Hola, ¿qué te gustaría beber? / relato

in Cervantes3 months ago

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Siempre me he imaginado ese lugar con las luces tenues y a Susam observando un montón de desgraciados moverse al ritmo de una melodía fúnebre, si ellos supieran lo que yo sé.

Irse es mejor...

Para Susam era agradable salir por la tarde y esperar bajo la encina el autobús que la llevaría al centro de la ciudad donde trabajaba por las noches, ese intervalo de tiempo que conseguía en ese improvisado lugar al aire libre no lo cambiaría por nada del mundo y se debía a dos cosas, la primera porque le servía para reflexionar sobre todo lo que estaba pasando en su extraña vida, y la segunda paz, la tranquilidad que sentía al estar lejos de su casa.

Pero, regresar...

Era exponencialmente doloroso volver, porque cada mañana el sol le quemaba la espalda como aquellas miradas de odio y asco que tenía que soportar a diario de sus vecinos. A pesar de ello no le importaba la opinión de los demás, mientras sus bolsillos estuvieran llenos de propinas, más el jugoso sueldo quincenal que merecía por lo que tristemente hacía en ese bar llamado inferno, todo parecía ir bien, sumado a esto ver a su madre sana, sonriendo sin preocuparse por el dinero para pagar su tratamiento le confirmaba que nada más debía enfocarse en mejorar su estabilidad económica y creer que su sacrificio algún día le daría buenos frutos, Susam anhelaba que su mamá se levantara de la cama sin temor a que la muerte le mordiera los tobillos.


Pero, ¿qué es este lugar llamado inferno?

Inferno no es el típico bar que se ve en las películas, ubicado en algún lugar sórdido donde cualquier diablo podría entrar, al contrario, la zona es una de las más exclusivas y frecuentada por los hijos de papá y mamá más ricos de la ciudad, tampoco funciona únicamente para emborracharse, divertirse y ahogar penas, este lugar representaba algo más oscuro, un misterio indescifrable que pocos se atrevían a investigar y esos pocos atrevidos desaparecían sin dejar rastro, abracadabra.

Entiéndase, cada persona que entraba a inferno, prácticamente de forma inocente, firmaba un contrato con los abogados de la muerte, es decir, su destino dependía de los demás, y también de lo sano que estuviera su cuerpo. Aquí sería perfecta la frase que Susam siempre menciona "quita a este y colócalo a este otro".

En fin, en la puerta de entrada, como cada noche, estaba el tuerto, un tipo grande cubierto de músculos y tatuajes que anotaba en un cuaderno los datos de los visitantes e informaba inmediatamente por radio cuando descubría posibles candidatos, en los que encerraba sus nombres en un círculo con tinta roja. El tuerto también verificaba que ningún indigente o persona vestida de forma harapienta tuviera acceso al lugar, increíblemente, uno de los requisitos para visitar infierno era la buena vestimenta, ya que era obvio, por las finas ropas, que no era cualquier pendejo que moría de curiosidad por acceder al lujoso bar. Definitivamente, a esta gente le gustaba la carne de primera.

Una vez que alguien era marcado por el tuerto, entraba en acción un equipo de camareros y otros, que se encargaban de evaluar y socializar con estas personas con el único fin de obtener datos y una muestra de sangre sin ser detectados, por supuesto, lo que representaba un verdadero reto para lograrlo en el tiempo que el cliente estaba allí. ¿Por qué una muestra?, porque la sangre revelaría si es compatible para saltar al siguiente paso.

Apuesto a que al principio de esta historia tenías una vaga idea de que Susam era una prostituta barata, ¿verdad? Pues bien, si es así estabas equivocado. Es una mujer guapa e inteligente y atiende la barra, sirve bebidas y tiene la maravillosa agilidad de hacer que los clientes no solamente se fijen en su escote, sino que escupan sus patéticas vidas, lo que facilita aún más su trabajo, ya que puede utilizar el plan A sin necesidad del plan B, me explico, Susam desde su pequeño espacio iluminado y lleno de botellas e ingredientes exóticos puede preparar bebidas fuertes que son capaces de tumbar a un dinosaurio en pocos minutos si se lo propusiera, entonces esa mujer de 28 años siempre sabe aprovechar ese instante en el que la cara del cliente descansa sobre la barra mojada por la borrachera para obtener limpiamente una pequeña muestra de sangre sin ser descubierta. En caso de que tuviera que utilizar el plan B, únicamente tiene que dejar una pequeña pastilla que se disuelve en un segundo en la bebida y los demás fuera de la barra se encargarían de ello, no había errores, nadie podía equivocarse, todos estaban preparados y muy organizados para conseguir lo que buscaban.

Si la persona seleccionada resultaba ser perfecta, la seguían durante unas semanas y en el momento oportuno la secuestraban lo más lejos posible del lugar, para no levantar sospechas, dicen que no hay crimen perfecto, pero hasta ahora esa frase es ridícula, el infierno sigue funcionando como cualquier bar de la ciudad.

Inferno es un mercado negro, que tiene cazadores hambrientos en busca de buenas presas que cumplan con los requisitos escritos en una lista, una lista que indica las necesidades de los compradores más ricos de órganos humanos que existen en todo el mundo, obtener a cualquier precio un órgano en perfecto estado es el objetivo.

Ya sabes que el dinero no hace la felicidad, pero puede comprar muchas cosas y mientras haya vida aparentemente todo vale para alargarla. Susam, mi hija lo entendió así, eran ellos o la vida de su madre, mi vida, la que dependía del asqueroso dinero y de los malditos medicamentos…


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