El último ascenso.

in Top Family2 months ago


Hoy es jueves, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. Encontrarme con el recuerdo en tantas aristas del tiempo. Es que el tiempo es ese tejedor incansable de memorias y emociones… Mi mente se ha quedado anclada en pleno invierno de enero 2025, pues se acostumbra a decir que el final de una temporada de esquí no es solo una fecha en el calendario, sino un sentimiento, una mezcla de gratitud por las caídas superadas y una pizca de melancolía por el deshielo inminente. Aquí vamos de nuevo:


El último ascenso


Cierro los ojos y todavía puedo sentir el frío seco de Ontario golpeándome las mejillas. Estábamos en nuestro parque de esquí favorito, ese refugio de pinos cargados de nieve donde el invierno se siente eterno. La temperatura marcaba unos -12 grados Celsius, pero con una humedad tan baja que el aire, más que mojarte, te pinchaba la cara como con pequeñas agujas de cristal. Fue un día de un azul tan puro que hería la vista, el tipo de cielo que solo se ve cuando el frío ha limpiado cualquier rastro de neblina. Ese cielo azul intenso que se observa en un grandioso día de playa allá en Venezuela.


En la silla de adelante, balanceándose rítmicamente sobre el abismo blanco, iban ellos. Matthew, con su chaqueta roja encendida, parecía un punto de fuego sobre la nieve inmaculada. A su derecha, nuestro vecino Liam, envuelto en un azul eléctrico, compartía con él esa camaradería silenciosa que solo se forja a esa edad. Desde la silla de atrás, el papá de Liam y yo los observábamos con esa mezcla de orgullo y nerviosismo que nos define como padres. Saqué la cámara justo a tiempo, el sol de mediodía rebotaba en sus cascos y gafas, capturando más que sus figuras, sino la inmensidad del valle que se extendía a nuestros pies.

El ascenso era pausado. El único sonido era el zumbido metálico del cable de la silla y el crujir ocasional de alguna rama vencida por el peso de la nieve. Cada metro que subíamos, la vista se volvía más imponente; los árboles parecían esculturas de hielo bajo el sol brillante. Sabíamos que esta era la última subida. La última vez que nuestras botas se engancharían a las fijaciones antes de que el verde regresara a las colinas.

Al llegar a la cima, antes del descenso, cumplimos con nuestro ritual sagrado. Entramos en la pequeña cabaña de madera, donde el olor a pino y leña quemada nos envolvió. Nos sentamos frente al ventanal con cuatro tazas humeantes de chocolate-cocoa. Ese primer sorbo, dulce y espeso, devolviendo la sensibilidad a nuestros dedos congelados, sabía a victoria.

Luego vino lo mejor, aumentó nuestro nivel de adrenalina. El descenso no fue una coreografía de velocidad y libertad —más libertad que velocidad, je, je, je—. Deslizarse por la ladera, sintiendo el viento rugir en los oídos y la nieve pulverizada levantándose tras nuestras tablas, fue el cierre perfecto. Matthew y Liam bajaron como si tuvieran alas, dejando atrás una estela de risas que el viento de Ontario guardará hasta el próximo invierno.

Hoy comparo con ustedes esta foto con la clara sensación de que no es solo una imagen de dos chicos en un telesilla. Es el recuerdo de un invierno donde fuimos felices, desafiando al frío y abrazando la montaña una última vez. Inmortalizando el momento en HIVE.




Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.

ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.

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Portada de la iniciativa.


A ver si se animan, las amigas @cirangela y @faniaviera, y el amigo @theshot2414








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Guao que maravilloso momento y descrito al detalle sin duda alguna quedo colgado en tu memoria y en las foto.

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Update: @amigoponc, I paid out 0.033 HIVE and 0.000 HBD to reward 1 comments in this discussion thread.