Narración - Como Lo Fue Julia

in Cervantes2 years ago

° • ¡ωєℓ¢σмє! • °

Nuevamente agradecido con Hive Blog por brindarme la oportunidad de compartir con ustedes, amigos de nuestra plataforma, parte de lo que escribo a diario. Les saludo como siempre, con el deseo de que estén muy bien de salud y llenos de mucho optimismo. Hoy les dejo un breve cuento, cercano a una situación conocida de la realidad, espero sea del agrado ¡Abrazos¡

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Como lo fue de Julia

Llueve a cántaros, el ruido del techo es insoportable para Adalberto, oye voces como lápidas estentóreas que abren y caen con cada gota, le dicen que debe portarse bien y vivir como se merece un hijo cuyos padres están separados, su madre en otro país, y debe convivir y depender de su abuela Bilma. Adalberto solo tiene quince años, es menor de edad y posee una capacidad diferente a la de muchos, le han diagnosticado esquizofrenia pero él no lo sabe, o no entiende mucho sobre eso, prefiere usar los juegos de internet y hablar de futbol.

Adalberto piensa que hizo lo justo, habérsele metido por los ojos a una de las inquilinas de la abuela, no fue para él nada malo, al contrario, la inquilina le regalaba dulces, le prestaba su computadora, le hablaba bonito y se preocupaba por él, por su salud. Él solo entendía que su abuela lo quería someter, por eso prefería que Julia, su amiga inquilina, no comentara a nadie lo que ellos hablaban, porque qué podrían creer de una amistad entre dos muchachos con edades abismalmente desiguales, ella tenía 28; esa era la razón que él utilizaba para recordarle a Julia que ante ella estaba en desventaja y que por eso debía ayudarlo, porque además, si no lo hacía quizás él le quitaría el trato y el cariño.

Pero ya después de meses de amistad y un trato escondido, Adalberto reveló por teléfono a su madre que Julia había abusado de él sexualmente, que se aprovechó de que era menor de edad y tenía una condición diferente que le hacía vulnerable frente a otros con facultades normales.

Julia le contó a su compañera de habitación, Ana, que debía marcharse lo antes posible, porque todo lo dicho por Adalberto había sido cierto, no que abusó sexualmente de él sino que él la buscaba como amiga hasta que una noche rosaron sus labios y en otra sus cuerpos, pero posterior a eso Adalberto le había empezado a exigir regalos y después dinero a cambio de su silencio, cosa que Julia no pudo sostener más.

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Ana, derrumbada, no pudo dar crédito a lo que escucharon sus oídos, pero solo le mantuvo a Julia su decisión de no intervenir, mucho menos abogar por ella, y luego le informó que hasta ese instante había llegado su amistad, ya que con anterioridad le había advertido a Julia que se mantuviera distante de Adalberto, que entre ambos no parecía existir solo una sana relación de amigos, algo más se podía notar en los ojos de ellos.

Después de toda consternación, Bilma no pudo creer lo que había sucedido casi que en sus narices, que Julia había abusado no solo de su nieto sino también de su confianza, por eso era justo que se fuera y que se atuviera a las consecuencias, ya que a primera hora del día siguiente acudiría a colocar la denuncia ante las autoridades pertinentes. Ante esto Ana estuvo incómoda, y aunque hizo saber que no tenía conocimiento del hecho, le paereció que aquello podía involucrarla de alguna manera, por lo que le notificó a Bilma que se mudaría esa misma semana, cosa con la que la dueña de la casa coincidió y estaba de acuerdo, que se lo iba a platear antes que lo hiciera Ana.

Adalberto se sintió confundido, no tuvo tiempo de hablar con Julia, pero necesitó que Ana le dijera a dónde había ido, cosa que ella de todas maneras no sabía porque empezaba a cumplir su palabra, ya no tenía nada que ver con Julia, hasta la había sacado de sus redes sociales. Así que Adalberto buscó a Ana esa misma noche pero ella estaba decidida también a no hablar con él, para evitar cualquier roce, por tanto no permitió ningún encuentro, pese a que Adalberto tocó en repetidas ocasiones la puerta de su cuarto, invitándola a hablar, pero ella nunca respondió.

En la noche, cuando todos dormían, Adalberto tomó la copia de la llave que su abuela reserva ante una emergencia, abrió la puerta de la habitación de Ana y se introdujo en ella, y era que una voz le fue dando las instrucciones, como haber llevado en su mano izquierda un puñal en caso de que Ana se pusiera agresiva. De pronto sintió el frío del cuarto y tenía la necesidad de encender la luz pero prefirió la penumbra por donde se trasladaba su aliento. Miró de un lado a otro el cuerpo de Ana y lo imaginó mojado en su sudor, pero luego se convenció de que estaba lleno de sangre, miró sus manos y efectivamente fue sangre lo que vio en ellas, la cama, el piso, todo estaba cubierto por un espeso manto rojo que se bifurcaba con la poca luz de la luna, como la lengua de un enorme reptil.

A primera hora del día siguiente Ana recibió con agrado la propuesta de una compañera de trabajo, la de irse unos días a su casa mientras conseguía otro alquiler, así que no espero mucho tiempo y cuando ya había empacado sus cosas, y haberse despedido de todos, pensó que en la mirada de Adalberto había una tristeza por Julia, pero también por él mismo, principalmente porque cuando fue con su abuela a colocar la denuncia, los investigadores se burlaron de él, un muchacho atractivo y bien formado supuestamente abusado por una chica, no pudieron creerlo, pero ellos no supieron de su condición especial, porque Bilma y toda la familia ocultaban aquella patología como una dura pena. Adalberto en cambio sintió una profunda tristeza al ver partir a Ana, ya que la voz le había ordenado que no la matara y definitivamente se alejara de ella, justo porque la indiferencia hacia él la iba a estrangular. Después lamentó que no pudo ser su amigo, como lo fue de Julia.

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(Lett / 01-05-21)

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