Otro aspecto que también compartimos, mi amigo. El azar, y sus suculentas propuestas, no nos domina. Al igual que tú, la fortuna me ha sonreído en ocasiones. Tentándome a caer en sus redes, pero la sensatez y la indolencia me han rescatado a tiempo. ¡Líbrame Dios de caer en ludópata!
Sí, también tenemos amigos virtuales en común. ¿Casualidad? Lo dudo.
Feliz noche, mi amigo.