




Hello, dear Geek Zone community!
I am fulfilling an important duty that I approach with a deep sense of human responsibility, fundamental to my life goals: giving my grandson a scientific calculator. This young man is in his third year at the Simón Bolívar Technical School in Naguanagua, studying Telematics and Computer Science, a momentous stage in his development that reminds me of my own days as a student and my encounter with the fundamental subjects: Mathematics, Physics, and Chemistry.
For several days, we discussed as a family to determine the model that best suited Alejandro's needs, reaching a consensus that it should be functional and affordable. I asked him directly how he managed without this tool, to which he replied that he used reasoning and performed the procedures mentally. In light of his response, I decided to improve his situation. It should be noted that I have always looked after his well-being, assuming responsibility for his support since his birth as my son's son.
After surveying local stores and deliberating on quality and cost, we opted for the most economical calculator. Two days later, I made the purchase and gave him the gift. The initial review prompted one observation: the apparent fragility of the keys. Consequently, we warned him about the need to take extreme care, emphasizing that it is his personal property and should not be lent to others.
The main benefit of the scientific calculator lies in the fact that it enables students to focus on understanding, analyzing, and modeling real problems, rather than wearing themselves out with extensive calculations. This allows for the agile exploration of patterns, graphs, and functions, stimulating critical thinking and the formulation of conjectures.
In the context of Venezuelan educational institutions, the proper use of calculators encourages an essential pedagogical practice. The focus should transcend mere calculation, positioning calculators as a teaching tool for exploring and understanding complex concepts, especially in mathematics and science. In this way, it helps young people to construct and reconstruct mathematical models in a structured way to solve problematic situations, a fundamental process for the development of scientific skills in the classroom. In essence, teaching how to use it is part of the technological literacy that is essential for their future.
The observation about the fragility of the equipment led me to reflect on the inherent condition of planned obsolescence of these devices and the need to combat it through care. A scientific calculator should be seen as an educational investment.
Taking care of it is crucial to maximizing its useful life. Preventive actions such as avoiding drops, spills, and keeping it in its case will not only result in the device not having to be replaced repeatedly, minimizing long-term expenses, but also instill a habit of conservation. Similarly, by extending the device's durability, I am raising my grandson's awareness about reducing electronic waste. Consequently, this promotes a more sustainable and responsible culture of consumption.
Maintenance, which promotes economic stability, is simple: keep it in its box, clean the case and keys regularly, and replace or remove the batteries when necessary to prevent damage.
The Family as an Ethical Framework in the Face of Obsolescence
The strategy of preserving an item to extend its useful life is a domestic practice with educational value that directly opposes the logic of rapid consumption driven by obsolescence.
The family is the first educational entity that establishes the difference between the intrinsic value of an object and its market price. Therefore, by teaching my grandson to take care of his calculator, I am reaffirming that family ethic. I am conveying to him the value that quality and preventive maintenance are more important than constantly buying replacements. The home is the primary environment where the values of responsibility, economy, care, and sustainability are forged.
In conclusion, the educational institution provides the technical framework, while the family provides the ethical and moral framework. Consequently, it is this synergy that succeeds in forming a young person who is academically competent and, at the same time, aware of their role as a responsible consumer in the face of the pressures of obsolescence.



The photographic samples taken with my realme Pro 7 phone are my property.
Spanish
English Version





¡Hola, estimada comunidad de Geek Zone!
Cumplo con una importante prerrogativa que abordo con profundo sentido del deber humano, fundamental para mis propósitos de vida: obsequiar una calculadora científica a mi nieto. Este joven cursa el tercer año en la Escuela Técnica “Simón Bolívar” de Naguanagua, en la mención Telemática e Informática, una etapa trascendental en su desarrollo que me evoca mis propios días de estudiante y el encuentro con las asignaturas fundamentales: Matemática, Física y Química.
Durante varios días, dialogamos en familia para determinar el modelo que mejor se ajustaba a las necesidades de Alejandro, llegando al consenso de que debía ser funcional y accesible. Le consulté directamente cómo procedía sin esta herramienta, a lo que respondió que utilizaba el razonamiento y ejecutaba los procedimientos mentalmente. A la luz de su respuesta, decidí mejorar su situación. Cabe destacar que siempre he velado por su bienestar, asumiendo su apoyo desde su nacimiento como mi hijo-nieto.
Tras sondear el comercio local y deliberar sobre la calidad y el costo, se optó por la calculadora más económica. Dos días después, concreté la compra y le hice la entrega del obsequio. La revisión inicial generó una observación: la aparente fragilidad de las teclas. En consecuencia, le advertimos sobre la necesidad de extremar los cuidados, subrayando que esté bien personal, no debe ser prestado.
El principal beneficio de la calculadora científica radica en que faculta al estudiante a dedicarse a la comprensión, el análisis y la modelización de problemas reales, en lugar de desgastarse en cálculos extensos. Esto permite la exploración ágil de patrones, gráficos y funciones, estimulando el pensamiento crítico y la formulación de conjeturas.
En el contexto de la institución educativa venezolana, el uso adecuado de la calculadora anima una práctica pedagógica esencial. El enfoque debe trascender el mero cálculo, posicionándola como una herramienta didáctica para la exploración y la aprehensión de conceptos complejos, especialmente en Matemáticas y Ciencias. De este modo, ayuda a los jóvenes a construir y reconstruir modelos matemáticos de forma estructurada para resolver situaciones problemáticas, un proceso fundamental para el desarrollo de competencias científicas en el aula. En esencia, la enseñanza de su manejo se inscribe dentro de la alfabetización tecnológica indispensable para su futuro.
La observación sobre la fragilidad del equipo me llevó a reflexionar sobre la inherente condición de obsolescencia programada de estos dispositivos y la necesidad de combatirla mediante el cuidado. Una calculadora científica debe verse como una inversión didáctica.
Su cuidado es determinante para maximizar su vida útil. Acciones preventivas como evitar caídas, derrames y mantenerla en su estuche no solo redundarán en la no sustitución recurrente del aparato, minimizando el gasto a largo plazo, sino que también inculcan un hábito de conservación. De igual forma, al prolongar la durabilidad del dispositivo, estoy sensibilizando a mi nieto sobre la reducción de la generación de residuos electrónicos. Por consiguiente, esto promueve una cultura de consumo más sostenible y responsable.
El mantenimiento, que fomenta la estabilidad económica, es sencillo: custodiarla en su caja, limpiar la carcasa y las teclas regularmente y reemplazar o retirar las baterías cuando sea necesario para evitar daños.
La estrategia de preservar un bien, para extender su vida útil, es una práctica doméstica con un valor formativo que se opone directamente a la lógica de consumo rápido impulsada por la obsolescencia.
La familia es el primer ente educador que establece la diferencia entre el valor intrínseco de un objeto y su precio de mercado. Por ende, al instruir a mi nieto sobre el cuidado de su calculadora, estoy revalidando esa ética familiar. Le transmito el valor de que la calidad y el mantenimiento preventivo son más importantes que la constante adquisición de reemplazos. El hogar es el entorno primario donde se forjan los valores de responsabilidad, economía, cuidado y sostenibilidad.
En conclusión, la institución educativa facilita el marco técnico, mientras que la familia provee el marco ético y moral. Consecuentemente, es esta sinergia la que logra formar a un joven competente, académicamente y, a la vez, consciente de su rol como consumidor responsable frente a las presiones de la obsolescencia.



Las muestras fotográficas tomadas con mi teléfono realme Pro 7 son de mi propiedad patrimonial.
Idioma: Post escrito en español y traducido al inglés con la ayuda de DeepL
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