El oso Julián

in R2cornell2 years ago


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La ciudad había ido destruyendo el bosque y en lo poco que quedaba algunos animales vivían, entre ellos el oso Julián, quien era negro y tenía los ojos de color gris claro, medía más de un metro y medio y su cuerpo parecía un gran tonel.

Una tarde decidió subirse a un árbol en el que unas abejas estaban almacenando la miel y decidido a comerse aquel rico manjar se apresuró a trepar, pero al llegar a la rama más cercana se percató de que allí, al lado de su cara había un polluelo en un nido.

Al verlo enseguida se dio cuenta de que aquel pollito tan pequeño se había quedado solo, pues estaba muy triste y temblaba de frío.

Julián lo sujetó con mucho cuidado con su boca y bajó del árbol muy despacio, olvidándose por completo de la miel que tanto deseaba.

Al llegar al suelo lo puso sobre la hierba seca y se tumbó junto a él para darle calor. Estuvo así sin apenas moverse durante un largo rato, para no asustarlo y cuando vio que ya estaba más tranquilo, pensó que seguramente llevaba días sin comer y que debía tener mucha hambre y se fue corriendo al lago para recoger algunos gusanillos y un poco de agua.

Pasados unos minutos, cuando ya tenía todo listo para llevárselo al pajarito, se acercó junto a él su amigo el conejo Gus, que era muy curioso y al ver a Julián tan ocupado no pudo evitar la tentación de saber que le ocurría.

-¿Por qué caminas tan rápido, qué es lo que andas buscando?

-Tengo un amigo muy pequeño que necesita de ayuda cuanto antes, es un asunto muy serio, por eso tengo tanta prisa.

El conejo al oír al oso, le dijo sin pensarlo dos veces.

-Si quieres yo te puedo ayudar, no tengo nada que hacer y lo que estás haciendo me parece muy buena idea.

Fueron juntos a buscar un poco de paja limpia y mientras iban por el camino de regreso el conejo le contaba a todos los animales que se encontraba a su paso lo que estaban haciendo y a medida que se iban acercando al lugar donde Julián había dejado el pajarito, eran muchos más los amigos que se ofrecían para ayudar.

Al llegar Julián y sus amigos juntos a aquel indefenso pajarito, el búho que era uno de los animales más sabios del lugar, dijo mientras le observaba.

-Queridos amigos, aquí ante vos tenéis a un Solasen, un tipo de ave que hace ya mucho tiempo que no se ve por este lugar, tal vez su familia se ha ido y como el aún no podía volar, lo han tenido que dejar aquí. Además de estar muy solo y ser aún tan pequeño, tiene hambre y frío, más vale que le ayudemos cuanto antes.

Dicho esto, todos se pusieron a ayudar en todo lo que a aquel pobre pajarillo le hiciese falta

El búho, fue buscando unas hierbas curativas acompañado de la mamá comadreja, que estaba empeñada en que un animalito tan pequeño no podría estar durmiendo y buscaba ramitas para hacerle una casa.

En el otro lado del bosque junto al lago estaban los cisnes azules, unas aves de un hermoso colorido que solo habitaban en ese bosque, estaban recogiendo gusanos, lombrices, hojas y todo lo que pudiese ser de ayuda.

Cuando ya estaba oscureciendo el búho dijo.
-Bueno amigos me parece oportuno decir que hemos hecho un buen trabajo y es hora de dejar descansar a nuestro nuevo amigo.

Unos minutos más tarde ya solo quedaban junto al pajarito los cisnes azules y el oso. Este se despidió de ellos y procurando no despertar a su amigo decidió tumbarse en un montoncito de paja que había sobrado.

Al amanecer, Julián se apresuró en levantarse para poder ir en busca de algo de comer y estar de vuelta antes de que su amigo despertara.

Fue corriendo al lago, comió algunos peces y luego vació un melón y subiéndose a un árbol, recogió de un agujero hecho en el tronco un montón de miel que las abejas habían almacenado allí.

Comió tanto que apenas podía caminar de regreso junto a su amigo, pero aunque tardó en llegar observó que este todavía estaba profundamente dormido.

Se acostó de nuevo sobre la paja y bostezando sé volvió a dormir.

Una hora más tarde el pajarillo despertó con tanta hambre que comenzó a dar saltos y más saltos hasta que despertó a Julián.

Este se acercó y al ver al pajarillo tan alegre dijo sonriendo:

-¿Qué te pasa, es que tienes tanta hambre que te comerías a un oso?

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Interesante fábula que demuestra que los animales son mas unidos que los humanos.


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