(ESP/ENG) La Torre (Relato Corto) / The Tower (Short story)

in Cervantes9 months ago

Pixel Art de La Torre de mi autoria / Pixel Art of The Tower by me


Español

La torre no era una torre, sino una idea.

Algún soñador vio el cielo, celeste puro y preñado de nubes, preguntándose si Dios se encontraba tras esas nubes, quizás escondido, quizá durmiendo. Aquel soñador fue el primero en soñar la torre como un portal a la guarida de Dios, por lo que empezó a amontonar piedras y rocas una sobre otra por toda una estación, sin descanso.

Un peregrino que pasaba le vio en su afán y preguntó el porqué lo hacía. "Para ver a Dios" respondía el soñador, y el peregrino se quedó fascinado. "¿Acaso esta persona es algún especie de santo para ser capaz de ver a Dios?", se preguntó aquel peregrino, y al ver la efusividad con la que el soñador trabajaba, se convenció de que así era, por lo que se le unió en la misión. Pasaron dos estaciones, la torre ya era considerablemente alta, pero no lo suficiente como para ser una "torre", y el peregrino lo sabía. Era un hombre listo, e hizo los cálculos para saber cuánto tardarían en llegar al refugio de Dios. Palideció al percatarse que los dedos de las manos y los pies de un millar de personas no bastarían para representar el tiempo que tardarían en completar la torre, al menos solo ellos dos, necesitaban ayuda. El soñador estaba muy ocupado para pensar en cualquier cosa que no fuese armar la torre, por lo que el peregrino partió a los pueblos cercanos a buscar ayudantes.

El peregrino en cada pueblo que llegaba se instalaba en la plaza y hablaba alabanzas sobre "El Santo de la Torre", como llamaba al soñador, el cual "Tenía la tarea sagrada de construir una torre hasta el reino de Dios y así adorarlo en su propia presencia". Muchos lo tomaban por loco, pero muchos otros no, y a esos les guiaba a dónde estaba "El Santo" para que le ayudasen a armar la torre y así ser los primeros bendecidos por la presencia corpórea de Dios. El peregrino fue de pueblo en pueblo, llamando a más ayudantes que se unían en veintena a la tarea. Con estos nuevos ayudantes la torre se volvió tan alta como una "torre" propiamente dicha en la mitad de una estación, pero no era suficiente... El peregrino, que ahora los ayudantes llamaban "Párroco", dictó que se buscase a más gente que se una a la causa, envío a sus parroquianos a "Predicar la palabra de la torre" por todos lados, mientras que guió a los que permanecían a que adaptasen la torre para que fuese perfecta para la oración, por lo que la torre aun no era una "torre", sino una iglesia. "La Santa Iglesia de la Torre de Dios" era llamada, una edificación que cada cuarto de estación crecía lo que 30 Secuoyas en toda su vida, puestas una sobre otra. Esto porque la cantidad de gente que se unían a la construcción era inconmensurable. Gente venía y gente iba y entonces aún más gente venía, así por varias estaciones. Todos dormían, comían, convivían y morían, sino dentro de la torre, en sus alrededores.

Una veintena de veintenas de estaciones transcurrieron y la torre seguía sin ser torre, era más bien un monstruo. Una bestia inmensa que arañaba las nubes y se comía la luz del sol con su sombra tan larga que se extendía por kilómetros. De lo alto que era casi se le podía ver danzar de lado al lado con el viento, como una serpiente emergiendo para comerse el cielo, o la punta de la cola de una bestia aún mayor que dormitaba en las profundidades de la tierra. Ya incluso los pobladores de otros países podían ver por lo menos una porción de la edificación. Algunos cerraban las ventanas de sus casas si estás daban a la torre, pues les incomodaba su presencia. Habían pasado generaciones enteras, ya los parroquianos que trabajaban en la torre, si no eran nuevos, eran nietos, o bisnietos, o tataranietos de los primeros. Aquel peregrino que se volvió párroco, al morir, lo convirtieron en mártir y le dieron el honor de servir como una de las mil rocas que formaban las paredes de la torre, y el viejo soñador se volvió un mito, el mito de un mesías cuya alma impregnaba las paredes de la torre, y que por esa alma la torre no dejaba de crecer y crecer...

