Días de telediario (y Ucrania)

in #spanish9 months ago (edited)

Parece que nuestra ventana y lo que nos muestra al otro lado es siempre menos real que lo que la pantalla del televisor, el móvil, la tablet o el ordenador nos muestra. Vivimos días de telediario. Sin embargo, nuestro vecino de la puerta de al lado es más vecino nuestro que los de la serie de cualquier canal o plataforma por mucho que se nos avecine, interpretativamente hablando. Pero la invasión de Ucrania se nos ha vuelto tan real o casi como el incendio más cercano del coche de un vecino del barrio. A través de la pantalla nos parece estar oliendo el humo y oyendo el sonido de los cristales rotos bajo las pisadas de los aterrados habitantes de esos edificios indiscriminadamente bombardeados. El sonido de los cristales rotos bajo las pisadas es la definición de la palabra guerra que en la primera entrevista que le hice me regaló Arturo Pérez Reverte, cuando todavía tenía sólo un libro publicado, aquella bélica vomitona personal, literario puñetazo en el estómago de quien lo firma y quien lo lee, aquel diario de reportero de guerra titulado “Territorio Comanche”.

No dejo de leer a gente muy avezada en la Historia de Rusia y de su linde con el difícilmente devenido como continente europeo. La obsesión defensiva de aumentar fronteras para evitar incursiones enemigas por algún punto fronterizo de su inabarcable territorio, tan poco poblado, además, ha marcado siglos de historia rusa.
El asunto del territorio y cómo está poblado es muy relevante. China, siendo más pequeña que Rusia, tiene 1500 millones de habitantes; Rusia, tan enorme, sólo 150 millones, diez veces menos. La paradoja es que su secular historia bélica está plagada en parte por esa razón de invasiones preventivas de la propia Rusia de países o regiones adyacentes, una obsesión que ha condenado a su propia gente y a la gente que fue -y ahora lo está siendo en la actual Ucrania- invadida en cada una de esas decisiones bélicas. En todo caso, el pasado explica cosas, pero nada justifica la impávida y brutal decisión de Putin de masacrar Ucrania. Recordar en este momento aquella cancioncilla de la denominada “movida madrileña”, del grupo Polanski o el ardor, cuyo estribillo repetía una y otra vez la pregunta: “Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS”, resulta aterradora y paradójicamente ilustrativa…

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Pobre Ucrania...

El horror más o menos televisado al que estamos asistiendo en Europa (en Rusia todo lo que controla el todopoderoso gobierno de Putin está férreamente censurado) empieza a provocar reacciones de todo tipo. Unas son humanitariamente hermosas. Aquí, en Andalucía, tenemos ejemplos cotidianos. Ayer mismo, por decir uno de ellos, gente organizada y voluntaria del equipo de rugby de Málaga iba en autobuses a llevar ayuda a la frontera polaca con Ucrania. Pero hay otras reacciones poco alentadoras que forman parte de estos procesos que conllevan las guerras y sus terribles consecuencias en todos los ámbitos.

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Territorio Comanche, Pérez Reverte y su cámara Márquez... "El horror es un perro que te mira"

De entre esas reacciones preocupantes, unas lo son más que otras y algunas son moralmente criticables. Es el caso de ese comportamiento basado en empeñarse en parecer más afectado que quienes están huyendo de sus casas, abandonando a la fuerza sus vidas cotidianas para convertirse de la noche a la mañana en refugiados en otros países, e incluso de quienes ya han visto morir a familiares y amigos en la invasión. De entre todas esas reacciones negativas también empezamos a detectar cómo la cadena del odio censura la Cultura (vacuna siempre contra la intolerancia y el fanatismo violento), o cómo algunos empiezan a señalar al otro como enemigo sólo por su acento. Ésas no sólo son reacciones reprobables, también peligrosas y siempre hay que pararlas a tiempo. Por eso, creo que merece mucho la pena escuchar a Olga Levakova, la mujer rusa que habló en el pleno extraordinario del ayuntamiento de Málaga la semana pasada. Un pleno municipal que se desarrolló con la decisión de Putin de invadir sangrientamente Ucrania como telón de fondo, y con el museo ruso en Málaga en la diana en la que hincar el dardo del oportunismo político por parte de algunos.
Es urgente y es necesario escuchar a esta señora, son apenas tres minutos.
Su alocución comienza en el minuto 57 aproximadamente de la retransmisión del pleno cuyo enlace en Youtube os dejo aquí para quienes queráis reflexionar sobre su emocionante intervención: