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A veces la noche se llena de recuerdos, el aire se adelgaza y se hace gris, las estrellas se ocultan y de los árboles, de sus sombras, de sus siluetas, en suave desfilar, un rumor creciente se hace fuego que no quema, que no hiere, pero que se mete dentro, en el costillar, en los ojos, en las manos y nos hace ser viento, ser paloma y ser lluvia, nos hace palabras y las palabras te nombran.
Estas son mis palabras, o tu nombre, que es lo mismo amor...
Anoche te pesqué una estrella
con un cordel tejido de tristeza,
en el prado mas verde, en el que fuiste mía.
Alguna vez fui sol de invierno
en tus arenas, sutil y silencioso,
alimento de olas y sirenas.
Fui también una frase enredada en tu pelo
un ave azul cruzando el cielo,
y el rojo de la tarde en tus pupilas.
Ahora pesco las estrellas más brillantes
con anzuelos de ausencia,
con cordeles de azules soledades.
Y planto en tus ventanas mis palabras
para que al pasar el viento, las susurre.
Tus labios conocen el pulso de mis venas.
Quizás en una esquina de la vida
madruga la ternura y nos encuentra.
Régulo Briceño.
01/04/2021

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