Los dos rumbos - Cuento

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Era de noches, y mamá había salido con otro hombre. Papá hace días que no pisaba la casa. Yo veía por la ventana de las sala hacia la calle, los niños de la casa invadida jugaban con un balón espichado. Podía verse como se estaba descociendo en medio de la oscuridad. Pasaba el vagabundo con su saco en hombro donde guarda su comida y sus drogas. Parecía una noche normal en esta ciudad. Era seca y caliente. Hacía meses que no llovía. Gracias a Dios papá arregló el aire acondicionando antes de desaparecer, porque sería repollo al vapor en estos momentos. Carmen, mi novio, me escribió un mensaje. Me estaba esperando en la Cuatro Esquina. Había una fiesta en el río a una hora fuera de la ciudad. Yo no quería ir, realmente quería quedarme en casa. Estaba un poco cansado de las fiestas y sus amigos. De ese cúmulo de personas moviendo a un solo ritmo, chocando sus cuerpos, frotando sus genitales unos contra otros para sentirse vivos.

Fue en eso cuando apareció un carro y se estacionó justo en la casa de al lado, mi vecina Eva. Ella tenía tres días teniendo relaciones con el señor Jorge, de la pollera. Podía escuchar sus gemidos desde el baño. Mi baño tenía una pared donde antes era una puerta que comunica las dos casas, era una pared delgada que daba a la sala. Por allí se podía escuchar todo lo que pasa en su casa. Carmen mandó otro mensaje, que venía por mí hasta la casa, ya que no había nadie, no iba a ser problema que me viniera a recoger. ¿A quién le iba a mentir? ¿A quién tenía que avisar que iba a salir? De seguro yo llegaría primero que mi papá y mi mamá. Llegó con su primo y nos fuimos.

Carmen y yo tenemos dos años siendo novios. Fue una cosa repentina, realmente ninguno de los dos buscaba una relación. Nos conocimos gracias a Pablo, un viejo amigo de la infancia, él nos presentó una tarde que estaba jugando fútbol en el club. Ella era la prima de Rosario, su novia, pero aun así Pablo quería acostarse con ella. Ese era todo el drama. Pablo organizó varía salidas donde estuviese yo para hacer de máscara mientras él intentaba conquistarla. Pero lo más que consiguió fue un piquito. Y no era porque Carmen no quería hacer semejante engaño, sino porque sabía el mayor secreto de Pablo, no era bueno en la cama. No fue hasta unos meses después del fracaso de Pablo que nos hicimos novios. Pues, Carmen le gustaba experimentar, y una tarde casi la encuentran en la cama como una amiga, Carla. Pero como yo estaba en el cuarto, ella se inventó la excusa de que era un trío y que yo era su novio. Así comenzó nuestra relación, como un engaño.

Llegamos hasta la zona de “El doble ocho”, donde se suponía que iba a ser la fiesta. Atrás de una licorería. Era una casa fina para ser de este pequeño pueblo, tal vez hasta la mejor de todas en unos cuantos kilómetros. Aquí las casas son de barro y arcilla, algunas pocas han comenzado a ser de cemento y bloques, pero nada como esta casa. Cuando llegamos la fiesta estaba apagada. Hasta la gallera estaba cerrada, que quedaba a unos metros más atrás de la casa. Patio’ que nos estaba esperando dijo que estaban para “Los dos rumbos”. Así que hasta allá llegamos. No era mentira, la fiesta estaba prendida. Había carros con sus grandes equipos. Gente bañándose a esa hora de la noche en el río. Mujeres y hombres desnudos, y nadie decía nada, para el resto llevaban ropa o trajes de baño. Esta era la locura en la que me había involucrado Carmen, esta era su locura y no la mía.

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Después de un rato de beber, tuvimos un poco de sexo, era normal, era bueno, pero ya se había vuelto rutinario. Siempre era lo mismo, íbamos a un lugar como este con personas así de alborotadas, bebíamos y teníamos sexo. Solo que esta vez no la esperé ni me fui con ella. Sergio, otro amigo bajó temprano a la ciudad y me vine con él. Dejé a Carmen vomitando detrás de un árbol. No me dijo nada, solo dejó que me fuera. Al llegar a casa me di cuenta que la puerta de la vecina estaba abierta. Tuve un pequeño escalofrío, y sin darme cuenta entré. Estaba en su sala. Había ropa de ella, ropa interior. Los muebles movidos, como si hubiesen estado saltando en ellos. Había dos botellas de ron y colillas de cigarros a medio fumar. Ella estaba dormida sobre uno de los sofás. No me di cuenta hasta que escuché un pequeño ronquido. Me le quedé viendo fijamente por un instante, me dio algo de miedo y me fui.

