningún momento el autor manifestó que ser prostituta estaba mal, de hecho, se atrevió a hablar de un tema que es sumamente difícil, incluso, para quienes ejercen la prostitución.

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Cabe destacar que existe a lo largo del filme donde el espejo juega con todo el espacio fílmico, con un único valor de plano.

Durante los meses que escribí el guion de mi cortometraje, Victus Eva, me encargué de ver filmes que hablaran sobre prostitución para tratar de crear mi universo. No obstante, no supe de Alanís hasta un mes antes de rodar mi cortometraje, cuando ya tenía concretada mi propuesta estética y mi equipo de trabajo. En el último minuto la obra cinematográfica de Anahí Bernerí, se convirtió en otro referente (sobre todo fotográfico) de mi ficción, junto a Ida de Pawel Pawlikovski. Para mí ver la actuación de Sofía Gala, me recordó a mi personaje secundario (Nena) y fue, sin duda, una joya visualizada justo a tiempo, que no sólo fue instrumento de la cátedra de análisis fílmico en cuanto a los estudios sobre psicoanálisis y feminismo. Alanís es un filme que nos permite la entrada a un mundo ajeno e incomprensible desde una mirada voyerista, donde al final nuestra única preocupación es reinventarnos los sinónimos de un oficio que ha tardado mucho en vindicarse.

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Todos los fotogramas son capturas de pantalla realizadas por mi. El texto pertenece a mi autoría.

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Este drama parece ser muy interesante y con planes estéticos y estratégicos bien planificados.

Buena reseña, @tefiefranco.