Cristiano tiene que poner los pies en la tierra y entender que debió haberse retirado de la selección de Portugal antes de este torneo. Si el entrenador lo convocó, él pudo haber declinado la llamada; de lo contrario, haber aceptado con humildad un rol más secundario: aportar con su imagen, respaldar desde el banquillo y sumar minutos en partidos accesibles o ya resueltos. No puede pretender seguir siendo el gran protagonista ni gozar de privilegios.
Ahora bien, Jorge Jesus tampoco demostró mucho tacto ni respeto por Cristiano en sus acciones y declaraciones a la prensa. Si bien es insólito que un DT deba rendirle tributo a un jugador, tampoco se puede negar que quiso marcar territorio y demostrarle "quién manda", cayendo en un lamentable choque de egos. Es lo que han señalado otros técnicos de renombre, como Ferguson, que Jorge Jesus pecó de presuntuoso al ponerlo a calentar en vano durante un partido complicado y, posteriormente, sacar a relucir ese tipo de comentarios en público sobre una auténtica leyenda del fútbol portugués.
Ojalá Cristiano pueda despedirse de su selección con un homenaje a la altura de su trayectoria, porque de verdad se lo merece, pero el panorama actual no pinta nada bien.