En el camino encontramos hermanos que se adueñan de nuestro corazón y hasta de nuestra vida misma, de una buena manera.
Y cuando ya no están, recordarlos, mas allá del dolor, es un respiro de alegría, se siente como el corazón vuelve a palpitar, como si fuese allí donde decidieron continuar viviendo.
Un abrazo fuerte y un brindis a la memoria de Alvaro.