Lo que planteas toca un punto muy real, la introspección no es un paseo tranquilo, sino un enfrentamiento con lo que más evitamos. Reconocer que no siempre somos la versión ideal que imaginamos de nosotros mismos es duro, pero también liberador. Esa sinceridad nos da la posibilidad de reconstruirnos desde la verdad y no desde la máscara. Me gusta cómo señalas que no se trata de que alguien nos rescate, sino de asumir nuestra responsabilidad. Ahí está el verdadero poder: en dejar de huir y atrevernos a mirarnos con honestidad.
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