Un poco más de tiempo - Ejercicio narrativo

in Freewriters3 months ago

La luz estaba ahí, cegandola, inundandola por dentro y por fuera. Era un calor que espantaba el frío que se había apoderado de su cuerpo, era un calor que se llevaba el dolor que la había acompañado tanto tiempo; así que se dejó llevar hacia la paz.

—¡Mamá!— la voz llorosa de su hija la detuvo dudosa en su partida. Un nuevo grito desgarrador la regresó al frío doloroso de su cuerpo, pero sabía que no podía quedarse, estaba muriendo.

Las manos de temblorosas de su hija calentaban sus manos, pero cada vez la sentía menos. La angustia empezó a mortificarla y las lágrimas en sus ojos fragmentaron la luz que continuaba abarcando la habitación entera.

Inesperadamente todo cesó. Como si el tiempo se hubiera detenido, dejó de escuchar la voz doliente de su hija, el sonido mecánico de la máquina a la que estaba conectada y el bullicio lejano del mundo. Su cuerpo seguramente ya se había apagado, pues no sentía el toque cálido de su pequeño ángel, no sentía nada.

La luz, esa que se había hecho más grande cada día, los últimos días, la rodeaba por completo; pero parecía seguir fragmentada como vista a través de un caleidoscopio, como si sus ojos siguieran colmados de lágrimas.

Un destello azul en una esquina llamó su atención, de un azul parecido a los ojos de su pequeña. Y sin darse cuenta se dirigió hacía allí teniendo la seguridad que era lo correcto.

Se sintió abrumada por la luz repentinamente y como si el tiempo hubiera empezado a correr nuevamente, escuchó susurros lejanos y apagados. La luz la dejó ciega, y fue entonces que el latir desbocado de su corazón le dió certeza de que estaba viva.

Algo había cambiado. Estaba a oscuras y su cuerpo se sentía distinto. Parecía encerrada, quizá la habían envuelto en sábanas a forma de mortaja. Luchó en la oscuridad por encontrar salida y cuando al fin salió de su prisión para encontrar la luz se sentía aturdida.

El mundo era gigante y ella tan diminuta; su cuerpo extraño; sobre su espalda, alas. No tuvo tiempo de pensar pues a lo lejos su hija lloraba. Un instinto desconocido se apoderó de ella y antes de darse cuenta volaba hasta su pequeña. Vio su reflejo en una ventana y descubrió, que era una mariposa diminuta, de oscuras alas. Quizá todo fuese un extraño sueño, pero ahí estaba. Había ganado un poco más de tiempo.


Imágenes de mi autoría.

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Muy buen escrito, logras impregnar muy bien de esa desesperacion al lector!