Eva y la venganza - Relato corto

in Cervantes2 years ago

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Alfredo ere algo tímido, yo tenía que estar todo el tiempo impulsándolo ha hacer cosas nuevas. Yo siempre he sido más arriesgado. Hemos sido amigos desde la escuela. Nos conocimos el primer día de clases en el primer grado. Yo estaba jugando con mis dinosaurios que me había regalado mi mama. Él estaba llorando amarrado a los brazos de su papá. No quería quedarse, muchos no querían quedarse, no era el único llorando. Yo hubiese llorado también si eso les hubiese importado a mis padres. Ellos nunca estuvieron pendientes de mí, así que soy muy independiente desde pequeño. Siempre estaban pendiente de sus trabajos, de sus clientes, de otras cosas que no fuera yo. A diferencia de Alfredo, yo conocía a algunos en el salón, estuvieron conmigo en el jardín de infancia, o prescolar, como se llamaba antes. Alfredo era nuevo, se había mudado de Carúpano. Es una ciudad muchísimo más pequeña que esta. Y tenía una buena relación con sus padres, son personas muy cariñosas. El papá de Alberto es músico, director de orquesta. Mis padres son algo aburridos, son médicos y creen que pueden explicar todo con la ciencia. Carecen de toda imaginación, son muy estrictos y estirados. Frente a mi curiosidad solo respondían con datos y encuestas, y todo aquello que fuese místico y religioso era absurdo conversarlo, porque eso eran inventos de las personas y eso carecía de ciencia.

Alfredo era un niño muy inteligente y con una gran imaginación. Los que nos unió realmente fue la pintura. A mí me gustaba dibujar, dibujaba de todo. Salí a el parque a dibujar insectos, pájaros, las personas, plantas, árboles, todo lo que pudiese. Y Alfredo era fanático de la fotografía. Su abuelo, era un apasionado fotógrafo muy reconocido allá en Carúpano que le regaló una cámara antes de que se mudará para Cumaná. Su familia eran conocedores del arte, y aunque era poco probable para esa edad, él manejaba todos esos conocimientos. Era bastante impresionante como sabía tantas cosas. El juzgaba mis dibujos. Sus padres me regalaron mis primeros colores, acuarelas y pinceles.

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Hay padres como los míos, poco preocupados. Eran un poco asépticos frente a las cosas nuevas y a las cosas que no entraban en su razón. Y eso que para ese entonces estaba naciendo la psicología. Pero aún así para ellos era ciencias que estaban comenzando a nacer y necesitaban de tiempo para poder fundar bien sus bases, creían muy poco en sus experimentos y en las cosas que exponían. Que decir del arte, pensaban que era una perdida de tiempo, que lo importante eran los números, los químicos, el espacio, el cuerpo. Eso de los sentimientos y de la belleza era como una comida rancia, arrugaban la cara cada vez que hablaban de ello. Calificaban a ese tipo de personas inútiles y de baja categoría. Había discusiones con sus compañeros que creían que el arte era algo elitesco, y no degradante como ellos pensaban. Recuerdo que en ese momento había reinaugurado el teatro en la ciudad y muchos de sus amigos iban todos los fines de semanas a ver las presentaciones. Un día presentaron una ópera, era la primera vez que iba a un teatro, y no dejaban entrar niños. Esa vez fuimos invitados por los padres de Alfredo. Mi padre salió hablando cuanta barbaridad pudo de la mujer que cantaba: es que tiene una voz chillona, ¿cómo puede ser eso algo bello? Los odios me zumban, he quedado casi sordo. Mi mamá que siempre le seguía la corriente, aunque pesare diferente, dijo cosas similares. Fuimos otras veces, hasta que papá se negó a ir. Mamá para ese momento comenzaba a dejar se seguirle la corriente y comenzaba a callar. Algo comenzaba a pasar entre ellos.

Una pena, pero eso no evitó que Alfredo y yo dejáramos de ser amigos. Fuimos creciendo y aprendiendo cosas nuevas. Yo aprendía música y cosas de artes, mientras él aprendía cosas de ciencias y números. Nos ayudábamos como podíamos. No éramos ningunos niños santos, no vayan a creer. Nos metimos en varios problemas, como muchos otros niños, solo que nosotros hacíamos las cosas bastante diferentes. Yo no puedo negar que hay algo de mis padres en mí, porque me gusta hacer experimentos. Y desde que tengo razón llego un pequeño cuadernito conmigo para ir anotando mis observaciones, que en algunas ocasiones solía llenar de dibujitos también. Comencé haciendo experimentos inocentes con animales he insectos. Quemar hormigas con una lupa, Alfredo tomó fotos de eso, luego las olíamos y las comíamos. Una vez le dimos vino, del que tomaba papá todas las noches antes de acostarse, al conejo de la hermana de Alfredo, primero fue una vez, luego dos, luego tres veces al día, hasta que un día después de una semana se murió. Sin querer, jugando pelota, matamos un pájaro, lo abrimos cómo si lo fuéramos a operar, por mera curiosidad. Yo lo dibujé, Alfredo lo fotografío. Abrimos otros animales, no matamos a ninguno en este proceso. Con excepción del gato de la señora Amelia, que fue en una rabieta mía lo pateé y lo maté. Debo confesar que le tenía cierta rabia al gato desde antes.

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Cuando las hormonas comenzaron a descontrolarnos las cosas cambiaron un poco. Ya no se trataba de los animales he insectos, eran las mujeres. Pero era un en especial, mi vecina Eva. Le gustaba andar en chores o con ropa que mostrara mucha piel. Y eso nos volvía loco, o por lo menos a mí me volvía loco. Ella era una persona muy amable apresar de que los demás hablaban muy mal de ella. Siempre buscaba la manera de acercarme a ella. Su casa tenía un patio con un jardín donde solía lavar la ropa en una bata y sin ropa interior. Como mis padres no estaban casi nunca en casa no había problemas de que me sentara a observarla. La pintaba, allí con su bata corta, sin ropa interior, mojada. Alfredo me acompañaba algunas tardes y le tomaba fotos. El comenzó a tener su propia obsesión. El también encontró a su Eva, solo que no la compartía como yo. Nunca supe su nombre.

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Yo recurrí a la psicología para tratar de conquistar a mi Eva. Probé todas las teorías con mis compañeras de clases. Primero fue con Sofía, con ella no llegué más que aun solo beso pequeño. Luego con María, una morena bella y más alta que yo, con ella no funciono nada. Después, Juanita, Daniela, Rosario, Saraí. Pasé por varía. En algunas fallé. Fui anotando todos mis experimentos. Sí logré algunos buenos resultados. Con Daniela no vimos desnudo frente a frente, no dejó que la pintara. Con Saraí fue la primera vez que me acosté con una mujer. Ella si me dejó que la dibujara. Con dos de ella tuve que ser novio por mucho tiempo. Sí, pasaba el tiempo, una cosa que no calculé cuando comencé con mis experimentos. Para cuando logré recopilar toda una buena cantidad de información, estar con Eva fue imposible, se había ido. El despecho recayó sobre una profesora, ella se volvió mi nueva Eva. Duré un año entero en conquistarla, pero al final lo logré.

Alfredo desapareció para ese momento. Me había concentrado tanto en mis experimentos que lo había hecho a un lado. La segunda cosa que no había planeado. Mis planes parecían perfectos, pensaba que estaba logrando todo. Fue una noche cuando el fracaso llegó a mi vida. Llegando a visitar a mi conquistaba profesora, para cobrar mi premio, la encuentro con Alfredo, besándose, teniendo sexo. Y yo me quedé paralizado, con el escalofrío en el cuerpo. Con mi Eva robada, y la venganza de Alfredo realizada.

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