Así mismo es, mi bella… la cosa está cuesta arriba y cada día toca hacer magia para rendir lo poco que hay. Pero como bien dices, tener a nuestros hijos cerca nos da fuerza, nos recuerda por qué seguimos luchando y nos llena el corazón incluso cuando la nevera está medio vacía.
Y sobre el cabello… ¡me hiciste reír! Prometo pensarlo dos veces antes de hacer una locura con las tijeras. Gracias por tanto cariño.