Vacíos Capitulo 1

in ENTROPIA8 months ago

Capitulo 1: ÈL/ENCUENTRO
Ese día, el sol brillaba débilmente como si estuviera triste. Supuse que tal vez deseaba hacer sentir lo mismo a todos al negar la tibieza de sus rayos. Mientras tanto decidí escapar momentáneamente distrayendo mi atención en lo que había alrededor. Al echar un vistazo juraría que en cada rincón se podía descubrir todo tipo de sensaciones. Era una lástima no abandonarme, por lo menos, a una de ellas, por desgracia el tiempo, ese tirano indestructible, me reclamaba de inmediato.
Me senté un momento como si eso me fuese a devolver la energía que ya no tenía. El último mes fue desgastante. Me encontraba desvelado, consumido por un mundo de trabajo y para terminar iba tarde a mi primera clase. Al fin llegué y solicité entrar, la única respuesta un portazo casi en la cara. Fue la gota que derramó el vaso. La paciencia que siempre me había caracterizado llegó a un límite.
El día se puso peor conforme transcurría y al parecer iba llegando a su fin. Distinguí mi futuro, tenía el fin de semana sólo para mí. Era libre, nada de compromisos, aunque mi auto estaba descompuesto, lo único que deseaba era ir directo a casa. Claro mi mala suerte no quería abandonarme. No encontré mi cartera, me puse muy mal, no podía ni siquiera pagar el bus, acto seguido empecé mi largo trayecto, no del todo resignado, sin embargo no tenía opción.
Cuando llegué a casa, llamé, no había nadie. Seguro habían salido a ver al abuelo. Sólo deseaba encerrarme en mi cuarto y dormir hasta que me aburriera de la cama, total seguro todos regresarían hasta la hora de cenar. Cuando estaba listo para acostarme el timbre sonó. No iré, no estoy interesado, tocaron dos veces más.
-¿Qué no se dan cuenta que nadie va abrir la puerta? Entonces, hubo por fin silencio, cuando empezaba a perderme en mi ensueño, escuché voces, era mi hermana, me llamaba.

Te buscan, rápido baja, debo salir, sólo vine por el bolso de la abuela, lo dejó ayer y necesita su receta, en cuanto termines puedes alcanzarnos, bueno si quieres.
No escuché más, sólo algunos murmullos, ¿quién era? Ah ya, seguro Jacobo, mi mejor y más imprudente amigo, ¡por Dios! ¿Qué no pudo buscarme en la escuela? Pero ya verá lo que le espera en cuanto lo tenga enfrente, le voy a decir… Refunfuñaba entre dientes al ir por las escaleras, abrochando mi camisa y fue entonces cuando la vi. Era hermosa.
Me impresionó muchísimo. Simplemente, no podía dejar de mirarla, me fijé en cada detalle de su persona sobre todo en esos intensos ojos dueños de una expresión dulce. Un largo cabello, castaño y ondulado enmarcaba su rostro.
En apariencia estaba calmado pero la realidad era otra. Mi interior, caótico, comenzó a despedazarme sin piedad mientras que un impulso irrefrenable me invadía. Era desconocido. Sólo sentí como si mi cuerpo estuviera cayendo en un abismo, incapaz de percibir nada, mucho menos escuchar lo que le ordenaba desesperadamente mi mente. Tenía claro que debía hablarle. Inútil. Ningún sonido salió de mi boca y me quedé ahí, inmóvil intentando disimular en lo posible que se me subían los colores al rostro.
En cuestión de segundos, un montón de pensamientos se agolparon en mi cabeza. Ella habló para romper el silencio, supongo que mi expresión no era del todo confiable. Me entregó mi cartera mirándome fijamente.

La encontré, quise dártela de inmediato por eso vine hasta aquí, pensé que estarías un tanto preocupado, yo perdí la mía una vez y fue un drama todo lo que hice para reponer mis credenciales.
Escuchaba. No pude hablar. Congelado por esa sensación de mariposas en el estómago que se acentuaba más y más sin cesar. ¿Qué hacía alguien así frente a mí en la sala de mi casa?, no podía creerlo. Me sentí terriblemente aturdido. Ella se veía apenada de repente, titubeó un poco y dijo.
-Bueno, eso era todo, no quiero molestarte más. En verdad siento el atrevimiento de presentarme aquí e invadir tu privacidad, es claro que no te gustó para nada, bueno adiós y perdón otra vez.
Se iba, se alejaba sin más, debía impedirlo o quizá me arrepentiría más adelante.
-No… no t…te vayas, por favor- me oí decir como si no fuera yo el que estuviera articulando palabra, estaba tan nervioso que tartamudeaba- t…te lo pido, ah…ehm… n…por favor, fue muy amable de tu parte. No debiste molestarte tanto.
Baje la mirada, supliqué que la tierra se abriera y me tragará. Seguro me veía tan patético.

