Muchas gracias por tus palabras y por ese abrazo virtual que, te lo aseguro, me llegó al alma en el momento justo. Es reconfortante saber que del otro lado de la pantalla hay alguien que entiende perfectamente este sentimiento sin juzgar el desahogo.
Tienes toda la razón; mi hijo es mi motor absoluto y la razón por la que me levanto cada mañana con la mejor sonrisa posible. Pero como bien dices, guardarse las cosas solo envenena, y esos minutos para descargar y llorar a oscuras fueron mi válvula de escape para poder seguir adelante.
Gracias por recordarme que no debo bajar los brazos y por tus buenos deseos. Amparo mi fe en que esa oportunidad llegará pronto.
Te devuelvo el abrazo con mucho cariño. ¡Gracias por leerme y por tu empatía!