Justo imaginé girasoles desfallecidos que teñían un camino y, aún muertos, lo hacían luminoso con sus brillantes tonos amarillos.
Justo imaginé girasoles desfallecidos que teñían un camino y, aún muertos, lo hacían luminoso con sus brillantes tonos amarillos.
Si, esa bella flor de la creación divina es. Una prueba fehaciente de los primorosos rayos del sol.