Llegó un punto en que la gente que era llamada a la torre con la promesa de "Ver a Dios", cuando llegaban a ella y presenciaban su imposible inmensidad, se convencían de que la Torre era Dios. Entonces la torre seguía sin ser "torre", sino que era una Deidad. Benévola para los parroquianos de la torre, diabólica para los demás. Los intentos de derribar la torre fueron muchos, impulsados por mero capricho estético al principio, pero con el tiempo el odio a la torre se volvió en una ira profunda, pues se le veía como la mayor herejía jamás construida por manos humanas. Los parroquianos de la torre se habían convertido en su propia nación, con sus creencias, costumbres y, por su puesto, su propia maquinaria de guerra. Se libraron batallas sangrientas y prolongadas, miles de vidas fueron arrebatadas por y para la torre, la sangre tiñó sus paredes por generaciones.

Mientras tanto, la Torre había alcanzado tal altitud que a los constructores les dificultaba el respirar, tuvieron que ingeniarse unos trajes especiales para traer oxígeno y seguir trabajando, cuando ni eso funcionaba, usaron maquinaria. Y entonces, la torre alcanzó la frontera invisible entre nuestro mundo y el vacío espacial. Desde aquella altitud se podía ver perfectamente la curvatura del planeta. La gente de la torre se encontró con un grave dilema, pues en ese punto tan alto parecía que ya no había ningún lugar al que ir, empezaron a preguntarse "¿Para que estaban armando la torre en primer lugar?". La torre pasó a ser una duda.

Un viejo se manifestó entre los constructores, era más viejo que todos los viejos de la torre, y no parecía ser abuelo, bisabuelo o tatarabuelo de nadie, un completo desconocido, por lo que la gente de la torre pensó que era el propio mesías, "El Santo de la Torre", aquel soñador que había empezado la hazaña. El viejo exigió ir a la cima de la torre, nadie le rebatió. Le adaptaron uno de los trajes de oxígeno y lo llevaron escoltado por dos de los mas fuertes constructores a la cima. Temían que muriese en el trayecto, por lo que lo cuidaron como a la porcelana, y solo subieron en el transcurso del crepúsculo, cuando el ambiente era más propicio. Toda la gente de la torre quedó expectante por lo que diría el supuesto Santo al volver...

Aquellas dos escoltas volvieron de la cima junto al cadáver del viejo. Se les preguntó que había pasado, ellos contaron que el anciano, antes de morir, estiró su mano al negro vacío del espacio, tratando de alcanzar algo imposible y exclamó casi en un suspiro: "Gracias", como si hablase con alguien más a lo lejos, un interlocutor y oculto en la bruma del espacio, entonces falleció.

La leyenda fue transmitida a todas las personas de la torre. Permanecieron reflexionando al respecto y sobre todo lo que había pasado. Decidieron entonces seguir con su vida en la torre, dejaron de alabarla como una Deidad y la aceptaron como lo que fue para ellos siempre, su hogar. Hicieron las pases con aquellos que despreciaban a la torre, hicieron tratados, compartieron cultura y al final la torre dejo de ser para algunos y se volvió de todos en el mundo. Al viejo, que nunca se supo si era o no aquel soñaron que empezó todo, ni tampoco se supo a quien hablaba cuando murió, fue llevado de vuelta a la cima de la torre, donde fue dejado dormir compartiendo con el cosmos la sonrisa con la que partió su alma.

Pasaron los siglos y milenios, centenares de generaciones crecieron y murieron en la torre, la cual sobrevivió más allá de todas las naciones del mundo y de la propia humanidad, llegando a ser admirada por otros seres pensantes que nunca supieron para qué era o el porqué de la torre, lo único que tenían seguro era que no era (y nunca fue) una "torre", sino algo más...

English

The tower was not a tower, but an idea.

Some dreamer saw the sky, pure blue and full of clouds, wondering if God was behind those clouds, perhaps hiding, perhaps sleeping. That dreamer was the first to dream of the tower as a portal to God's lair, so he began to pile stones and rocks one on top of another for a whole season, without rest.

A passing pilgrim saw him in his eagerness and asked why he was doing it. "To see God" replied the dreamer, and the pilgrim was fascinated. "Is this person some kind of saint to be able to see God?" wondered that pilgrim, and seeing the effusiveness with which the dreamer worked, he was convinced that he was, so he joined him in the mission. Two seasons passed, the tower was already considerably tall, but not tall enough to be a "tower", and the pilgrim knew it. He was a smart man, and he did the calculations to know how long it would take to reach God's refuge. He paled as he realized that the fingers and toes of a thousand people would not be enough to represent the time it would take to complete the tower, at least just the two of them, they needed help. The dreamer was too busy to think of anything but putting the tower together, so the pilgrim set off to the nearby villages to look for helpers.

