
Fuente
Y en medio de aquella situación horrible generada simplemente por la mala suerte y el destino incomprensiblemente adverso algunas veces, fui yo el único en resistirme a obedecer lo que el sentido común ordena, hacer, para mantenernos con vida el máximo de tiempo, mientras en un viraje favorable del destino, quizás alguien nos descubre y el deseado salvamento llega.
Ya había pasado una semana completa después de que aquel aparatoso accidente aéreo nos condenara a quedar atrapados en aquella inhóspita y aislada geografía ahora llena de cadáveres aún bien conservados debido a la nieve.
Ninguno de esos muertos, en total diez osea la mitad de la tripulación, que murió inmediatamente debido al fuerte impacto del avión al estrellarse contra las rocas, ni ninguno de los que después poco a poco murieron debido a los golpes, las heridas y el hambre, eran desconocidos; pues la tripulación de aquel avión, aparte del piloto, estaba formada en su totalidad por ingenieros de una fábrica textil en camino a una conferencia de superación profesional en Japón.
Algunos de nosotros, aparte de compañeros de trabajo éramos también amigos y por lo tanto lo que menos podíamos pensar para sobrevivir, cuando ya los pocos comestibles del avión en total se terminaron después de la segunda semana del accidente, era hacer lo que el sentido común nos ordenaba para sobrevivir, es decir, comernos a los muertos aún frescos.
Y cómo en absoluto podíamos aceptar ese pensamiento o solución lógica, fue algo que tampoco jamás discutimos.
Esa solución estuvo sin embargo todo el tiempo en el cerebro de todos y fue también lo que la mayoría hizo, es decir cuatro de los cinco que al final nos salvamos, cuando el hambre ya no era posible de resistir por más tiempo, es decir a finales de la tercera semana.
Yo los vi llenos de lágrimas y en secreto comiéndose la pierna o el brazo del amigo ya muerto. Yo estuve también a punto de hacerlo y sin ninguna duda también lo hubiera hecho pero sólo después de devorar todas las partes no vitales de mi propio organismo.
Cuando llegó el salvamento ya me había devorado cuatro dedos de mi mano izquierda,mi propio pene y una oreja.
Estaba por empezar a comerme la mitad de mi nalga derecha. Es por eso que me veo como me veo y es así, de ese modo, como pude evitar el canibalismo; dijo aquel hombre, en una conferencia en Madrid, un año después de aquel aparatoso accidente.
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I certainly set up the wrong story, I assume the oversight and apologize.