Comenzando a leerte, hice clic de inmediato con lo que acá reflejas. Yo soy igual. Solo tengo dos mejores amigas, pero viven fuera del país desde hace veinte mil años. Y aunque nos mantenemos en contacto con frecuencia, no es lo mismo. Necesito esa cercanía física, el abrazo, el apretón de manos, la complicidad en la mirada, ya sabes.
Y al igual que tú, soy de pocos amigos. Y siempre he preferido que mis amigos sean hombres en su mayoría. Recuerdo que cuando salía de noche con ellos, me preotegían como si fuese su hermanita. Los hombres protegen, no envidian y les puedes contar lo que sea, que ellos jamás harán eco de tus palabras.
Y por irónico que parezca, hoy en día mi confidente es mi exesposo.
Y con respecto a lo que dices, los extremos son malos. La soledad no es buena compañía, mi niña, créeme. Y a veces, una segunda opinión, un punto de vista diferente, puede abrir caminos insospechados.
Me alegra muchísimo leer que te estés abriendo a salir un poquito de tu "cueva" y a darle espacio a esta colega. A veces, la vida nos sorprende poniendo a las personas correctas en el momento indicado. Quedarnos en el caparazón es seguro, pero atreverse a socializar un poco más siempre trae aire fresco.
¡Un abrazo gigante para ti y gracias por inspirarnos con esta reflexión tan sincera!