Small changes that transform / Pequeños cambios que transforman (eng-esp)

in Holos&Lotus15 hours ago

Greetings, friends.

I wake up every morning at the same time. I drink the same coffee from the same mug. I have a more or less fixed work schedule. Routine isn't my enemy; it's the skeleton that supports my discipline and a large part of what allows me to write.

However, I've learned that when the skeleton becomes the prison, I'm lost.

Comfort is a soft mattress into which it's very easy to sink and never get up again. That's why I force myself to seek change. Not abrupt, radical, or dramatic changes, but small alterations, sometimes almost insignificant, that keep perception alive.

I'm suspicious of people who claim to always be the same. If there's no change, there's stagnation. And stagnation is a living death. So I apply a simple rule: every week, I introduce something new, something modified. It doesn't have to be grand. Last week it was changing the route of my daily walk.

Instead of turning right, I turned left. I discovered a small bookstore I didn't know existed. This week, it was reorganizing the books on a shelf by color, instead of by genre or author.

The result is chaotic and not very practical, but every time I enter the room, that wall surprises me. It makes me see books not just as containers of ideas, but as objects.

I change the place where I write. Sometimes in the studio, sometimes in the kitchen, sometimes in a noisy café. A change of scenery brings with it a change of perspective.

I try a new food whenever I can. A different flavor is a pure sensory experience, a reminder that the world is wider than my usual palate. I get a different haircut. I buy a blouse in a color I wouldn't normally wear. I learn something, anything: the name of a constellation, how a hydroelectric dam works, a new word in a language I don't know.

The key, and this is crucial, is to do it while maintaining your essence. It's not about reinventing yourself like an imposter every Monday.

I am who I am. My values, my fundamental principles, my core self, remain. But the outer layer—habits, settings, stimuli—those need movement. Innovation in the everyday is an antidote to resignation.

I see this as adding color to my true self.

This constant exercise in change has a cumulative effect. It keeps the mind agile, curiosity alive. It prevents the brain from becoming too accustomed, from going through life on autopilot. It makes you an active observer of your own life.

In the end, you don't change things to transform your routine; you change small things so that the routine doesn't transform you, so that it doesn't turn you into just another piece of furniture in your own house. Life is in the details, and in moving them around from time to time.



Saludos, amigos.

Me levanto todas las mañanas a la misma hora. Me tomo el mismo café en la misma taza. Tengo un horario de trabajo más o menos fijo. La rutina no es mi enemiga; es el esqueleto que sostiene mi disciplina y gran parte de lo que me permite escribir.
Sin embargo, he aprendido que cuando el esqueleto se convierte en la celda, estoy perdida.
La comodidad es un colchón mullido en el que es muy fácil hundirse y no volver a levantarse. Por eso, me obligo a buscar el cambio. No cambios bruscos ni radicales o dramáticos, sino pequeñas alteraciones, a veces casi insignificantes, que mantienen viva la percepción.

Sospecho de la persona que dice ser siempre la misma. Si no hay cambio, hay estancamiento. Y el estancamiento es la muerte en vida. Así que aplico una regla simple: cada semana, introduzco algo nuevo, algo modificado. No tiene que ser grandioso. La semana pasada fue cambiar la ruta de mi paseo diario.
En lugar de girar a la derecha, giré a la izquierda. Descubrí una pequeña librería que no conocía. Esta semana, fue reorganizar los libros de una estantería por color, en lugar de por género o autor.
El resultado es caótico y no muy práctico, pero cada vez que entro en la habitación, esa pared me sorprende. Me hace ver los libros no solo como contenedores de ideas, sino como objetos.

Cambio el lugar donde escribo. A veces en el estudio, a veces en la cocina, a veces en un café ruidoso. El cambio de entorno arrastra consigo un cambio de perspectiva.
Pruebo una comida nueva cada vez que puedo. Un sabor distinto es una experiencia sensorial pura, un recordatorio de que el mundo es más amplio que mi paladar habitual. Me corto el pelo de forma diferente. Me compro una blusa de un color que normalmente no usaría. Aprendo algo, cualquier cosa: el nombre de una constelación, cómo funciona una presa hidroeléctrica, una palabra nueva en un idioma que no sé.

La clave, y esto es crucial, es hacerlo manteniendo la esencia. No se trata de reinventarse como un impostor cada lunes.
Soy quien soy. Mis valores, mis principios fundamentales, mi “yo” nuclear, permanecen. Pero la capa exterior, los hábitos, los escenarios, los estímulos, esos necesitan movimiento. La innovación en lo cotidiano es un antídoto contra la resignación.
Esto lo veo como insertarle colores a mi verdadero yo.

Este ejercicio constante de cambio tiene un efecto acumulativo. Mantiene la mente ágil, la curiosidad encendida. Evita que el cerebro se acostumbre demasiado, que se pasee en piloto automático por los días. Te convierte en un observador activo de tu propia vida.
Al final, no cambias las cosas para transformar tu rutina; cambias pequeñas cosas para que la rutina no te transforme a ti, para que no te convierta en un mueble más de tu propia casa. La vida está en los detalles, y en moverlos de lugar de vez en cuando.

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Eres maravillosa. Te quiero y admiro.