Entrando en mi casa me di cuenta que las manos me sudaban y temblaba, pero aun así estaba algo excitado. Era una sensación como de estar flotando, un pequeño vació que se crea en el estómago, un placer sigiloso. En eso me percaté que papá dormía en el sofá de la casa, que había vuelto. Papá y mamá tenían unos tres años en conflictos, diciendo que se van a divorciar, pero al final nunca lo hacen. No recuerdo cuando fue la última vez que lo vi dormir en su cama o su cuarto, si es que todavía pueden llamarse suyos. Es una situación complicada. Papá se iba unos días o semanas y luego volvía, mientras mamá salía con varios hombres al mismo tiempo sin que a ellos les importase, al parecer. Mamá no había llegado, fui a su cuarto a ver. Yo me fui a la cama esa noche.

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Pasaron varias semanas cuando una tarde Eva llegando del mercado necesitaba ayuda a cargar las cosas. Muy amablemente me acerqué para ayudarle. Entré en su casa, y recordé lo de aquella noche: la ropa en el suelo, las botellas, los cigarros y ella medio desnuda. Sentí ese pequeño vacío de nuevo en mi estómago, y me preguntó mi nombre por segunda vez. Pablo, respondí. Mi nombre es Pablo. Me ofreció agua, que tomé con toda la paciencia del mundo mientras ella acomodaba las cosas en la despensa. Y fui detallando su cuerpo. Ese vacío crecía a medida que iba bajando la mirada hasta llegar a sus nalgas que se dejaban ver por el bordecito del short que tenía puesto. Era una mujer cuarentona, pero que no se quedaba atrás con las modas. Ahora viste las licras que ves en las redes sociales y los shorts que usan todas las muchachas “jóvenes”. Me interrogó sobre mi vida, pero no dije muchas cosas. Me preguntó por mi papá y volví a mentir. No preguntó por mi mamá.

Carmen y yo comenzamos a vernos solo para tener sexo. Con las semanas he comenzado a dejar de hablarnos. Y la cosa se volvía más monótona. Cuando me necesitaba, entre comillas, manda un mensaje, pasa por mi casa a eso de las 4:00 pm o ¿puedes venir mañana por la tarde? El engaño había llegado a tal extremo que no nos engañábamos, sabíamos que solo estábamos por el sexo. Yo estaba seguro que no conseguiría a otra novia después de ella ni a alguien con quien tener sexo, y ella sabía que nadie quería tener sexo con ella porque nadie más la quería. Yo, a pesar de la situación, me preocupaba por ella, había algo de cariño allí, pero no era el que ambos buscamos. Yo sabía que estaba intentado salir con otros y no me molestaba. Y también sé que muchos la buscaban para acostarse con ella y ya, desaparecían. Hasta su primo, quien nos llevó a la fiesta del río se aprovechó de ella. Muchos tenían un interés en ella, pero no el que ella deseaba. Y yo estaba allí solo para consolarla cuando me necesitara. En fin ese siempre fue mi rol en esa relación, cubrir las carencias.

Eva comenzó a saludarme más, hablarme de vez en cuando. Entré otras veces a su casa para cosas diferentes: ayudarla a arreglar algo, cargar un mueble, etc. Cosas tontas. Pero me fueron sirviendo de excusa para ir entrando de a poco en sus más íntimos rincones. No fue hasta una tarde, que me pidió ayuda, que me recibió en sostén. Yo estaba algo tímido esa tarde, pero recordé que era Pablo, que no era yo el que estaba allí. Así que comencé a actuar como Pablo. Esa tarde lo que comenzó como una simple ayuda comenzó a ser más, porque después de un rato, entre risas y coqueteos, comenzó a desnudarse para irse a bañar, tenía que salir. Me dijo que la esperara, eso hice. Yo comencé a seguir el juego, fuimos a una fiesta, me presentó como un sobrino frente a unas amigas que se rieron muy sutilmente. Había muchas bebidas, y bebí mucho. Baile con ella y con alguna de sus amigas. Yo seguía siendo Pablo, y no podía dejar de ser Pablo. Era adictivo, tanto que cuando entre al baño y vi mi erección, me dije, dejaré de ser yo y seré Pablo a partir de ahora.

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