Olvídalo, no es molestia. Bueno, un placer conocerte. Me llamo Mónica.
-Genial, ah… mucho gusto. Soy…
-Luca. Sí lo sé, tu cartera recuerdas…
Reímos y todo siguió su curso. Hablamos de todo un poco. Me dijo su edad. Ella era un año mayor que yo. Me contó que su madre había vivido aquí hasta que se casó y tuvieron que mudarse por el trabajo de su esposo. Que habían regresado porque su padre murió hace un par de años y su mamá quiso alejarse de todo lo que le recordará aquello, que las cosas habían mejorado mucho desde que habían llegado, además muchas más descripciones de la gente, el lugar y qué se yo.
Me limitaba a escucharla atentamente. Me sentía tan bien, hubiera dado lo que fuera porque se quedaría un poco más, pero no pudo. Sin darnos cuenta ya eran casi las siete. Su madre debía estar preocupada, porque tardó más de lo que había pensado.
Acordamos salir el sábado. Llegué por ella a las 4. Estaríamos juntos toda la tarde de nuevo. Paseamos, le mostré mis lugares favoritos y sin más ya le había contado cada detalle de mí. Era como si existiera un fuerte vínculo entre nosotros. Nunca había sentido nada parecido por ninguna mujer. A mis 17 años era un novato total en ese campo. Los más sutiles me llamarían tímido, la mayoría diría ignorante. Sí, había conocido chicas pero era otra cosa tratarlas de cerca y salir, nunca antes tuve el deseo de hacerlo como el que me invadió al conocerla.
Las horas pasaron volando, pronto ya estábamos de regreso frente a su puerta. Nos despedimos. Caminé unos pasos, alejándome con gran pesar, aunque acordamos en salir otra vez, los días que faltaban para volver a vernos parecían eternos, ojalá se desvanecieran de inmediato, pensé.
Di la vuelta. Me alejaba, ya había llegado al pórtico de la casa cuando escuché su voz. Al volver la vista, estaba justo detrás de mí. No sabía qué hacer. Era tan evidente que los nervios me estaban devorando. Respiré profundo. Tenía que tranquilizarme, me repetía una y mil veces. Después fue como estar en una película.
Intercambiamos miradas como cómplices. Tomando su mano con delicadeza me aproximé a escasos centímetros de su rostro. Ella sonrió y rompió la distancia mínima que nos separaba. Pude sentir el roce de sus labios que acariciaron los míos con ternura. Por mi parte recorrí nervioso los suyos mordiéndolos ligeramente, después con lentitud me alejé, sin dejar de verla, como si deseara inmortalizar ese instante. Sólo habían pasado unos segundos de aquello pero parecía una eternidad. Noté que el silencio entre nosotros era aplastante sólo interrumpido por los fuertes latidos de mi corazón.
Me limité a mirarla. ¿Qué debía pasar ahora? Era como si estuviera a punto de caer, como si una multitud chocara una y otra vez contra mí haciéndome perder la estabilidad de mi cuerpo. Se percató de mi reacción, entonces me estrechó. Era cálida, suave. No sólo compartí su abrazo sino también esa esencia tan suya que percibí desde el mismo instante en que nos conocimos. También la envolví en mis brazos, viéndola fijamente como en un intento de escudriñar sus pensamientos a través de esos ojos, la besé de nuevo. Sentí como la tranquilidad volvió a mí, acompañada de un sentimiento que no dejó espacio para nada más en mi alma.
Indudablemente ese minuto marcó un antes y un después en mi vida. No tengo palabras para detallar todo lo que provocó. Simplemente, ya no existía cabida para la razón. Sólo podía sentir una emoción, inmensa, indescriptible que se había apoderado de cada fibra de mi ser convirtiéndome en alguien más, totalmente vulnerable a sus deseos. Nada me importaba, sólo ella. Creí que podría haber permanecido así por siempre. Fue duro despertar a la realidad y apartarme, la despedida dolió mucho pero gracias al regalo de aquella tarde podría tolerar un poco más su ausencia.
Continuará...

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