Odie mi primer trabajo, ir era una tortura. Sin embargo debía de hacerlo porque con ello podía comprar un poco de alimentos para mi hogar. Solo un poco. Se trabajaba muchísimo, y el pago no compensaba ni el trabajo ni los malos tratos que se recibían.
Luego, cuando me despidieron por pedir un aumento de sueldo, me di cuenta de que ningún trabajo que sientas que te tortura vale la pena.
Es difícil, sobre todo cuando hay cuentas por pagar.
Un mal recuerdo de ese primer trabajo, lamentablemente, pero de eso también se aprende.
Un trabajo que genere tal nivel de estrés o presión, lo mejor, es dejarlo y buscar algo que tal vez no pague igual, pero que no dañe la salud mental.
Pero se que es más fácil decirlo que hacerlo, porque hay realidades.