
Él era un soñador; pasaba las horas imaginando historias. Muchas veces fue el héroe; otras… Una víctima que agonizaba en brazos de ella.
¿Quién era ella? No tenía rostro… El amor en su vida no tenía rostro; podría haber sido ocupado por cualquiera. Eso no exoneraba sus caprichos; en más de una ocasión, ese sitio tuvo un rostro… Pero, siendo el soñador que fue, jamás se atrevió a intentarlo.
Como la brisa levanta el polvo, así, en más de una ocasión, dejó pasar sus amores. Los miraba de lejos, soñaba con ellos y los guardaba en lo más profundo de su alma.
Fue entonces que, por primera vez, alguien cruzó la delicada cortina de su interés, y así, sin más, se entregó plenamente al amor: sin experiencia, sin bases, completamente ante la ingenuidad.
Se permitió navegar en ese mundo del descubrimiento de otro ser y, así también, descubrió lo que su corazón buscaba y aún no había encontrado. Tomó entonces, por primera vez, una amarga decisión: una elección que dejó una herida en otro corazón… corazón que luego encontró su verdadero lugar.
Pero he aquí a un soñador que, ahora con otros ojos, buscaba encontrar ese amor. Y así, como otro capítulo del destino, conoció a esa mujer que pondría su mundo al revés.
Fue amor instantáneo; no era producto de la soledad. Ella lo había llenado por completo; su amor se desbordaba sin parar hacia ella. Ella tenía un corazón salvaje, un pasado turbulento; su vida era una montaña rusa.
Y él… era tranquilo, un soñador amoroso, entregado y optimista.
Ella aún pasaba por aguas turbulentas… Y él, como un navegante valiente, se atrevió a domar aquellos mares que aún rompían con fuerza en ella.
Poco a poco fue calmando esa tormenta. Ella vivía un caos y él encontró un rumbo a seguir: un hilo de paz que, poco a poco, la sanó.
Ella retomó el rumbo en su vida. El amor no cabía en el pecho de ambos…
Pero el destino tenía otros planes.
Después de años, fue entonces que ella entendió que la soledad, el caos y la tormenta la habían llevado a él. Y él había sido un soporte excepcional, la había ayudado a salir de aquella tormenta.
Pero ahora, sin caos… No encontraba felicidad en aquel hombre soñador. Se sentía en deuda, se sentía atrapada, entre lo que quería y lo que debía.
Debía ser agradecida… Pero no sentía felicidad con él.
Y así, como él resolvió su problema de soledad, ella resolvió su problema de tempestad. Y terminó alejándose de él: de quien la rescató, de quien fue soporte, de quien, con su barco, la tomó y cruzó por ese infierno, y la ayudó a llegar a tierra firme.
Él ahora, por fin, con experiencia, habiendo sido héroe y víctima, conoció a esa persona que nunca buscó.
Conoció un corazón que aprendió con él; un corazón que lo ayudó a sanar y él a ella también.
Por primera vez, encontró un corazón que no necesitaba ser salvado, que quería compartir, quería crecer… y envejecer.
Hoy, ese soñador entendió que no fue el destino… Fue el viaje.
Porque ahora,
al fin,
llegó a su destino.
Saludos @mole5852, muy buena reflexión sobre el amor y el crecimiento personal. Me encantó cómo exploraste las complejidades de las relaciones y el impacto que tienen en nuestras vidas. Gracias por compartir.
Gracias a ti por tomarte el tiempo de leer esta reflexion, agradezco mucho sus palabras 🙏🏼!!
Un relato que refleja un aprendizaje muy profundo. Algunos podremos sentirnos identificados y la manera en que lo narras vale la pena ser leída. Saludos y gracias por compartir
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