The pilgrim in each village he arrived in would set up in the square and speak praises about "The Saint of the Tower," as he called the dreamer, who "Had the sacred task of building a tower to the kingdom of God and thus worship him in his own presence." Many took him for a madman, but many others did not, and to those he guided them to where "The Saint" was so that they could help him build the tower and thus be the first to be blessed by the corporeal presence of God. The pilgrim went from village to village, calling more helpers who joined in twenty to the task. With these new helpers the tower became as high as a proper "tower" in half a season, but it was not enough.... The pilgrim, whom the helpers now called "Parson," dictated that more people be sought to join the cause, sent his parishioners to "Preach the word of the tower" everywhere, while he guided those who remained to adapt the tower to make it perfect for prayer, so that the tower was still not a "tower," but a church. "The Holy Church of the Tower of God" it was called, a building that every quarter of a season grew as much as 30 Redwoods in a lifetime, laid one on top of the other. This because the amount of people that joined the construction was immeasurable. People came and people went and then even more people came, and so on for several seasons. Everyone slept, ate, lived and died, if not inside the tower, then in its surroundings.

A score of twenty seasons passed and the tower was still not a tower, it was more like a monster. An immense beast that clawed at the clouds and ate the sunlight with its shadow so long that it stretched for miles. From how tall it was you could almost see it dancing from side to side with the wind, like a snake emerging to eat the sky, or the tip of the tail of an even bigger beast slumbering in the depths of the earth. Already even the inhabitants of other countries could see at least a portion of the building. Some closed the windows of their houses if they faced the tower, for they were uncomfortable with its presence. Entire generations had passed, and the parishioners who worked in the tower, if they were not new, were grandchildren, or great-grandchildren, or great-great-grandchildren of the first ones. That pilgrim who became a parish priest, when he died, they turned him into a martyr and gave him the honor of serving as one of the thousand rocks that formed the walls of the tower, and the old dreamer became a myth, the myth of a messiah whose soul permeated the walls of the tower, and that because of that soul the tower did not stop growing and growing....

There came a point when people who were called to the tower with the promise of "Seeing God," when they reached it and witnessed its impossible immensity, became convinced that the Tower was God. Then the tower was still not a "tower", but a Deity. Benevolent to the tower's parishioners, diabolical to others. Attempts to tear down the tower were many, driven by mere aesthetic whim at first, but in time hatred of the tower turned to deep anger, for it was seen as the greatest heresy ever built by human hands. The tower's parishioners had become their own nation, with their own beliefs, customs and, of course, their own war machine. Bloody and protracted battles were fought, thousands of lives were taken by and for the tower, blood stained its walls for generations.

In the meantime, the Tower had reached such an altitude that the builders found it difficult to breathe, they had to devise special suits to bring oxygen and continue working, when even that did not work, they used machinery. And then, the tower reached the invisible border between our world and the space vacuum. From that altitude, the curvature of the planet could be seen perfectly. The people in the tower found themselves in a serious dilemma, for at that high point there seemed to be nowhere to go, they began to wonder "What were they building the tower for in the first place?" The tower became a doubt.

An old man manifested himself among the builders, he was older than all the old men in the tower, and did not seem to be anyone's grandfather, great-grandfather or great-great-grandfather, a complete stranger, so the people in the tower thought he was the messiah himself, "The Saint of the Tower", that dreamer who had started the feat. The old man demanded to go to the top of the tower, no one refuted him. He was fitted with one of the oxygen suits and escorted to the top by two of the strongest builders. They feared that he might die on the way, so they took care of him like porcelain, and only climbed up in the course of twilight, when the atmosphere was more propitious. All the people of the tower remained expectant for what the supposed Saint would say when he returned…

Those two escorts returned from the summit with the old man's corpse. They were asked what had happened, they told that the old man, before dying, stretched out his hand to the black void of space, trying to reach something impossible and exclaimed almost in a whisper: "Thank you", as if he was talking to someone else in the distance, an interlocutor hidden in the mist of space, then he passed away.

The legend was passed on to all the people in the tower. They kept reflecting on it and on everything that had happened. They decided to go on with their lives in the tower, they stopped praising it as a Deity and accepted it as what it had always been for them, their home. They made peace with those who despised the tower, made treaties, shared culture and in the end the tower ceased to be for some and became for everyone in the world. The old man, who was never known whether or not he was that dreamer who started it all, nor was it known to whom he spoke when he died, was taken back to the top of the tower, where he was left to sleep, sharing with the cosmos the smile with which his soul split.

Centuries and millennia passed, hundreds of generations grew and died in the tower, which survived beyond all the nations of the world and humanity itself, coming to be admired by other thinking beings who never knew what it was for or the reason for the tower, the only thing they knew for sure was that it was not (and never was) a "tower", but something else...


By NONE

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Hasta pronto y Que Dios Te Bendiga.

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See you soon and God Bless you.


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By @ylich


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